sábado, 19 de agosto de 2017

Es nuestra decisión seguirle

"Josué insistió:
«Vosotros sois testigos contra vosotros mismos de que habéis elegido al Señor para servirle» Respondieron:
«¡Testigos somos!».
Josué contestó:
« Entonces, quitad de en medio los dioses extranjeros que conserváis, e inclinad vuestro corazón hacia el Señor, Dios de Israel».
El pueblo respondió:
«¡Al Señor, nuestro Dios serviremos y obedeceremos su voz».
Es nuestra elección personal seguir al Señor o a otros dioses. Es una elección libre y voluntaria que hacemos, aunque hayamos recibido el don del Espíritu sin haberlo pedido, porque cuando comenzamos a tener uso de razón comenzamos a optar por cómo queremos vivir. Ahí comienza a nacer nuestra opción por la Fidelidad a la Vida recibida en el bautismo o nuestro rechazo a esa vida de fe.
Josué luego de hacerles recordar todo lo que Dios fue haciendo con el Pueblo a lo largo de los años, y no sólo los buenos momentos sino los malos en los que Dios los soltó de Su Mano, les hizo la pregunta final acerca de a quién querían seguir.
Cuando Jesús nos invita a seguirlo también nos muestra las exigencia de su Camino y lo que implica el intentar seguirlo:
"quien quiera venir detrás de mí niéguese a sí mismo, cargue su cruz de cada día y sígame". Esa fue su primera "alerta" para los que quisieran seguir sus pasos, para quienes quisieran ser sus discípulos. Y a medida que pasaba el tiempo fue dando otras "pistas" de cómo vivir ese nuevo Camino, esa nueva Vida que Él comenzaba a vivir.
En el evangelio de hoy nos da otra pista de cómo vivir:
"Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos".
El espíritu de niños o la infancia espiritual que no es lo mismo que el infantilismo en la forma de vivir, o en otras palabras: el hacerse el tonto. No. Mons. Castagna nos decía una vez: "hay que ser muy fuertes para ser como niños", porque para ser como niños lo primero que tenemos que conquistar es la fortaleza para la negación de nosotros mismos, pues cuando nos hacemos adultos es muy difícil renunciar a nuestros criterios para poder optar y dejar que Otro me diga lo que tengo que hacer o cómo tengo que hacerlo.
Los Consejos Evangélicos y los Mandamientos son para nosotros, adultos, muchas veces, una opresión a nuestra libertad; los vemos como que no nos dejan ser realmente lo que queremos ser, y así nos ponemos a discutir constantemente con nuestro Padre Dios porque nos coharta la liberad de ser.
Y es ahí, en ese momento donde tengo que recordar cuál es la opción que hice, como la del Pueblo de Israel de que Él y sólo Él sea el Señor de mi vida, reconocer el Señorío del Señor en mi vida significa que sólo Él conoce mejor cómo yo puedo caminar y qué camino recorrer. Por eso, cuando lo conocí y conocí cuál era el Camino que Él me presentaba para mi vida dije ¡Sí! quiero seguirte y Tú serás el Señor de mi vida.
Y así, día tras día, tendré que ir renovando mi decisión de Fidelidad. Día tras día tendré que ir reconociendo y recordando a qué Dios consagré mi vida, y quién comenzó un día a ser, por mi libre decisión, el Señor de mi vida. Ese día volveré a sentirme niño en sus Manos porque sólo Él me conoce desde las entrañas maternas, y sólo Él sabe cuál es el mejor camino que yo puedo recorrer, y si, con la fuerza del Espiritu, logro crecer como Niño nunca me soltará de Sus Manos y me llevará hasta el final del Camino.

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