"Y añadió (Jesús):
«En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán y el sirio».
Muchas veces hemos hablado de este prejuicio sobre las personas, sobre los que nos quieren indicar un camino diferente al que estamos llevando. Porque los prejuicios vienen o asoman a nuestra cabeza cuando no queremos escuchar lo que nos dicen, porque cuando nos interesa lo que nos están diciendo se disipan todas las dudas acerca del interlocutor y aceptando todo y cuando nos dicen con puntos y comas.
Y nos nos ocurre esto con los grandes profetas, sino con los profetas de todos los días comenzando por nuestros padres, que son los primeros y más importanes profetas en nuestras vidas, pues es su voz la que primero escuchamos al nacer, es su voz la que primero nos va indicando el camino. Pero también es su voz cuando en la edad de la adolescencia comenzmos a reprobar, a "descartar", a intentar callar pues los consejos, sugerencias y, sobre todo, limitaciones que dan no quieren ser escuchadas por mí.
Se podría decir y "¡qué le vamos a hacer! hemos nacido así". No. Aunque hayamos nacido así siempre hay tiempo para cambiar, para modificar conductas, para aprender a escuchar a quien no me gusta, para aprender a aceptar lo que va en contra de mis planes, de mis gustos, de lo que no debo hacer. Por que si fuera así no podríamos decirle ¡Sí! al Señor para seguirlo, pues es Él quien nos pide un cambio de mentalidad, quien nos sugiere comenzar a recorrer el Camino de la negación para seguirlo.
Fue por esa misma razón por la que los sumos sacerdotes, los fariseos, los doctores de la ley comenzaron a tramar contra Jesús: no querían escuchar lo que les decía, pues era verdad lo que escuchaban, sabían que tenían que cambiar de mentalidad, sabían que lo que les estaba diciendo era lo que tenían que escuchar pero no querían escucharlo, no querían buscar la Verdad.
Y así vamos perdiendo la capacidad de convertirnos, de encontrarnos con la Verdad, de encontrar el Camino de la Vida en plenitud, pues siempre damos por perdida la batalla antes de comenzarla, pues no le reconocemos autoridad a quien la debe tener en nuestras vidas, pues siempre encontramos una excusa, una razón, un argumento para descalificar la voz del profeta que Dios ha puesto en nuestra vida.
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