domingo, 29 de noviembre de 2020

Os lo digo a todos: ¡Velad!

"Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento…

Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!”

Comenzamos hoy el Tiempo de Adviento, Tiempo de Espera del Nacimiento de nuestro Dios y Salvador, Tiempo de penitencia y conversión para recibir a Aquél que nace para nuestra salvación. Y comenzamos con una exhortación muy clara y fuerte de parte de Jesús: ¡Velad! ¡Estad atentos! Y, si nos ponemos a leer (de nuevo) las lecturas de esta última semana del Tiempo Ordinario, pensaríamos que tenemos que estar atentos porque van a venir muchas calamidades y se va a terminar el mundo. No, no es por eso. Aunque tampoco sabemos cuándo será el día y la hora, que también, como se dice por aquí: que nos pille confesados.

Pero la advertencia de Jesús es para todos los tiempos, y para cada día de nuestra vida. Que tengamos siempre el espíritu fortalecido por Su Gracia, para poder dar el testimonio de vida que el mundo necesita de nosotros, los que creemos en Dios y en Cristo, Nuestro Señor.

Hemos visto, por poner un ejemplo, en este tiempo de pandemia que muchos cristianos, muy creyentes en el Señor y en Dios nuestro Padre todopoderoso, andaban como desorientados, desesperados, con miedo a lo que puede venir, y no dando el testimonio de esperanza, de confianza en que el Señor es nuestro Dios y Él sabe por qué suceden las cosas. Y, sin embargo, había cristianos desesperados por miedo a qué le tocara llevar la Cruz de la enfermedad.

Es cierto que no tenemos que andar buscando enfermarnos, que debemos cuidarnos, que debemos tener cuidado por uno y por todos, pero de ahí a estar como quien no tiene Dios…

Por eso mismo el Señor nos pide que estemos siempre con el espíritu fortalecido, que no nos dejemos caer en la tentación de la pereza de decir o pensar que a mí como soy de Cristo no me va a pasar nada, o vivir tan pendiente de otras cosas que no tenemos tiempo para las cosas de Dios.

En cualquier momento, y todos los días, el Señor nos pide que demos testimonio de nuestra vida de fe, de nuestra vida de amor, de nuestra vida de esperanza. Porque en cualquier momento vendrá alguien a llamar a nuestro corazón necesitado de esperanza, de consuelo, de fe… y ¿qué le voy a dar? Si no tengo ni para mí, no puedo darle lo que no tengo. Por eso, debo estar preparado y prevenido, porque en algún todo momento tengo que dar testimonio de fe en el Señor y no sólo en los días más oscuros y duros, sino todos los días tenemos que ser Luz, Sal y Fermento en el mundo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.