miércoles, 23 de agosto de 2017

El llamado a trabajar en la Viña del Señor

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña".
Hoy más que nunca me ha sonado mucho este pasaje en el corazón. ¿Por qué? Porque hoy hace 25 años que fui ordenado Diácono, un paso importante en la vida sacerdotal, pues ya comienzas a ver reflejado aquél llamado que el Señor había hecho hace unos años para comenzar a trabajar en su Viña. Un llamado del que Él se encargó de que diera, para mi vida, muchos frutos, aunque aún queda mucho por andar y por crecer.
Cuando el Señor viene y te llama no dudes en darle un ¡SÍ! pronto y seguro, pues Él nunca te traicionará, nunca te dejará tirado sin darte lo que necesitas, aunque, muchas veces, pareciera que no está a tu lado, pero siempre está cuando te dejas encontrar por Él.
El llamado del Señor a trabajar en su Viña para muchos es un trabajo que da miedo, que no es posible, que pareciera que uno no es digno de llevarlo a cabo, que te priva de muchas cosas, que no te da plenitud y ¡tantas otras excusas que se ponen para no ir a trabajar a la Viña! Y no es así. Como todo llamado del Señor ya desde el principio implica no un renuncia sino una aceptación a seguirlo, pues la renuncia con su Gracia es aceptación de un estilo de Vida para el que Él te da todo lo necesario para poder llevarlo a cabo. Cuando Él te contrata para el trabajo en su Viña te da todas las herramientas para hacerlo, sólo basta que tú dispongas el corazón para llevarlo a cabo con las herramientas que Él te da.
Cuando queremos hacer el trabajo con nuestras propias herramientas o con nuestros propios proyectos sin tener en cuenta lo que el Dueño de la Viña desea, entonces es cuando todo sale mal o no tan bien cómo pretendía el Dueño de la Viña. Además uno siempre termina más cansado de lo normal pues cuando nos lanzamos a hacer nuestros propios planes, o a proyectar nuestro egoismo en el trabajo en la Viña del Señor, terminamos la faena agotados y sin buenos resultados, o resultados que se esfuman como flor de un día.
Por eso, cuando el Señor llama a tu corazón y te pide ir a trabajar a su Viña no tengas en cuenta lo que eres o lo que tienes, o lo que buscas o deseas, sino ten en cuenta cuál es el deseo del Dueño de la Viña, porque su deseo superará todas tus expectativas, todos tus sueños y, sobre todo, te dará en abundancia más de lo que anhelas.

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