lunes, 11 de septiembre de 2017

La lucha constante para ser Fieles

"Quiero que sepáis el duro combate que sostengo por vosotros y por los de Laodicea, y por todos los que no me conocen personalmente; para que se llenen de ánimo sus corazones y, estrechamente unidos en el amor mutuo, alcancen en toda su riqueza la plena inteligencia y el perfecto conocimiento del misterio de Dios, que es Cristo".
El domingo, por medio del Profeta Ezequiel, el Señor nos hacía pensar en la misión del profeta, de la misión que cada uno tiene, desde el bautismo, de anunciar y acompañar a sus hermanos en el Camino hacia la Salvación. Hoy, San Pablo, le escribe a los colosenses y hace una hermosa referencia a su propia misión como apóstol de Cristo, una misión que no es sencilla, sino que le implica un gran sufrimiento que, sin mérito alguno, lo une a la Cruz de Cristo para la salvación de todos.
En estos tiempos que vivimos no son pocos los que sufren lo mismo para mantenerse firmes en el seguir a Cristo, pero más aún, para predicar a Cristo. El duro combate contra el mundo que vivimos exige mucha fortalece para el apóstol, para quien quiere ser cristiano con todas las letras. Por que, por supuesto, que ser apóstol es para todos los que pertenecemos a nuestra Iglesia, pues no sólo es apostólica por estar cimentada sobre los Apóstoles, sino porque su misión es una misión apostólica y todos los que pertenecemos a ella hemos sido llamados por Jesús para anunciar Su Palabra, Su Buena Noticia.
Por eso, en este breve párrafo que he copiado de San Pablo, él nos cuenta lo que está viviendo: "el duro combate que sostengo por vosotros", pues a él mismo le cuesta la lucha entre el Espíritu y la carne, para mantenerse fiel a Cristo, a Su Palabra; le cuesta el ser modelo de vida pero acepta gustoso el sufrimiento por Cristo y su Iglesia.
Y ¿para qué acepta el sufriiento? ¿Por qué quiere ser modelo de vida si basta con la predicación? Para "que alcancen en toda su riqueza la plena inteligencia y el perfecto conocimiento del misterio de Dios, que es Cristo". A Él tenemos que alcanzar, alcanzar a conocerlo plenamente en todo su misterio y por eso, necesitamos vivir esa lucha constante entre el espíritu y la carne, entre Dios y el mundo, para poder gozar de su Luz, de su Verdad, de su Vida. Si dejamos que gane la batalla la oscuridad y las tinieblas del mundo, nada de lo que decimos o predicamos tendrá sentido para los demás, porque nuestra vida como profetas, como apóstoles, como cristianos tiene sentido si vivimos en Cristo, por Cristo y para Cristo. Y ahí está el duro combate de nuestra vida, reconocer que aún no hemos alcanzado el deseo pleno de ser total pertenencia del Señor, y por eso nuestra lucha contra el mundo no es tal.

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