Hermosa Palabra de Dios a Isaías, que también es para nosotros, para iluminar con sentido la elección que Dios hizo de nosotros, la misión que esa elección conlleva:
"El Señor te guiará incesantemente, te saciará en los ardores del desierto y llenará tus huesos de vigor; tú serás como un jardín bien regado, como una vertiente de agua, cuyas aguas nunca se agotan.
Reconstruirás las ruinas antiguas, restaurarás los cimientos seculares, y te llamarán «Reparador de brechas», «Restaurador de moradas en ruinas.»
Es cierto sí que nada es fácil y que dejarnos guiar nos cuesta, pero es hermoso pensar que es Él quién nos guía si nos dejamos conducir. Que, al dejarnos guiar, nuestra vida cobra un nuevo sentido y da frutos que nunca esperábamos e, incluso, que pensábamos que jamás podríamos hacer aquello que hoy estamos haciendo, sólo por dejarnos llevar de Su Mano.
También es cierto que, como en el Evangelio, muchos murmurarán de lo nuevo que hagamos, se reirán y querrán silenciar nuestras obras, pero sabemos que nada es nuestro sino que es Obra del Señor, y, por lo tanto, nada de Su Obra queda sin recompensa y, jamás, puede ser ocultada.
Y, junto a esta palabra a Isaías, surge esa exhortación de Jesús a toda la gente, sobre todo a los que que creen dueños de juzgar a todos porque son los más "santos":
"Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan.»
Cuando nos encontramos con Él, cuando vivimos con Él, cuando intentamos seguirlo cada día, siempre aparecerán las sombras del pecado en nuestra vida, surgirá cada día nuestra debilidad, pero en todo momento debemos rescatar la confianza en Jesús, pues Él es nuestro abogado, nuestro consuelo, nuestra fortaleza. Él nos eligió para Caminar de Su Mano sabiendo de nuestra debilidad, pecado e imperfección para que "en nuestras debilidades se manifieste su poder".
En este tiempo de Gracia, de Conversión y de Misericordia no te olvides de confiar, de aceptar y de Caminar de Su Mano, pues la elección ha sido de Él, porque Él ha visto tu corazón y sabe qué es lo que puedes dar con Su Gracia.
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