domingo, 7 de febrero de 2016

No tengas miedo de mi llamado

Uno podría preguntarse: ¿qué es lo que piensa Dios cuando me está pidiendo semejante cosa? Por que Dios pide, no le importa a quién le pide, Él pide: pide cruces, pide vidas, pide consagración, pide y pide. A muchos nos parece que Dios pide demasiado y que muchas veces se le va la mano, porque nos parece que es injusto en pedir semejante cosas a tal o cual persona.
Así le paso al Profeta Isaías: "¡Ay de mí, estoy perdido!" Nos sentimos así: perdidos ante el llamado o el pedido de Dios ¿por qué se le ocurre pedirme a mí esto? Y ¿a quién se lo podrá pedir sino a sus hijos más queridos? Pero ¿siempre me lo tiene que pedir a mí?
Cuando miramos la vida desde nuestro ombligo siempre nos parece que todo nos lo pide a nosotros, que soy el único al que Dios le pide cosas. Pero ¡mirá Señor! hay más gente alrededor mío y... a ellos no les piensas pedir nada? Y ¿qué sabes qué es lo que Dios el ha pedido a tu hermano o qué es lo que le va a pedir?
Por eso, ante la desolación de Isaías Dios manda a su ángel para consolarlo. Y así vemos, en muchos momentos de la historia de la salvación que, una vez que hemos mostrado nuestra debilidad ante los pedidos del Señor, Él nos manda el consuelo, la paz, el sostén y la fortaleza para hacer Su Voluntad.
Así le pasó a Pablo creyendo que él hacía lo que correspondía de repente se encuentra con Dios y no lo reconoce. No lo reconoce porque lo estaba persiguiendo, creyendo que lo que Jesús había predicado era perjudicial para su vida, para su fe. Pero cuando se encuentra con Él descubre que lo que Jesús quería era que tuviera vida y vida en abundancia, que él no se fijaba en su pecado sino en la disposición para ser Fiel a la Palabra, la disposición para vivir de Su Mano.
Y, así en todos los momentos de la vida. Él pasa por nuestra vida y nos llama, por que mira nuestro corazón y conoce su Amor. Mira nuestro corazón y descubre nuestra necesidad y nuestra disposición, no mira nuestro pecado como hacemos nosotros cuando miramos a nuestros hermanos, porque nuestra mirada es pobre y corta. Él mira lo que la Gracia puede hacer con un corazón pobre, humilde y necesitado, y a ese corazón Él lo transforma con su Amor, lo llena de la frescura del Espíritu y lo enciende con sus Dones para que comience a encender con el ejemplo de su vida, con la cercanía de Su Palabra, con el Amor de su entrega de todos los días.
Por eso siempre nos dice: No tengas miedo, pequeño rebaño, yo te conduzco por senderos de paz, te conduzco de mi Mano y no te soltaré, y aunque tú te sueltes de mi Mano yo volverá a agarrar la tuya para que vuelvas al Camino, goces de mi Paz y te enciendas en Mi Amor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.