«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no; os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros".
Muchas veces escuchamos: "todo tiene solución menos la muerte", y no es verdad, hasta la muerte tiene solución, pues así nos lo a dicho Jesús, por que Él murió y resucitó para que nosotros tuviéramos una Vida después de la muerte. ¡Esa es nuestra fe!
Por eso el Señor nos ha contados y nos ha aclarado lo que pasa después de nuestra muerte: Él viene a buscarnos pues ya está preparado nuestro lugar junto al Padre. Nuestra vida no muere, sino que se transforma y volvemos a la Casa Paterna.
Él nos lo ha revelado no sólo para que nos preparemos para cuando nos llegue el día, sino para que lo vivamos con naturalidad y tranquilidad, pues nuestra vida no termina. Como me gusta pensar, es sólo una puerta para pasar a la Casa Paterna y poder vivir en el eternidad.
Es cierto que sabemos el Camino, pues el Camino es Jesús, su Vida en nuestra vida es lo que hace fácil el caminar hacia Él, el caminar hacia Dios. Y, lo que sí, muchas veces tememos es lo difícil que puede ser el último tramo del camino, pero, sabemos que siempre Él estará con nosotros para ayudarnos a llegar hasta el final del camino sin perder la fe, sin perder la paz, viivendo en armaonía con nosotros mismos, con Dios y con los hermanos.
Por eso Él nos decía que no se turbe nuestro corazón, que no se nos llene el alma con las tinieblas de las dudas, sino que la Luz de la Fe nos siga iluminando en todo momentos, pues Él conoce nuestra debilidad y sabe que en los momentos de mayor dolor las dudas nos ciegan y no nos permiten ver la luz, no nos permiten recordar las veces que Él nos habló y así se nos pierde la fe en Él y sucumbimos a las tinieblas porque dejamos de creer en Su Palabra.
No, que "no se turbe nuestro corazón" ante el dolor y la tristeza de la muerte, ni ante la tristeza de la despedida de nuestros seres queridos. Sabemos a dónde van los que han vivido con Cristo en su corazón, sabemos que la misericordia del Padre es infinita y que en Su Bondad purificará los pecados de los que son llamados por Él, y renacerán a la Vida que el Señor nos consiguió al precio de su sangre. Por eso, aunque la tristeza de la despedida nos llene los ojos de lágrimas, sabemos que ellos gozan de la paz y el amor eterno en la Casa del Padre, a donde un día todos nos volveremos a encontrar para celebrar, unidos, la gran Fiesta del Amor en el Cielo.
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