De los sermones de san León Magno, papa
Dice el Señor: Si vuestra virtud no es superior a la de los escribas y fariseos,
no entraréis en el reino de los cielos. Esta superioridad de nuestra virtud ha
de Consistir en que la misericordia triunfe sobre el juicio. Y en verdad lo
más justo y adecuado es que la creatura, hecha a imagen y semejanza de Dios, imite
a su creador, que ha establecido la reparación y santificación de los creyentes en
el perdón de los pecados, prescindiendo de la severidad del castigo y de cualquier
suplicio, y haciendo así que de reos nos convirtiéramos en inocentes y que la
abolición del pecado en nosotros fuera el origen de las virtudes.
La virtud cristiana puede superar a la de los escribas y fariseos no por la
supresión de la ley, sino por no entenderla en un sentido material. Por esto el Señor,
al enseñar a sus discípulos la manera de ayunar, les dice: Cuando ayunéis no os
hagáis los melancólicos, como los hipócritas, que ponen una cara mustia, para hacer
ver a los demás que están ayunando. Os digo de veras: Ya recibieron su paga.
¿Qué paga, sino la paga de la alabanza de los hombres? Por el deseo de esta alabanza
se exhibe muchas veces una apariencia de virtud y se ambiciona una
fama engañosa, sin ningún interés por la rectitud interior; así, lo que no es más que
maldad escondida se complace en la falsa apreciación de los hombres.
El que ama a Dios se contenta con agradarlo, porque el mayor premio que podemos
desear es el mismo amor; el amor, en efecto, viene de Dios, de tal manera que
Dios mismo es el amor. El alma piadosa e íntegra busca en ello su plenitud y no
desea otro deleite. Porque es una gran verdad aquello que dice el Señor: Donde
está tu tesoro, allí está tu corazón. El tesoro del hombre viene a ser como la
reunión de los frutos recolectados con su esfuerzo. Lo que uno siembre, eso
cosechará, y cual sea el trabajo de cada uno tal será su ganancia; y donde ponga
el corazón su deleite, allí queda reducida su solicitud. Mas, como sea que hay
muchas clases de riquezas
y diversos objetos de placer, el tesoro de cada uno viene determinado por la
tendencia de su deseo, y si este deseo se limita a los bienes terrenos, no
hallará en ellos la felicidad, sino la desdicha.
En cambio, los que ponen su corazón en las cosas del cielo, no en las de la
tierra, y su atención en las cosas eternas, no en las perecederas, alcanzarán
una riqueza incorruptible y escondida, aquella a la que se refiere el
profeta cuando dice: La sabiduría y el saber serán su refugio salvador, el
tensor del Señor será su tesoro. Esta
sabiduría divina hace que, con la ayuda de Dios, los mismos bienes terrenales se
conviertan en celestiales, cuando muchos convierten sus riquezas, ya sea
legalmente heredadas o adquiridas de otro modo, en instrumentos de bondad. Los
que reparten lo que les sobra para sustento de los pobres se ganan con ello una
riqueza imperecedera; lo que dieron en limosnas no es en modo alguno un
derroche; éstos pueden en justicia tener su corazón donde está su tesoro, ya que
han tenido el acierto de negociar con sus riquezas sin temor a perderlas.
lunes, 23 de noviembre de 2020
Según el trabajo, así la ganancia
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