martes, 24 de noviembre de 2020

El mensaje de la Cruz

"Hermanos: El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden, pero para los que se salvan -para nosotros- es fuerza de Dios".
Hoy estamos muy acostumbrados a ver en las orejas, tobillos, cuellos y ¡vaya saber en qué otra parte más! cadenas con cruces, o rosarios colgados de muchas personas, y, sobre todo, de los famosos, quienes los pusieron de moda. Muchos se alegran al verlos, porque dicen que son gente cristiana. Pero, para muchos, la cruz o el rosario, es sólo un collar o un adorno más, como el del árbol de navidad (ya que estamos cerca) No saben, la mayoría, qué es lo que significa y pará qué el Señor nos ha dado la Cruz.
Y, sí, como dice san Pablo, "la cruz es una locura para los que se pierden", pero, en este tiempo, muchas veces, la Cruz es una locura para el creyente en Cristo. Sí, no son pocos los crisitanos que al recibir la "verdadera cruz de Cristo", hacen un escándolo, o la rechazan, o reniegan de su fe, pues para ellos Dios no debe pedirles llevar la Cruz, pues eso es para los que se "portan mal". Y, si yo me porto bien, no tengo que llevar la Cruz.
Y, con ese mismo argumento tan humano, tenemos que pensar que Jesús que llevó la Cruz hasta el Calvario y fue crucificado en ella, se portó muy mal y para Él era necesario llevar esa Cruz. Sí que era necesario, pues esa era la Voluntad del Padre, pues el pecado de desobediencia que trajo la muerte tenía que ser "lavado" por una obediencia radical, como la de Jesús.
A partir de ese momento, en que Jesús, asume la Cruz como camino de resurrección, se convierte para nosotros, tamibién, en instrumento de Salvación, no sólo para nosotros mismos, sino como salvación para todos aquellos que, por nuestra fidelidad a Dios, pueden llegar a alcanzar la conversión y la salvación de sus almas.
Así, hoy que celebramos el martirio de varios sacerdotes y laicos, nos invitan a que, como ellos, podamos ir seguros y firmes a la Cruz, sabiendo que es el Padre quien nos la pide y es el Padre quien nos da la fuerza para poder cargarla hasta el final sin perder la fe. Como pide san Pablo en otra de sus cartas, no seamos como los del mundo que, sin fe, reniegan de la Cruz de Cristo, sino que, al contrario siempre pidamos al Padre la fortaleza para poder aceptarla y cargarla, para nuestra salvación y la de todos aquellos que necesitan la Gracia para encontrar el Camino de la Salvación.

 

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