"En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
«En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre».
Los judíos le dijeron:
«Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre”? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?».
Si pensamos bien esta frase del Evangelio, y nos ponemos en la piel de aquellos que escuchaban a Jesús, creemos que tienen razón en pensar que estaba endemoniado, porque esas palabras que les dirige no podían ser entendidas por ellos. Nos hicieron falta muchos Dones del Espíritu para llegar a entenderlas y mucha reflexión para poder creerlas.
Incluso hoy día para muchos son palabras que no se comprenden y, sobre todo, son situaciones que se van repitiendo a lo largo de la historia, pues cuando no comprendemos o no queremos entender a alguien enseguida lo marcamos como un demonio en nuestras vidas y para la sociedad, dándonos así el "poder" de poder destruir aquello que no llegamos a comprender o que creemos que nos quita la libertad o que quiere destruir lo que tanto nos ha costado.
"Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy».
Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo".
Y Jesús seguía intentando que comprendiera, pero no sólo no comprendían el trasfondo de su Palabra y de su Verdad, sino que tampoco querían entender, porque desde el principio se habían cerrado a la Verdad, a una Verdad que cuestionaba su forma de vivir, de pensar, de actuar; por eso tener que creer que Él era Dios no era algo que tenía lugar ni en sus corazones ni en su mente, pues aceptar su autoridad era aceptar que debían cambiar, que debían convertirse, que lo que Él decía era un Camino para comenzar a vivir.
Hoy son muchos los que quieren apedrear a quien dice algo que no se quiere aceptar, que no se quiere ver, que cuestiona mi vida y mi manera de actuar. Preferimos tirar piedras a la Verdad que aceptar un error, preferimos matar al Espíritu antes que convertir el corazón.
Si guardamos las piedras y abrimos el corazón podremos comprender que el mejor Camino es es de la conversión, para alcanzar la Paz y construir la verdadera Fraternidad.
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