¿Qué es ser profeta? ¿Quién es profeta?
Profeta es aquél que elegido por Dios escucha Su Palabra y transmite a sus hermanos el mensaje de Salvación. Por eso no hay un listado de requisitos para ser profeta del Señor pues hay un sólo requisito: disposición de corazón para escuchar y obedecer, pues la fortaleza para anunciar viene de Dios.
En nuestro caso, los que hemos recibido el Don de la Fe por el Bautismo, hemos sido todos elegidos y llamados y ungidos para ser profetas. Por que luego de recibir el agua bautismal fuimos ungidos "sacerdotes, profetas y reyes" a imagen de Jesús.
Así que, en nuestro caso, todos hemos sido elegidos, llamados y ungidos. Ahora nos falta el último requisito: disposición de corazón para escuchar y obedecer. Escuchar no es tan difícil, es fácil poner el oído y el corazón para escuchar la Palabra de Dios, pues la Palabra resulta, muchas veces, necesaria y alentadora para nuestra vida y, aunque, suene algunos días difícil o complicada también la aceptamos.
Ahora bien, obedecer ya no es tarea fácil, ponernos a disposición de la Palabra del Señor no resulta algo muy sencillo en los días que vivimos. No sólo obedecer en el ámbito personal de nuestra conversión y aceptación de Su Voluntad, si no obedecer como profeta, pues el profeta tiene que anunciar lo que el Señor le dice. Y eso lo que nos pesa pues no siempre creemos que somos "los indicados" para anunciar las cosas de Dios.
Otras veces nos da miedo o vergüenza hablar de Dios a nuestra gente, a nuestra familia, a nuestros amigos. Invitarlos a rezar, a unirse a mi oración, ir conmigo a misa, reflexionar la Palabra. No son invitaciones que solemos hacer. Y esas son las actividades de un profeta, las que tenemos que hacer en todo momento. Pues si no podemos hacer esas invitaciones que son sencillas, ¡cuánto menos podremos exhortar a la conversión cuando nos lo indique el Señor!
Mirad el evangelio a Jesús se lo aceptaba (algunos más, otros menos) mientras hablaba del Reino de los Cielos, de la Misericordia del Padre, y de cosas lindas. Pero cuando Jesús tenía que exhortar a la conversión, decirles a los doctores de la ley, a los ancianos y a los escribas que no vivían como decían, o que no entrarían en el Reino de los Cielos ¡en ese momento lo querían matar!
Sí, porque a todos nos gusta que nos digan cosas lindas y amables, pero cuando alguien nos llama la atención por alguna conducta que no es la correcta en ese momento esa hermosa persona pasa a ser el mismo demonio que hay que desterrar de nuestra vida. Por eso ningún profeta es bien recibido, no sólo en su familia, sino en ningún lado, porque no nos gusta que nos digan lo que no queremos escuchar. Sí que podamos decirlo nosotros a los otros pero no los otros a mí.
Y así el profeta tiene que tener siempre la fortaleza de Dios para saber decir, para anunciar, para exhortar, pero, en nuestro caso, también para saber escuchar, recibir y convertirnos.
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