Al comenzar la carta a los Romanos, San Pablo define su llamado a ser apóstol y su misión como apóstol, y, por supuesto, de todos los que han sido llamados a ser apóstoles:
"Por él hemos recibido la gracia del apostolado, para suscitar la obediencia de la fe entre todos los gentiles, para gloria de su nombre. Entre ellos os encontráis también vosotros, llamados de Jesucristo".
"Por él hemos recibido la gracia del apostolado". Es Jesús quien nos ha dado la gracia del apostolado, no es algo que nosotros nos hemos dado a nosotros mismos, por lo cual no podemos adueñarnos de lo que hemos recibido, porque lo hemos recibido para darlo, para hacer algo que nos ha pedido quien nos ha dado la misión: en este caso es Jesús quién nos ha llamado y nos ha dado una misión, una misión que lleva consigo una Gracia particular.
"Para suscitar la obediencia entre todos los gentiles", y aquí marca concretamente el centro de la misión del apóstol: sucitar la obedencia, por supuesto, que a Jesús, a la Palabra de Diios. No es la obediencia al apóstol sino a lo que el apóstol comunique de parte de Dios. El apóstol tiene y debe ser, también, obediente al Señor para poder transmitir fielmente Su Palabra, Su Mensaje, para que podamos alcanzar la salvación.
Y fijáos que finaliza haciendo una aclaración sobre los receptores de este mensaje, que no son sólo los que no creen, los gentiles, sino: "entre ellos (gentiles) os encontráis también vosotros, llamados de Jesucristo". La misión no es sólo hacer que los gentiles puedan llegar a obedecer a Jesucristo sino también los que han sido llamados por Jesús, tienen que seguir obedeciendo a Jesucristo.
Es que, a veces, nos sucede que nos cristianos no obedecemos a Jesucristo, no obedecemos a la Palabra de Dios, nos dedicamos a "cumplir" ciertos ritos litúrgicos y ciertas enseñanzas (a veces las que más nos gustan) pero no obedecemos radicalmente lo que Dios nos va pidiendo día a día.
Y ¿cómo hacemos para suscitar la obedeciendia entre los llamados por Jesucristo? Tenemos, primero, que volver a leer el Evangelio, no sólo lo que nos gusta y nos hace sentir bien, sino todo el Evangelio, para poder contextualizar todos los relatos y todas las exigencias que Jesús nos presenta en el Evangelio, por que todo lo que Él predica y sus exhortaciones son no sólo para los gentiles sino tamibén para nosotros, para que cada día podemos cotejar nuestra vida con Su Palabra y cuestionar nuestro obrar, y así encontrar el Camino constante de nuestra conversión.
Claro que para ello necesitamos creer que lo que leemos es Palabra de Dios, y que la Palabra de Dios es Palabra de Vida y es eterna y no es modificable por los hombres. Sabiendo que si ralmente creemos que es Palabra de Dios el Señor nos dará la Gracia Suficiente para poder llevar esa Palabra a nuestra vida, para vivirla, no sólo para anunciarla, sino que viviéndola ya la estamos anunciando.
Por eso San Pablo nos dice que "hemos recibido la gracia del apostolado", pues no sólo es una misión y una carga, sino que lleva implícita la Gracia Necesaria para poder vivirla y llevarla a cabo.
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