viernes, 13 de octubre de 2017

La división comienza en los cimientos

"Él (Jesús), conociendo sus pensamientos, les dijo:
«Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra si mismo, ¿cómo se mantendrá su reino?..."
¿Cómo se divide un reino? o, mejor ¿por qué se divide un reino? ¿Por qué hay divisiones entre los pueblos, las comunidades, las familias, incluso dentro de uno mismo?
En el caso de evangelio vemos que Jesús hace referencia a lo que dicen sobre él: que expulsa los demonios con el poder de Belzebú. Por eso le dice que si expulsa a los demonios con el poder del demonio es que hay división dentro del reino del demonio, y eso no es posible, porque así iría a la ruina. Claro que el pensar de Jesús es muy claro y con una sabiduría infinita que no se tiene hoy en día en los que tienen el poder de un país, de una comunidad o de una ciudad, porque vemos, muchas veces, cómo se van pelenado unos con otros y así van dividiendo lo que ellos mismos creen que están construyendo.
Pero, también sabemos que las divisiones no comienzan en las cabezas, sino que comienzan en las bases, así como también pueden comenzar las grandes construcciones desde los cimientos, que son lo más importante. Por eso tenemos que pensar cómo están los cimientos de nuestras vidas, de nuestras familias, de nuestras comunidades para saber hacia dónde vamos y cómo vamos.
Tomando esa frase de Jesús de la lucha dentro del mismo reino, podemos hacer una comparación con la famosa frase de San Pablo: "hay una lucha en mi interior, mi espíritu contra mi carne y mi carne contra mi espíritu", porque no siempre nuestra carne quiere lo que la Voluntad de Dios me dice, y por eso hay una constante lucha interna, un desafío que día a día tengo que vivir y al que tengo que enfrentarme si realmente quiero ser Fiel a Dios.
Y esto es fundamental: la fidelidad a Dios, porque si sólo quiero ser un cristiano de nombre y no de vida, entonces no habrá ninguna lucha interna, ni habrá nada que se le parezca, pues viviré según lo que me dicten mis instintos y ¡sanseacabó! Que es como vivimos la mayoría de los días: no haciendo caso a la Voluntad de Dios.
Así, cuando pensemos y veamos que hay divisiones en una familia, en una comunidad, o en una nación no pensemmos solamente que las cabezas están divididas sino que miremos cómo están los cimientos, pues los cimientos son importanes, pues cuando ponemos la culpa fuera de nosotros entonces vamos por mal camino, somos nosotros mismos quienes tenemos que aceptar el desafío de comenzar a cimentar nuestra vida en lo esencial de lo que somos, en buscar una verdadera coherencia entre lo que decimos ser y lo que estamos siendo, lo que estamos viviendo.

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