miércoles, 20 de septiembre de 2017

Las baratijas del mundo o el tesoro de la FE?

Le dice Pablo a Timoteo:
"En verdad es grande el misterio de la piedad, el cual fue manifestado en la carne, justificado en el Espíritu, mostrado a los ángeles, proclamado en las naciones, creído en el mundo, recibido en la gloria".
Un profesor mío una vez nos decía (y creo que esto ya lo he dicho otras veces, pero sirve igual):
"si creyéramos todo lo que decimos creer no tendríamos necesidad de creer en otras cosas".
¿A qué viene esto? A que si cada día recordamos y analizamos lo que decimos en el Credo y lo que leemos en la Palabra, no tendríamos necesidad de andar por otros dioses y por otros lados buscando consuelo y milagros, nos bastaría con creer y vivir lo que creemos pues "en verdad es grande el misterior de la piedad..."
Dios (es lo que creemos) nos ha revelado tantos misterios y nos ha regalado tanta vida que no nos alcanza la vida misma para poder disfrutar de todo lo recibido. Pero, como le decía Jesús a su generación: somos una generación de insatisfechos, no nos basta o no nos alcana lo que tenemos nunca pues si tenemos esto queremos aquello, y si tenemos aquello queremos esto.
Lo tenemos a Dios de quien decimos que es el Padre todopoderoso creador de Cielos y Tierra y nos buscamos pequeños dioses de arcilla, madera o de carne y hueso que nos dan una felicidad aparente y luego se desintegran y nos vamos tras ellos.
Decimos creer en Jesucristo, Señor de Cielos y Tierra, quien murió por nuestros pecados y nos dio la Vida Divina, nos alimenta con su Palabra y con su Pan de Vida, y vamos detrás de otras palabras "más buenas y sentimentales" que nos hablan de seguir engordando nuestro Yo, y nos alimentamos de la vida del mundo que no nos da nada, y dejamos Su Palabra y Su Vida de lado sobre el altar, porque no tenemos tiempo para perder con esas cosas.
Creemos en el Espiritu Santo pero nos dejamos guiar por los ideales del mundo que hoy dicen blanco y mañana negro, y vamos cambiando de color y de fe como de ropa en el verano y el invierno.
Pues sí, no hemos tomado conciencia de lo grande que es el mistrio de nuestra fe, de lo grande que es el Tesoro que se nos ha regalado, por eso vamos detrás de baratijas que brillan un día y se rompen al otro.

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