Les dice Jesús a los apóstoles:
«A vosotros se os ha otorgado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los demás, en parábolas,” para que viendo no vean y oyendo no entiendan”.
Y San Pablo le dice a Timoteo:
"...te ordeno que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo".
Dos exhortaciones sumamente importanes en nuestras vidas y en estos tiempos. Por un lado la parábola del sembrador, que tantas veces hemos escuchado y que parece que la sabemos de memoria, nos da a conocer una situación: Jesús no es que no quiere que comprendamos, sino que viviendo podamos dar razones de lo que creemos, para que seamos nosotros, quienes hemos recibido su Espíritu quienes continuemos la transmisión del "misterio de la fe", de los "misterios del reino de Dios". Y por lo tanto no se nos revelará más que lo que necesitamos para seguir siendo Fieles.
Y al escribir esto pienso en esos padres que a los niños de 3 o 6 años les dan largas charlas para hacerles entender cosas que no pueden llegar a comprender. No porque no quieran entenderlas, sino porque no tienen la capacidad racional para asimilar conceptos que son de personas adultas. Y a nosotros nos sucede lo mismo con los "misterios del reino de Dios", porque no tenemos la capacidad de comprender tanto misterio, ahora no. Por eso dice san Pablo que llegará el momento en que viéndolo cara a cara comprendamos, pero mientras tanto vemos como en un espejo (los de aquella época que eran poco claros, como si estuvieran empañados)
Por eso es necesaria la recomendación de Pablo a Timoteo: "gaurdar el mandamiento sin mancha ni reproche". Hoy, en estos tiempos que vivimos, no son pocos los que quieren modificar las leyes de Dios, los que quieren cambiar el Evangelio o porque no quieren vivirlo, o porque sus exigencias o por que se las dan de entendidos y no es que no sean inteligentes, sino que la Palabra de Dios es eterna, no es modificables.
Ayer le decía Pablo a Timoteo:
"Si alguien enseña otra cosa y no se atiene a los preceptos saludables de nuestro Señor Jesucristo, ni a la doctrina que es conforme a la piedad, es un ignorante y un orgulloso, ávido de discusiones y de vanas polémicas. De allí nacen la envidia, la discordia, los insultos, las sospechas malignas y los conflictos interminables, propios de hombres mentalmente corrompidos y apartados de la verdad, que pretenden hacer de la piedad una fuente de ganancias".
Quienes decimos que creemos hemos de creer que es Palabra de Dios, sino no podríamos entender el hecho de aceptar algo que hoy es sí y mañana no, o que pueda ser modificado según el estado de ánimo de cualquiera. La Iglesia eligió el camino de conservarla y guardarla porque, para el creyente, es Palabra de Vida y por eso mismo la hemos de buscar, leer, escuchar, relfexionar, y proclamar sin querer modificarla según los tiempos que corren.
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