Nos dice Dios por medio del profeta Jeremías:
"Así habla el Señor: ¡Maldito el hombre que confía en el hombre y busca su apoyo en la carne, mientras su corazón se aparta del Señor!"
Lo primero que nos surge pensar es que no debemos confiar en los demás, que no tenemos que creernos todo lo que nos dicen, y ¡tantas otras cosas más! Pero también lo quiero enfocar desde el otro hombre más cercano a nosotros que somos nosotros mismos, y por eso, creo, que también el Señor nos quiere advertir de nuestra autosuficiencia.
La autosuficiencia nos lleva a la situación de creer que todo lo puedo, que no necesito de nadie, que mis criterios son los únicos válidos, que nadie hace las cosas mejor que yo, para terminar desembocando en la soberbia, y, por ende, en la soledad del corazón.
Claro que no está mal saber qué puede hacer, saber que puedo tener criterios buenos, saber que hay cosas que puedo hacer solo; pero si todo esto lo hago en dependencia del Señor, buscando Su Voluntad, y en diálogo con mis hermanos, todo eso me ayuda a no caer en la soberbia.
Poco a poco, si el pecado nos los permite, nos vamos dando cuenta que cada vez hay menos gente a nuestro lado, pero sobre todo en el corazón. Y, como hemos hecho oídos sordo a nuestros hermanos, no tenemos un espejo en el que ver nuestra actitud, nuestras fallas. Y si hemos hecho oído sordo a las voces de nuestros hermanos, tampoco vamos a oír a Dios cuando nos advierte o cuando nos quiera dar a conocer su Voluntad.
Así es como podemos entender, también, la parábola de Jesús: el hombre rico vivía sólo para sí mismo y su riqueza, y nunca hizo caso a la Palabra de Dios, "ahí tiene a Moisés y los Profetas, escúchenlos", le dijo Jesús. Pero no, no los escuchaban, estaban muy "metidos" dentro de sus propias cosas y sus ideas y sus riquezas.
Por eso al pedirle el hombre a Jesús: "pero si va un muerto a advertirles escuchará", Jesús le dice: "aunque resuciten los muertos no escucharán". Nos volvemos tan creídos de nuestras propias palabras que no somos capaces de escuchar las Voces que nos advierten de los peligros que corremos si seguimos por el mismo camino.
Al final de la Cuaresma celebraremos que "El muerto ha resucitado" ¿seremos capaces de escucharlo?
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