sábado, 6 de febrero de 2016

El descanso renueva la sabiduría

Hay dos cosas que me parecen importante en las lecturas de este sábado: por un lado la petición de Salomón al Señor, una petición que acompañada por un reconocimiento de su lugar en el mundo y en la historia, y que dónde procede ese don de ser Rey, y para ello un reconocimiento de su propia debilidad como hombre, como Rey, una debilidad solo humana para lo cual necesitaba un Don sobrenatural: la sabiduría, pues no consideraba nada más importante para el lugar que estaba ocupando que la sabiduría para poder guiar a su pueblo.
Por otro lado la actitud de Jesús con los apóstoles pues no sólo veía la necesidad de la gente, sino las propias necesidades, y, en estos tiempos, una necesidad que no todos reconocemos: el descanso del cuerpo y, por lo tanto, del alma.
Creo por eso que no se puede conseguir la suficiente sabiduría sin una constante relación con Dios, pero tampoco sin una sana conducta de trabajo y ocio en nuestras vidas. La oración y el silencio nos ayudan al ocio y al descanso, pero no son suficientes para nuestra vida. Jesús tenía un profunda vida de oración, pero así mismo necesitó reconocer que el descanso era algo que necesitaba.
Hoy vivimos en una cultura en la que pareciera que sólo necesitamos riquezas materiales, y por eso no nos alcanzan las horas del día para ir consiguiendo las riquezas que anhelamos. Que, si las vemos con detenimiento no pretendemos ser grandes magnates o supermillonarios, pero nunca nos son suficientes para cubrir las "nuevas necesidades" que nos presenta el mundo de hoy. Siempre hay algo nuevo que "necesitamos" tener para estar bien o para "guardar" para nuestros herederos.
Generalmente no nos ponemos locos sin razón a trabajar, siempre tenemos razones para hacer lo que hacemos, pero ¿todo lo que "necesitamos" es necesario tenerlo? Por eso necesitamos hacer un descanso en la vida, un descanso en el día. Un descanso que no es la oración de la mañana, sino un descanso al finalizar el día que me invite a reflexionar sobre lo que he realizado, sobre las horas trabajadas, vividas, sufridas... sobre lo que he vivido para saber si todo lo que hice lo tendría que haber hecho, o simplemente como ya lo había pensado lo hice.
La sabiduría que busco a la mañana en la oración, en la relación con el Padre y la ayuda del Espíritu me ayudan a discernir lo que debo hacer en el día, me ayudan a ver cuál es Su Voluntad. Y así poder al final del día poner en Sus Manos lo vivido y con la ayuda de Su Luz ver si realmente he sido fiel a lo que tenía que vivir, o simplemente he actuado según mi Voluntad.

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