miércoles, 24 de febrero de 2016

Prestar atención a la Voz de Dios

Una de las más comunes de las tentaciones del hombres (varón y mujer) es el querer tener poder, no importa sobre qué, lo importante es tener poder ya sea directo o indirecto, por eso la madre de los Zebedeos le pide a Jesús que sus hijos estén a su derecha y a su izquierda cuando esté en su reino.
Pero además de esto mucha veces tenemos en la cabeza otras cosas cuando alguien nos está hablando, o se nos ha metido algo que no nos deja prestar suficiente atención a lo que nos están diciendo. Jesús les estaba hablando de su Pasión y Muerte y ellos pensando en el lugar que iban a ocupar en el Reino de Jesús. Así nos damos cuenta que ni lo escuchaban y tampoco habían comprendido el sentido del Reino de Dios.
También ahora nos pasa que no siempre entendemos lo que Dios nos dice porque no es lo que queremos escuchar, o porque estamos pensando en tantas cosas que no le damos importancia a lo que nos está diciendo. Y Dios nos habla en todo momento, a cada instante. Pero lo extraño es que siempre le pedimos que nos hable, que nos diga, que nos muestre una señal pero nunca le prestamos atención, porque estamos metidos en nuestras cosas y somos nosotros mismos los que planeamos lo que queremos.
Y, vuelvo a lo mismo: "quien quiera venir detrás de Mí, niéguese a sí mismo". Vemos en este evangelio que ni los apóstoles, ni la madre de los apóstoles, había comprendido las palabras de Jesús, quizás no la habían escuchado, puede ser, pero no creo que Jesús no lo haya repetido varias veces, porque ahí radica principio de su llamado.
Pero no te preocupes, Dios sabe que en tí y en mí existe esa tentación continuamente, por eso Él sigue insistiendo en lo mismo y nos va a seguir hablando. Además siempre pone en nuestro camino momentos de reconciliación, momentos para la humildad y el sacrificio, humildad para reconocer que no hemos aceptado su Voluntad, sacrificios para poder dominar a nuestro malos deseos y tentaciones, debilitando nuestra carne y fortaleciendo nuestro espíritu.
Porque los sacrificios que se nos pide hacer en esta Cuaresma son con ese fin: "llevar a esclavitud del espíritu a nuestra carne", para que no hagamos lo que no debemos, sino que hagamos lo que Dios nos pide.

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