"Jesús tomó la palabra y dijo:
«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».
Y le dijo:
«Levántate, vete; tu fe te ha salvado».
Cuando estamos acostumbrados a que todo nos lo den servido en bandeja, o cuando nos acostumbramos a que tenemos derecho para todo y ninguna obligación, entonces, no valoramos lo que tenemos ni lo que nos dan aunque no lo merezcamos. Por esa razón hubo 9 curados que no vinieron a dar gracias al Señor, porque para ellos eso era lo que tenía que hacer aquél que tenía el poder de sanarlos. Y, seguramente, no pensaron que, como no sólo les dijo que "id a presentaros a los sacerdotes", eso bastaba pues eso sólo les había dicho.
En cambio, el extranjero, vino a dar gracias, porque lo que había recibido no estaba en él poder lograrlo, fue una gracia especial, y se dio cuenta que tenía que ser agradecido con quien le había dado semejante regalo.
Y así es, esta generación, en la que estamos viviendo y de la que nos estamos contagiando de tantas cosas, se está volviendo como aquellos 9 que no supieron dar gracias por lo recibido. ¿Por qué tengo que dar gracias por algo lo que tengo derecho a tener? ¿Por qué tengo que dar gracias por lo que me pertenece?
Y nos volvemos personas no-agradecidas, lo que no significa desagradecidas, pero está muy cerca, pues no sabemos agradecer lo que tenemos, ni la vida, ni el espíritu, ni lo material, y, por eso, seguimos pidiendo y si no recibimos nos enfadamos porque no nos dan todo lo que queremos. No sólo en lo humano, sino también en lo espiritual. Sobre todo porque conseguir algunas cosas implica un esfuerzo o un sacrificio, y para eso no estamos dispuestos.
En realidad, Dios no necesita de nuestro agradecimientos, al igual que nuestros padres, no necesitan que le agadezcamos todo lo que hacen por nosotros porque lo hacen por amor a nosotros; pero dar gracias y ser agradecidos es algo que nos hace bien a nosotros, porque nos hace descubrir que si ellos no nos hubieran dado la vida, y no nos hubieran cuidado como lo hacen y como lo siguen haciendo a pesar de ser ya mayores, no tendríamos lo que tenemos.
Y, como alguien dijo "en el amor no existen las matemáticas", pues no puedo devolver lo que me han dado por amor, pues es algo que no tiene límites, tengo que ser agradecido y saber agradecer por lo recibido, para que ese mismo amor, pueda dar frutos en mí, haciéndome una persona más sabia y que sabe valorar lo que va recibiendo. Y, aprendiendo a valorar lo que tengo podré valorar lo que tengo y descubrir que, muchas veces, no necesito más de lo que tengo y de lo que me han sabido dar, para así, alcanzar la paz y la serenidad.
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