Siempre vemos el martirio como la entrega total de la vida en nombre de Cristo, pero en una muerte cruenta generada por los enemigos de la fe. Y esa es una de las razones o uno de los martirios que más tenemos en cuenta, como el que celebramos hoy: el martirio de San Juan Bautista. Pero eso es el de mayor Gracia o el de mayor testimonio, pero hay otro martirio que es el que nos prepara para el día en que Dios, si es su Voluntad, nos pidiese dar testimonio de nuestra fe ante los enemigos de la Fe: el martirio de la muerte diaria al YO.
Sí, la famosa frase de Jesús: quien quiera venir detrás de mí niéguese a sí mismo. Ahí, para mi, comenzamos a vivir el martirio de la vida diaria, pues la muerte al YO está unida al testimonio que damos antes un deseo que va contra la Voluntad de Dios. La muerte diaria a uno mismo: a mis gustos, a los deseos mundanos, a lo que los demás opinen de mí, a lo que demás quieran que haga que está fuera de la Voluntad de Dios, a mis comodidades, a mi pereza, a mi vanidad, a mi egoísmo, a mi falta de comprensión, a mis rencores, a mis deseos de venganza, y ¡cuánto más puedo decir!?
Esa muerte diaria es un martirio constante porque he de mirar y analizar cada pensamiento, cada acto que voy haciendo o cada palabra que quiero decir, porque, cada día, tengo que asemejarme más a Cristo Jesús. Y, como dice San Pablo: "hay una lucha constante entre mi espíritu y mi carne, entre mi carne y mi espíritu", es el combate entre el YO y la Voluntad de Dios que genera todo un dolor constante.
Pero ese dolor constante de la lucha diaria por alcanzar la santidad, no va fortaleciendo y nos permite gozar de la más hermosa paz que el alma del hombre desea: la paz de estar en armonía con nuestro Padre Celestial, la paz de saber que vamos por el Camino que nos lleva a la Vida, y que, cada día, nos da más Vida, pues "ya no soy yo quien vive en mí, sino que es Cristo quien vive en mí", dice San Pablo.
Esa seguridad que nos da la confianza en su Amor y su Providencia es la que nos fortalece para la lucha diaria, la que nos fortalece y da esperanza de que a pesar de nosotros mismos es Él quien nos ayuda a superar la lucha y a no perder el Don de la FE.
Porque los grandes santos y los mártires pudieron ser Fieles a la Vida hasta la muerte porque cada día se fueron probando en el martirio diario, cada día fueron renunciando a su propio YO y aceptando la Voluntad de Dios que le otorgaba Gracia sobre Gracia para que el día de la prueba no sean perdedores sino ganadores de la Vida, pues no dudaron en perder la vida diaria sino que prefirieron ganar la Vida de Dios.
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