miércoles, 12 de abril de 2017

De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno

"En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:
– «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»
Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo".
¿Comenzó todo con una traición de Judas? Quizás sí, aunque ya estaba planeado de ante mano, sólo hacía falta un algo para comenzar a concretar el plan y se sirvieron de alguien que creía saberlo todo.
La intención de Judas no era la de condenar a Jesús a muerte, como era la intención de los sumos sacerdotes, pero su "buena intención" fue usada por otros que no la tenían, y él no se dio cuenta de que lo estaban utilizando para el mal. Por eso cuando, después del arresto de Jesús se dio cuenta qué era lo que querían hacer con Jesús, Judas devolvió el dinero que le habían pagado y al no poder deshacer lo que ya había hecho decidió quitarse la vida.
Este hecho nos habla que realmente su intención no era esa, sino otra, pero lo que sí sabemos qué las buenas intenciones no bastan para hacer bien las cosas, sino que, en nuestra vida las buenas intenciones las tenemos que cotejar con la Voluntad de Dios, y, sobre todo, con quien compartimos nuestras "buenas intenciones".
Alguien decía alguna vez: "de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno". Y muchas veces nos quedamos con ese verso: "es que yo no tenía intención de hacer eso", "es que no fue mi intención", etc., pero siempre, por alguna "buena intención" alguien sale dañado o perjudicado.
Por eso no bastan las buenas intenciones, ni los razonamientos lógicos, ni la lógica humana. Debemos aprender a mirar, a pensar, a reflexionar y, sobre todo, a mirar la realidad desde la Voluntad de Dios, desde los elementos que el Señor nos da para que podamos no sólo hacer bien las cosas, sino hacer las cosas que sean útiles para mi salvación y la salvación de los hombres.
Así, un principio fundamental a la hora de cotejar nuestras intenciones, es aquél tan famoso de San Agustín: "Ama y haz lo que quieras, pero primero ama".
La buena intención que tengo está cargada de amor a mi prójimo?

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