"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio".
Toda ocasión en nuestra vida nos sirve para dar testimonio de lo que vivimos y de cómo vivimos. El día a día es un testimonio claro de lo que creemos y de lo que vivimos, pues la coherencia de nuestra vida de fe no sólo se va a demostrar en las grandes persecuciones contra la fe, contra nosotros, sino en cada momento de la vida, pues en cada momento el Señor nos pide vivir de acuerdo a Su Voluntad, con confianza en Su Providencia y sabiendo que todo es para el bien de los que Él ama.
Por eso no hace falta que nos suceda algo grande o doloroso, o que nos persigan, hace falta que nos demos cuenta que el Señor nos ha puesto como Luz del mundo, para alumbrar el mundo con los Dones del Espíritu Santo que habita en nosotros. Así, en este tiempo de pandemia, no podemos ser nosotros quienes no tengan esperanza, no podemos atrincherarnos en nuestros miedos y mostrar al mundo que el Señor nos nos ha fortalecido con su Espíritu, y, en lugar de ser sembradores de esperanza, somos sembradores de miedo, de desesperanza, de tristezas, de inseguridades...
¿No dices "creo en Dios Padre todopoderoso, creador del Cielo y de la Tierra? ¿No rezas "Padre nuestro que estás en el Cielo"? Entonces ¿crees que tienes un Padre todopoderoso o no? Si lo crees pues demuéstralo: con tu alegría, con tu esperanza, con tu paz, con la seguridad que todo pasará y lo que pase será por alguna razón, pero, seguramente, la razón es para que los que creemos en el Padre todopoderoso, realmente tengamos confianza en Su Divina Providencia., y no andemos por el mundo, como huérfanos adoptados por un mundo en el que no hay un Dios.
"Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro".
Eso es lo que debemos hacer: confiar, confiar en el Padre, confiar en Su Amor, confiar en Su Fortaleza, confiar en Su Providencia. Si el nos ha permitido cargar con esta Cruz, entonces, aunque nos cueste llevarla, hemos de llevarla con la dignidad y la alegría de los hijos de Dios. NO alegría porque la llevamos saltanado y cantando, sino la alegría de habernos sentido elegidos para, junto a Jesús, cargar la Cruz por los pecados del mundo y de mí mismo. Y, será ahí cuando sienta la fuerza de la Gracia, pues el Padre mismo será nuestro Cirineo para llegar a alcanzar la meta de la resurrección.
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