lunes, 2 de octubre de 2017

Niños para seguir confiando

En la liturgia de las horas de hoy hay un texto de San Bernardo que me ha gustado mucho como para empezar a compartir este día:
"A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres. Den gracias y digan entre los gentiles: «El Señor ha estado grande con ellos.» Señor, ¿qué es el hombre para que le des importancia, para que te ocupes de él? Porque te ocupas ciertamente de él, demuestras tu solicitud y tu interés para con él. Llegas hasta enviarle tu Hijo único, le infundes tu Espíritu, incluso le prometes la visión de tu rostro. Y, para que ninguno de los seres celestiales deje de tomar parte en esta solicitud por nosotros, envías a los espíritus bienaventurados para que nos sirvan y nos ayuden, los constituyes nuestros guardianes, mandas que sean nuestros ayos".
¿Por qué Dios quiere protegernos y cuidarnos tanto? ¿Tanto nos ama como para darnos tanto? ¿Cuánto valoramos el Amor que el Padre nos tiene?
Por eso hoy Jesús nos hace meditar, sí otra vez, en esto de la infancia espiritual. Los más pequeños son quienes, a pesar de que sus padres les llamen la atención o, alguna vez, les den algún pellizco por haberse portado mal, simepre tienen gestos de amor y cariño para con sus padres, pues su amor por ellos va más allá de lo que les pueda doler alguna situación. Quizás los más pequeños haya cosas o situaciones que no comprendan, pero sienten y experimentan alegría constante por sentirse amados, y, sobre todo, por amar, por demostrar el cariño y porque ese cariño que demuestran los hacen sentirse protegidos.
Porque cuando un niño se siente inseguro o en peligro siempre recurre a los brazos de sus padres, aún después de una penitencia o una llamada de atención. No hay otros brazos más seguros para un niño que los brazos de sus padres.
Y nuestro Padre no sólo tiende sus Brazos hacia nosotros para aocmpañarnos en el Caminar de la Vida, sino que nos dio a Su Hijo Único para que nos enseñara a caminar, para que nos fortaleciera con su Cuerpo, para que nos ilumine con su Palabra. Y, más aún, nos ha dado a los Ángeles Custodios para que, estando ellos en la presencia del Padre, puedan sugerirnos qué y cómo vivir según su Voluntad.
Sigue diciendo San Bernardo: "...aunque somos menores de edad y aunque nos queda por recorrer un camino tan largo y tan peligroso, nada debemos temer bajo la custodia de unos guardianes tan eximios. Ellos, los que nos guardan en nuestros caminos, no pueden ser vencidos ni engañados, y menos aún pueden engañarnos. Son fieles, son prudentes, son poderosos: ¿por qué espantarnos? Basta con que los sigamos, con que estemos unidos a ellos, y viviremos así a la sombra del Omnipotente".

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