«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».
De esta parábola del juez injusto, lo que más me ha sorprendido siempre, es el final de la parábola. Por que, ya ha habido otra parábola, la del vecino inoportuno e insistente, en la cual Jesús nos habla de hacer oración a tiempo y destiempo, como dice san Pablo, y, de saber que Dios siempre dará a quien le pide con insistencia.
Pero (siempre hay un pero en las parábolas de Jesús, y, en la vida) no siempre seguimos leyendo hasta el final, y, en el final, nos da una vuelta más al tema de la parábola.
En la parábola del amigo insistente nos dice al final: "y el Padre dará el Espíritu Santo a quien se lo pidiere", es decir no nos va a dar cualquier cosa que le pidamos, sólo aquello que nos pueda ser útil para hacer Su Voluntad.
Y, en esta parábola del juez injusto, nos dice al final: "pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontraré esta fe en la tierra?" Y éste es el final de la parábola que tenemos que analizar. ¿Por qué lo dice el Señor? Por que no siempre hay que dar todo lo que se pide, porque, como dice san Pablo, "no recibimos porque no sabremos pedir". Y, en lo general, siempre pedimos lo que queremos, pero no lo que necesitamos para nuestra salvación.
Si los padres a los niños les dan todo lo que les piden, a tiempo y destiempo, sin mirar si lo que piden es necesario para su vida, sino que piden porque siempre le dan. ¿Están educando o malcriando?
Y, lamentablemente, para nosotros, pobre humanos, Dios es un Padre que educa, y no malcría. Por eso, no siempre nos da lo que queremos, sino que nos va a dar lo que nencesitemos para nuestro crecimiento espiritual, para nuestra salvación. Por eso, vuelvo a san Pablo, que nos dice: "Pues nosotros no sabemos pedir como conviene, más el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables, y el que escruta los corazones conoce cuál es la aspiración del Espíritu, y que su intercesión a favor de los santos es según Dios".
Cuánto más dejamos al Espíritu que ore en nosotros y por nosotros, entonces, sí podremos fortalecer nuestra fe y seremos cubiertos con la Gracia para poder descubrir que todo lo que necesitamos lo tendremos, y así, cuando venga el Señor, encontrará fe sobre la tierra.
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