martes, 23 de febrero de 2016

Déspotas de la fe

En éste evangelio Jesús hace una exhortación muy concreta a los discípulos, es decir, a todos nosotros. Una exhortación que parte de la visión de una jerarquía religiosa que se había desviado de lo que tenía que vivir. Claro que podemos, por este evangelio, centrar nuestra mirada sólo en los curas y los obispos, que son, hoy por hoy, nuestra jerarquía religiosa y comenzar a tirar dardos envenenados contra ellos (yo incluido) Y eso sería un error y no porque no tengamos nuestros defectos y pecados (que los tenemos en gran proporción)
¿Por qué sería un error? Porque Jesús tomando como ejemplo esa realidad se dirige a sus discípulos, a aquellas personas que comenzaron a seguirlo, es decir a todos. Por que, lamentablemente como consecuencia del pecado original, todos hemos quedado tocados por el deseo de estar siempre por encima de alguien, el apetito de mando. Más que mal, a todos, nos gusta mandar, criticar, juzgar y condenar: "mirar la paja en el ojo ajeno".
Generalmente nos creemos los que más sabemos de todo y por eso damos "cátedra" de cosas, damos consejos de todo, y sobre todo, cuando se nos escapa la lengua, comenzamos a repartir a diestra y siniestra.
Entonces ¿de qué tenemos que tener cuidado? De no caer en la tentación de creernos más que los demás, todos somos iguales, todos somos hermanos. Claro que todos, también, muchas veces, tenemos un lugar de responsabilidad diferente: ser padre o madre, ser docente o profesor, ser administrador de una comunidad y tantos otros cargos que son de responsabilidad y de servicio.
Y ahí está el tema: responsabilidad y servicio o servicio y responsabilidad. Si me han dado un cargo para realizar tal o cual función, tengo que hacerlo pues alguien ha creído que para ello soy idóneo, pero no tengo que hacerlo o vivirlo como quién es el mejor de todos, sino que desde el servicio a los demás, teniendo en cuenta que así como a mí me han puesto en este lugar, también tengo que ayudar a los demás, estar a su lado para brindarles mis dones y acompañarlos en su crecimiento.
Así dice Jesús: "atan pesadas cargas sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con un dedo". Hemos de exigir lo que creamos que se debe exigir, pero sabiendo que también a nosotros se nos exigirá lo mismo, y, sobre todo, sabiendo que cuando exigimos tenemos que ayudar al otro a vivir dicha exigencia, y no dejarlo solo con carga tan pesada.
El pecado original de la tentación de poder nos lleva, muchas veces, a ser déspotas frente a nuestros hermanos, y eso es lo que Jesús quiere que despreciemos, no creamos que porque se nos han dado ciertos dones y talentos somos mejores que nadie, sino que en cualquier momento se nos pueden quitar y quedar desnudos ante los demás. Los dones y talentos han sido un regalo en nuestra vidas, usémoslos para el servicio en el amos a nuestros hermanos.

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