De los sermones de san Agustín, obispo
Os pido que atendáis a lo que dijo Cristo el Señor,
extendiendo la mano sobre sus discípulos: Estos son mi madre y mis hermanos; y
el que hace la voluntad de mi Padre, que me ha enviado, es mi hermano y mi
hermana y mi madre. ¿Por ventura no cumplió la voluntad del Padre la Virgen
María, ella, que dio fe al mensaje divino, que concibió por su fe, que fue
elegida para que de ella naciera entre los hombres el que había de ser nuestra.
salvación, que fue creada por Cristo antes que Cristo fuera creado en ella?
Ciertamente, cumplió santa María con toda perfección, la voluntad del Padre, y
por esto es mas importante su condición de discípula de Cristo, que la de madre
de Cristo, es más dichosa por ser discípula de Cristo que por ser madre de
Cristo. Por esto María fue bienaventurada, porque, antes de dar a luz a su
maestro, lo llevó en su seno.
Mira si no es tal como digo. Pasando el Señor, seguido de las
multitudes y realizando milagros, dijo una mujer: Dichoso el seno que te llevó.
Y el Señor, para enseñarnos que no hay que buscar la felicidad en las
realidades: de orden material, ¿qué es lo que respondió?: Dichosos más bien los
que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. De ahí que María es dichosa
también porque escuchó la palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el
cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo. Cristo es
la verdad, Cristo tuvo un cuerpo: en la mente de María estuvo Cristo, la verdad;
en su seno estuvo Cristo hecho carne, un cuerpo. Y es más importante lo que está
en la mente que lo que se lleva en el seno.
María fue santa, María fue dichosa, pero más importante es la
Iglesia que la misma Virgen María. ¿En qué sentido? En cuanto que María es parte
de la Iglesia, un miembro santo, un miembro excelente, un miembro supereminente,
pero un miembro de la totalidad del cuerpo. Ella es parte de la totalidad del
cuerpo, y el cuerpo entero es más que uno de sus miembros. La cabeza de este
cuerpo es el Señor, y el Cristo total lo constituyen la cabeza y el cuerpo. ¿Qué
más diremos? Tenemos, en el cuerpo de la Iglesia, una cabeza divina, tenemos al
mismo Dios por cabeza.
Por tanto, amadísimos hermanos, atended a vosotros mismos:
también vosotros sois miembros de Cristo, cuerpo de Cristo. Así lo afirma el
Señor, de manera equivalente, cuando dice: Estos son mi madre y mis hermanos.
¿Cómo seréis madre de Cristo? El que escucha y el que hace la voluntad de mi
Padre celestial es mi hermano y mi hermana y mi madre. Podemos entender lo que
significa aquí el calificativo que nos da Cristo de «hermanos» y «hermanas»: la
herencia celestial es única, y, por tanto, Cristo, que siendo único no quiso
estar solo, quiso que fuéramos herederos del Padre y coherederos suyos.
sábado, 21 de noviembre de 2020
Concibió por su fe
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