miércoles, 30 de septiembre de 2020

Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo

 Del prólogo al Comentario de san Jerónimo, presbítero, sobre el libro del profeta Isaías

    Cumplo con mi deber, obedeciendo los preceptos de Cristo, que dice: Ocupaos en examinar las Escrituras, y también: Buscad y hallaréis, para que no tenga que decirme, como a los judíos: Estáis en un error; no entendéis las Escrituras ni el poder de Dios. Pues si, como dice el apóstol Pablo, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios, y el que no conoce las Escrituras no conoce el poder de Dios ni su sabiduría, de ahí se sigue que ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo.
    Por esto quiero imitar al amo de casa, que de su provisión saca lo nuevo y lo antiguo, y a la esposa que dice en el Cantar de los cantares: He guardado para ti, mi amado, lo nuevo y lo antiguo; y, así, expondré el libro de Isaías, haciendo ver en él no sólo al profeta, sino también al evangelista y apóstol. Él, en efecto, refiriéndose a sí mismo y a los demás evangelistas, dice: ¡Qué hermosos son los pies de los que anuncian el bien, de los que anuncian la paz! Y Dios le habla como a un apóstol, cuando dice: ¿A quién mandaré? ¿Quién irá a ese pueblo? Y él responde: Aquí estoy, mándame.
    Nadie piense que yo quiero resumir en pocas palabras el contenido de este libro, ya que él abarca todos los misterios del Señor: predice, en efecto, al Emmanuel que nacerá de la Virgen, que realizará obras y signos admirables, que morirá, será sepultado y resucitará del país de los muertos, y será el Salvador de todos los hombres. ¿Para qué vaya hablar de física, de ética, de lógica? Este libro es como un compendio de todas las Escrituras y encierra en sí cuanto es capaz de pronunciar la lengua humana y sentir el hombre mortal. El mismo libro contiene unas palabras que atestiguan su carácter misterioso y profundo: Cualquier visión se os volverá -dice- como el texto de un libro sellado: se lo dan a uno que sabe leer, diciéndole: «Por favor, lee esto.» y él responde: «No puedo, porque está sellado.» Y se lo dan a uno que no sabe leer, diciéndole: «Por favor, lee esto.» Y él responde: «No sé leer.»
    Y si a alguno le parece débil esta argumentación, que oiga lo que dice el Apóstol: Cuanto a los dotados del carisma de profecía, que hablen dos o tres, y que los demás den su dictamen; y, si algún otro que está sentado recibiera una revelación, que calle el que está hablando. ¿Qué razón tienen los profetas para silenciar su boca, para callar o hablar, si el Espíritu es quien habla por boca de ellos? Por consiguiente, si recibían del Espíritu lo que decían, las cosas que comunicaban estaban llenas de sabiduría y de sentido. Lo que llegaba a oídos de los profetas no era el sonido de una voz material, sino que era Dios quien hablaba en su interior, como dice uno de ellos: El ángel que hablaba en mí, y también: Que clama en nuestros corazones: «¡Padre!», y asimismo: Voy a escuchar lo que dice el Señor.

martes, 29 de septiembre de 2020

Los Ángeles

De las Homilías de san Gregorio Magno, papa, sobre los Evangelios

    Hay que saber que el nombre de «ángel» designa la función, no el ser, del que lo lleva. En efecto, aquellos santos espíritus de la patria celestial son siempre espíritus, pero no siempre pueden ser llamados ángeles, ya que solamente lo son cuando ejercen su oficio de mensajeros. Los que transmiten mensajes de menor importancia se llaman ángeles, los que anuncian cosas de gran trascendencia se llaman arcángeles.
    Por esto a la Virgen María no le fue enviado un ángel cualquiera, sino el arcángel Gabriel, ya que un mensaje de tal trascendencia requería que fuese transmitido por un ángel de la máxima categoría.
    Por la misma razón se les atribuyen también nombres personales, que designan cuál es su actuación propia. Porque en aquella ciudad santa, allí donde la visión del Dios omnipotente da un conocimiento perfecto de todo, no son necesarios estos nombres propios para conocer a las personas, pero sí lo son para nosotros, ya que a través de estos nombres conocemos cuál es la misión específica para la cual nos son enviados. Y, así, «Miguel» significa: «¿Quién como Dios?», Gabriel» significa: «Fortaleza de Dios» y «Rafael» significa: «Medicina de Dios».
    Por esto, cuando se trata de alguna misión que requiera un poder especial, es enviado Miguel, dando a entender por su actuación y por su nombre que nadie puede hacer lo que sólo Dios puede hacer. De ahí que aquel antiguo enemigo, que por su soberbia pretendió igualarse a Dios, diciendo: Escalaré los cielos, por encima de los astros divinos levantaré mi trono, me igualaré al Altísimo, nos es mostrado luchando contra el arcángel Miguel, cuando al fin del mundo será desposeído de su poder y destinado al extremo suplicio, como nos lo presenta Juan: Se entabló una batalla con el arcángel Miguel.
    A María le fue enviado Gabriel, cuyo nombre significa: «Fortaleza de Dios», porque venía a anunciar a aquel que, a pesar de su apariencia humilde, había de reducir a los Principados y Potestades. Era, pues, natural que aquel que es la fortaleza de Dios anunciara la venida a del que es el Señor de los ejércitos y héroe en las batallas.
    «Rafael» significa, como dijimos: «Medicina de Dios»; este nombre le viene del hecho de haber curado a Tobías, cuando, tocándole los ojos con sus manos, lo libró de las tinieblas de su ceguera. Si, pues, había sido enviado a curar, con razón es llamado «Medicina de Dios».
 

domingo, 27 de septiembre de 2020

Si o no?

«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».

No pretende el Señor hacernos sentir mal con sus llamadas de atención, sino que quiere que nos pongamos a reflexionar acerca de nuestras actitudes y respuestas a Dios, en la vida diaria.

En esta afirmación Jesús quiere hacerle ver a los que se creen mejores que los demás, porque conocen las Escrituras, y por que son los mejores “rezadores”, que no sólo por rezar y creerse mejores entrarán en el Reino de los Cielos, sino por vivir en fidelidad a la Voluntad de Dios. Porque ellos, los que conocían las profecías, no reconocieron a Jesús como su Mesías y Salvador, en cambio los “pobres de Dios”, que son los pecadores pudieron acercarse a Jesús, y reconociéndolo se convirtieron y dejaron su vida de pecado por una vida nueva en la Gracia.

Por eso, antes de esta afirmación nos hace pensar cómo es nuestra respuesta a Dios: ¿somos los que decimos sí, pero después no hacemos lo que decimos? o ¿somos los que decimos que no y después sí hacemos la voluntad de Dios? El arrepentimiento y la conversión es el mejor camino para alcanzar no sólo el Reino de los Cielos, sino la paz interior para seguir recorriendo el Camino de la Vida que nos mostró Jesús con su propia vida.

Claro es que esta afirmación y exhortación de Jesús es para aquellos que, cada día, decimos: “venga a nosotros tu Reino, hágase Tu Voluntad en la tierra como en el Cielo”. Cuando estamos diciendo que se haga Tu Voluntad, no es que los demás la hagan (como muchas queremos… que otros hagan lo que yo no hago) sino que soy yo quien tengo la responsabilidad de hacer lo que Dios quiere, porque Él me pide a mí ser Fiel a Su Proyecto para mi vida. Pero no puedo escudarme en un argumento falso de decir: como los otros no lo hacen yo no lo hago. Cada uno es responsable de la respuesta que le da al Señor en su vida. Y de acuerdo con la respuesta será la Gracia que el Señor me conceda para alcanzar el Cielo o no


sábado, 26 de septiembre de 2020

Vivir con sensatez

Dice el Salmo:
Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato.
El Eclesiastés nos recuerda:
Disfruta mientras eres muchacho y pásalo bien en la juventud; déjate llevar del corazón y de lo que te recrea la vista; pero sábete que Dios te llevará a juicio para dar cuenta de todo.
Y el pequeño párrafo del evangelio nos hará pensar:
En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacía, Jesús dijo a sus discípulos:
«Meteos bien en los oídos estas palabras: al Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres».
Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro que no captaban el sentido.
Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto".
¿Por qué el Señor nos hace pensar en los últimos días? ¿Por qué quiere que tengamos un corazón sensato mientras estamos en lo mejor de nuestra vida? ¿Por qué intenta asustarnos con los últimos días de nuestras vidas?
Nadie quiere asustarnos, pero sí quiere el Señor hacernos saber que todo pasa, que nuestra vida aquí en la tierra es un soplo de años que enseguida pasan sin que nos demos cuenta. Por eso tenemos que saber aprovecharlos de la mejor manera, es decir, llevando una vida sensata (con seso, pensando con la cabeza y no viviendo sólo de los instintos básicos)
No quiere nuestro Padre que sólo pensemos en nuestra muerte, sino que quiere que vivamos nuestra vida con sensatez, aprendiendo a vivirla en plenitud, pero no la plenitud que nos plantea el mundo, sino la plenitud de la Vida que nos ofrece Dios, que es quien "nos conoce desde las entrañas maternas", porque es Él quien nos formó y nos "pensó desde antes de la creación del mundo para que fuésemos santos e irreprochables en su presencia por el Amor".
Nuestra vida sobra todo su sentido desde la Vida de Jesús, pues a su imagen hemos sido llamados a la vida, y desde su Vida nuestra vida cobra la belleza original que tuvo antes del pecado, y así, podemos alcanzar la dignidad perdida y llegar a ser lo que nunca hemos soñado ser: verderos hijos de Dios.
¿Sólo es sensato quien vive pensando en la muerte para poder vivir asustado haciendo lo que Dios quiere para no ir al infierno?
No, no es vivir asustado y sólo cumpliendo normas para no ir al infierno. Es vivir amando la Vida que el Señor nos propone, para que aquello que vamos a vivir en el Cielo, lo podamos disfrutar en la tierra, por eso Él nos enseñó: "venga a a nosotros tu Reino, hágase Tu Voluntad, aquí en la tierra como en el Cielo", y es lo que, cada día, sale de nuestros labiios para que se haga realidad en nuestras vidas.
Por eso, ser sensatos es descubrir el Amor de Dios en las cosas de cada día, y llevar a la vida la Palabra que el nos dirigió, para encontrar el sentido en todo lo que vivimos, y vivir nuestra vida con sentido de plenitud y de eternidad.

 

viernes, 25 de septiembre de 2020

Cada cosa a su tiempo

"Comprobé la tarea que Dios ha encomendado a los hombres para que se ocupen en ella: todo lo hizo bueno a su tiempo, y les proporcionó el sentido del tiempo, pero el hombre no puede llegar a comprender la obra que hizo Dios, de principio a fin".
Cuando nos ponemos a mirar y observar la creación, no hay vez que no nos maravillemos de semejante Obra, y, por lo tanto, no hay vez que no demos Gracias a Dios por tan buen trabajo. Como dice el Génesis al final de cada día: todo lo hizo bien. Y, también es cierto lo que dice el Eclesiastés: no llegamos a comprender la bora de Dios, de principio a fin.
No tenemos la mirada de Dios sobre toda su obra y, creo que eso, al hombre le quita seguridad, pues el Hombre quiere tener el poder y el dominio sobre toda la Obra de y se da cuenta que no puede. Busca día y noche el origen de todo, sin darse cuenta que sólo tiene que aprender a discernir qué es lo que tiene que hacer con lo que tiene, que tiene que aprender a vivir cada tiempo y no buscar en el pasado lo que no puede entender del futuro.
Hoy mucho intenntan resucitar el pasado, otros adivinar el futuro, y viven en una lucha desarnada por un lado y por el otro, y, entre lucha y lucha se van destruyendo a sí mismos y a los que siguen ideas que no llevan a ningún lado. Pero, sin embargo, se olvidan que en el presente hay que ser fiel a la Voluntad de Dios que hoy nos está exigiendo un compromiso concreto con nuestras vidas.
Sí, todo tiempo su tiempo, hay tiempo para todo, pero si nos olvidamos de que en este presente tengo que hacer la Voluntad de Dios, el tiempo no puedo retrasarlo y, por eso, no puedo llegar a ser Fiel a Dios cuando Él me lo está pidiendo. Por eso, el Señor nos pide vivir el presente con sentido pleno, con la seguridad de que estoy buscando Su Voluntad para saber qué es lo que tengo que hacer HOY, y no lo que tuve que hacer ayer o lo que tendré que hacer mañana, porque ni el ayer ni el mañana existen.
Por eso es tan importante que los hijos de Dios aprendamos y nos dispongamos de corazón a saber interpretar la Voluntad de Dios desde Su Palabra y los signos de los Tiempos, sin buscar en las ideologías humanas unas respuestas que no han nacido de la Voluntad de Dios, sino de hombre que sólo buscan hacer desaparecer a Dios de la faz de la tierra y convertirse ellos mismos en los nuevos dioses, de un areópago que cada día se va destruyendo a sí mismo.

 

jueves, 24 de septiembre de 2020

Por María nos ha llegado la bendición

De las Disertaciones de san Sofronio, obispo

    Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo. ¿Y qué puede haber más sublime que esta alegría, oh Virgen Madre? ¿O qué puede haber más excelente que esta gracia, que tú sola has alcanzado de Dios? ¿ O qué puede imaginarse más amable o espléndido que esta gracia? Nada puede equipararse a las maravillas que en ti vemos realizadas, nada hay que iguale la gracia que tú posees; todo lo demás, por excelente que sea, ocupa un lugar secundario y goza de una excelencia claramente inferior.
    El Señor es contigo; ¿quién, pues, se atreverá a competir contigo? De ti nacerá Dios; ¿quién, por tanto, no se reconocerá al momento inferior a ti y no admitirá de buen grado tu primacía y superioridad? Es por esto que, al contemplar tus eminentes prerrogativas, que superan las de cualquier otra creatura, te aclamo lleno de entusiasmo: Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo. Por ti ha venido la alegría, no sólo a los hombres, sino también a los mismos coros celestiales.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que has cambiado en bendición la maldición de Eva y has hecho que Adán, que yacía postrado bajo el peso de la maldición, alcanzara, por ti, la bendición.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, por ti, la bendición del Padre ha brillado sobre los hombres, librándolos de la antigua maldición.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, por ti, alcanzan la salvación tus progenitores; pues has de dar a luz a aquel que les obtendrá la salvación divina.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, sin concurso de semilla, has producido aquel fruto que esparce la bendición sobre el orbe de la tierra, redimiéndola de la maldición que le hacía producir espinas y abrojos.
    Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, siendo por condición natural una mujer como las demás, llegarás a ser en verdad Madre de Dios. Efectivamente, si el que ha de nacer de ti es, con toda verdad, el Dios hecho hombre, con toda razón eres llamada Madre de Dios, ya que realmente das a luz a Dios.
    Llevas en la intimidad de tu seno al mismo Dios, el cual mora en ti según la carne, y sale de ti como un esposo, trayendo a todos la alegría y comunicando a todos la luz divina.
    Pues en ti, oh Virgen, como en un cielo nítido y purísimo, ha puesto Dios su tienda; y saldrá de ti como el esposo de su alcoba; y, cual gigante que emprende su carrera, recorrerá el camino de su vida, provechosa en todo para todos, alcanzando con su giro del término del cielo hasta el opuesto confín, llenándolo todo de su calor divino y de su resplandor vivificante.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Piedras en el edificio eterno

De los escritos de san Pío de Pietralcina, presbítero

    Mediante asiduos golpes de cincel salutífero y cuidadoso despojo, el divino Artífice busca preparar piedras para construir un edificio eterno, como nuestra madre, la santa Iglesia Católica, llena de ternura, canta en el himno del oficio de la dedicación de una iglesia. Y así es en verdad.
    Toda alma destinada a la gloria eterna puede ser considerada una piedra constituida para levantar un edificio eterno. Al constructor que busca erigir una edificación le conviene ante todo pulir lo mejor posible las piedras que va a utilizar en la construcción. Lo consigue con el martillo y el cincel. Del mismo modo el Padre celeste actúa con las almas elegidas que, desde toda la eternidad, con suma sabiduría y providencia, han sido destinadas para la erección de un edificio eterno. El alma, si quiere reinar con Cristo en la gloria eterna, ha de ser pulida con golpes de martillo y cincel, que el Artífice divino usa para preparar las piedras, es decir, las almas elegidas. ¿Cuáles son estos golpes de martillo y cincel? Hermana mía, las oscuridades, los miedos, las tentaciones, las tristezas del espíritu y los miedos espirituales, que tienen un cierto olor a enfermedad, y las molestias del cuerpo.
    Dad gracias a la infinita piedad del Padre eterno que, de esta manera, conduce vuestra alma a la salvación. ¿Por qué no gloriarse de estas circunstancias benévolas del mejor de todos los padres? Abrid el corazón al médico celeste de las almas y, llenos de confianza, entregaos a sus santísimos brazos: como a los elegidos, os conduce a seguir de cerca a Jesús en el monte Calvario. Con alegría y emoción observo cómo actúa la gracia en vosotros.
    No olvidéis que el Señor ha dispuesto todas las cosas que arrastran vuestras almas. No tengáis miedo a precipitaros en el mal o en la afrenta de Dios. Que os baste saber que en toda vuestra vida nunca habéis ofendido al Señor que, por el contrario, ha sido honrado más y más.
    Si este benevolentísimo Esposo de vuestra alma se oculta, lo hace no porque quiera vengarse de vuestra maldad, tal como pensáis, sino porque pone a prueba todavía más vuestra fidelidad y constancia y, además, os cura de algunas enfermedades que no son consideradas tales por los ojos carnales, es decir, aquellas enfermedades y culpas de las que ni siquiera el justo está inmune. En efecto, dice la Escritura: “Siete veces cae el justo” (Pr 24, 16).
    Creedme que, si no os viera tan afligidos, me alegraría menos, porque entendería que el Señor os quiere dar menos piedras preciosas... Expulsad, como tentaciones, las dudas que os asaltan... Expulsad también las dudas que afectan a vuestra forma de vida, es decir, que no escucháis los llamamientos divinos y que os resistís a las dulces invitaciones del Esposo. Todas esas cosas no proceden del buen espíritu sino del malo. Se trata de diabólicas artes que intentan apartaros de la perfección o, al menos, entorpecer el camino hacia ella. ¡No abatáis el ánimo!
    Cuando Jesús se manifieste, dadle gracias; si se oculta, dadle gracias: todas las cosas son delicadezas de su amor. Os deseo que entreguéis el espíritu con Jesús en la cruz: “Todo está cumplido” (Jn 19, 30).

martes, 22 de septiembre de 2020

Somos familia de Cristo?

"Él respondió diciéndoles:
«Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
Y yo me pregunto ¿somos su madre y sus hermanos? Sí, nos llamamos cristianos, somos familia de Cristo, pero ¿escuchamos la palabra de Dios y la cumplimos? Por que esa es la cuestión. Tener un apellido o haber nacido dentro de una familia no nos hace familia, sino cuando vivimos el amor y la unidad, eso nos hace familia. Cuando nos cuidamos entre todos y estamos atentos a lo que los otros necesitan. Cuando, a pesar de las diferencias, buscamos siempre la unidad y la paz. Cuando... escuchamos la palabra de Dios y la practicamos... eso nos hace famiilia de Cristo, eso nos hace familia.
¿Cómo llamarnos familia si no buscamos la unidad? ¿Cómo llamarnos familia cuando nos estamos criticando día sí y día también? ¿Cómo llamarnos familia si no aprendemos a perdonar como nos han perdonado? ¿Cómo llamarnos familia si no podemos ni vernos? ¿Cómo llamarnos familia si vivimos compitiendo unos con otros y buscando siempre la paja en el ojo ajeno?
Sí, nos falta mucho para llegar a ser familia humana y familia de Cristo.
Todos sabemos que el ideal que nos ha puesto el Señor para la vida es muy alto, demasiado alto: sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto, sed santos como vuestro Padre Celestial es Santo. Pero, aunque nosotros lo veamos imposibles, sabemos que para Dios nada es imposible. Bueno, sí, una cosa es imposible: abrir nuestro corazón y hacernos aceptar su voluntad. Es imposible para Él no porque no pueda hacerlo, sino porque no quiere destruir mi libertad de optar, no quiere arrebatarme el mejor regalo que nos dio: la libertad, el libre albedrío.
Porque somos tan libres, que hasta tenemos la libertad de negarlo a Aquél que nos creó y que nos hizo libres. Y Él que nos dió lo mejor de sí para nuestra vida, siempre estará esperando que, como María, le entreguemos nuestra libertad para hacernos plenos, para hacernos verdaderamente libres, pues la libertad de los hijos de Dios, es la veradera libertad que transforma los corazones y hace nuevas todas las cosas, incluso el corazón del malvado y del pecador, lo convierte en corazón de santo.
Cuando descubramos el Verdadero Valor de Vivir en Dios, entonces podremos entregarle nuestra libertad, y hacernos, como María, esclavos de Su Palabra, para alcanzar a ser perfecta familia de Cristo.

 

lunes, 21 de septiembre de 2020

Lo vio, lo amó y lo eligió

De las Homilías de san Beda el Venerable, presbítero

    Jesús vio a un hombre, llamado Mateo, sentado ante la mesa de cobro de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Lo vio más con la mirada interna de su amor que con los ojos corporales. Jesús vio al publicano y, porque lo amó, lo eligió, y le dijo: Sígueme. «Sígueme», que quiere decir: imítame.» Le dijo: «Sígueme», más Que con sus pasos, con su modo de obrar. Porque, quien dice que está siempre en Cristo debe andar de continuo como él anduvo.
    Él -continúa el texto sagrado- se levantó y lo siguió. No hay que extrañarse del hecho de que aquel recaudador de impuestos, a la primera indicación imperativa del Señor, abandonase su preocupación por las ganancias terrenas y, dejando de lado todas sus riquezas, se adhiriese al grupo que acompañaba a aquel que él veía carecer en absoluto de bienes. Es que el Señor, que lo llamaba por fuera con su voz, lo iluminaba de un modo interior e invisible para que lo siguiera, infundiendo en su mente la luz de la gracia espiritual, para que comprendiese que aquel que aquí en la tierra lo invitaba a dejar sus negocios temporales era capaz de darle en el cielo un tesoro incorruptible.
    Y sucedió que, estando Jesús a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores vinieron a colocarse junto a él y a sus discípulos. La conversión de un solo publicano fue una muestra de penitencia y de perdón para muchos otros publicanos y pecadores. Ello fue un hermoso y verdadero presagio, ya que Mateo, que estaba destinado a ser apóstol y maestro de los gentiles, en su primer trato con el Señor arrastró en pos de sí por el camino de la salvación a un considerable grupo de pecadores. De este modo, ya en los inicios de. su fe, comienza su ministerio de evangelizador que luego, llegado a la madurez en la virtud, había de desempeñar. Pero, si deseamos penetrar más profundamente el significado de estos hechos, debemos observar que Mateo no sólo ofreció al Señor un banquete corporal en su casa terrena, sino que le preparó, por su fe y por su amor, otro banquete mucho más grato en la casa de su interior, según aquellas palabras del Apocalipsis: Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno escucha mi voz y me abre la puerta entraré en su casa, cenaré con él y él conmigo.
   
Nosotros escuchamos su voz, le abrimos la puerta y lo recibimos en nuestra casa, cuando de buen grado prestamos nuestra asentimiento a sus advertencias, ya vengan desde fuera, ya desde dentro, y ponemos por obra lo que conocemos que es voluntad suya. Él entra para cenar con nosotros y nosotros con él. porque por el don de su amor habita en el corazón de los elegidos para saciarlos con la luz de su continua presencia, haciendo que sus deseos tiendan cada vez más hacia las cosas celestiales y deleitándose él mismo en estos deseos como en un manjar sabrosísirno.

domingo, 20 de septiembre de 2020

Quién es injusto?

"Él replicó a uno de ellos:
“Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.
Generalmente andamos con un ojo mirando lo que hacen los demás, y, sobre todo, cómo hacen los demás para tener más que yo. Eso significa que tengo envidia de cómo viven o de qué tienen los demás. Es decir, no estoy conforme con lo que yo tengo, hago o soy; algo que es propio de nuestra naturaleza, lo cual no quiere decir que esté bien o que nos haga bien.
No es bueno estar todo el día mirando lo que hacen los demás para compararme para bien o para mal, porque eso no me deja estar en paz ni conmigo mismo ni con los demás, y, mucha veces, se torna en una carrera insoportable para, como dice la canción, "ver quien la tiene más grande".
Pero, también, muchas veces escuchamos acerca de la injusticia de Dios, porque no hace lo que quiero, porque no me escucha, porque deja que pasen ciertas situaciones, etc., etc. Y, creo que la mayor injusticia no es la de Dios, sino que es la de los hombres, la nuestra, sin ir más lejos. Y para eso voy a poner ejemplos que pueden ser muy fuertes pero que hablan de que los injustos somos nosotros, porque sabiendo lo que hacemos lo hacemos mal.
Por ejemplo: nos quejamos cuando algún joven o niño muere, sin embargo, no son pocos los que avalan los abortos, no sólo que están a favor del aborto, sino los que se callan y no dicen ni pío cuando ven una situación así, y, muchas veces, son cómplices de ese asesinato.
Otro ejemplo: los gobiernos que están legislando a favor de la eutanasia. Nos volvemos a quejar de las muertes de las personas, pero, sin embargo estamos a favor de "dar una muerte buena" a quienes están postrados en las camas. ¿No es eso, también, matar a alguien sin su consentimiento? Ni siquiera con su consentimiento podemos dar muerte a alguien pensando en un bien mayor.
Y de ahí para abajo, hay muchos otros ejemplos que nos hablan de que tenemos los valores trastocados, de que no sabemos, o no queremos defender los valores de nuestra fe, de la vida, de la dignidad del hombre. Porque es fácil quejarse, pero siempre volvemos a caer en los mismos errores, porque, también, nos da miedo o vergüenza decir que creemos en otras cosas, o valoramos otros ideales.
Hoy si leemos literalmente las palabras de Jesús nos parece injusto el proceder de Dios, pero si aprendemos a leer con espíritu de fe vamos a descubrir otras realidad que están ocultas en esas palabras, y que no se pueden definir con palabras humanas, sólo la Luz del Espíritu nos hará comprender el sgnificado de las parábolas y la importancia de no sólo mirar lo que hace el otro, sino mirar y procurar que mi actuar sea coherente con lo que pienso y creo.

 

sábado, 19 de septiembre de 2020

Espiritual o terrenal?

"El primer hombre, que proviene de la tierra, es terrenal; el segundo hombre es del cielo. Como el hombre terrenal, así son los de la tierra; como el celestial, así son los del cielo. Y lo mismo que hemos llevado la imagen del hombre terrenal, llevaremos también la imagen del celestial".
Esta realidad de la que nos habla San Pablo no es sólo una realidad virtual o una realidad que se dió en Adán y Jesús, sino es nuestra propia realidad, nuestra propia vida. Nacimos como hombres terrenales, y, en la Pila Bautismal, volvimos a nacer como hombre espirituales, como hijos de Dios, configurados, por Gracia del Espíritu Santo, a imagen de Jesús resucitado. Esa es nuestra realidad, en un cuerpo mortal y terrenal, vive un hombre vivificado por el Espíritu que es imagen del Hombre Espiritual que alcanzará su plenitud cuando sea llamado a compartir la Vida en la Casa Paterna.
Mientras tanto hay dos hombres es cada uno de nosotros, dos realidad, como también le llama San Pablo: la carne y el espíritu, que luchan entre sí para poder dar vida a lo que cada uno quiere. ¿Cuál ganará? Eso depende de lo que querramos ser, de lo que sepamos que tenemos que ser y no de lo que queremos ser, o de lo que el mundo quiere que seamos.
El hombre terrenal, la carne, nuestros instintos y sentimientos nos hacen gustar y soñar diferentes realidades, pues vivimos y nos movemos en un mundo que no ha conocido y no quiere conocer a Dios. Un mundo que no respeta la vida y que quiere dominar sobre el Espíritu del Señor, buscando la constante destrucción del hombre por el hombre, engañandonos con pseudo verdades que nos quieren hacer creer de una dignidad que nos lleva a la masificación del individuo.
En cambio, el hombre espiritual que gusta de la Verdad Plena, sabe que hay una Voluntad, la de Dios, que nos lleva a la originalidad de nuestro ser y que, con el sacrificiio de "llevar a esclavitud" nuestra carne, alcanzaremos la verdad de nuestro ser, y la perfecta individualidad de nuestra vida nos dará la dignidad y plenitud que anhela todo ser humano, varón y mujer.
Por eso, San Pablo habla siempre de esa lucha interior entre la carne y el espíritu, sobre todo, porque consciente o inconscientemente el hombre espiritual va surgiendo y nos hace buscar y anhelar los bienes celestiales, que son los que dan verdadero sentido a la vida humana.
No pemitamos que los vientos cambiantes del mundo nos vayan llevando de un lado para el otro sin encontrar el verdadero sentido de nuestras vidas, sino que dejemos que soplo del Espíritu Santo nos indique y nos ayude a encontrar y recorrer el Camino que le da sentido y plenitud a nuestra vida.

 

viernes, 18 de septiembre de 2020

Humano o Divino?

"Pues bien: si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo ha resucitado. Pero si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también vuestra fe; más todavía: resultamos unos falsos testigos de Dios, porque hemos dado testimonio contra él, diciendo que ha resucitado a Cristo, a quien no ha resucitado... si es que que los muertos no resucitan".
San Pablo contra algunos que decían que los muertos no resucitaban, hace un hermoso razonamiento, que nos lleva a pensar cómo es nuestra fe y, sobre todo, en qué Cristo creemos, si en el Cristo Resucitado o en el Cristo muerto, en Jesús Hombre o en Jesús Dios, en el Hijo del Carpintero o en el Mesías hijo de Dios.
Muchas veces (y no pocas) nos encontramos con una fe que se basa en un Jesús amigo, hermano, cercano... que no está mal, es necesariio tener una relación de hermano, amigo con Jesús, porque eso me ayuda al diálogo y a la confianza, pero si sólo me quedo en el plano humano de Jesús, entonces sus palabras son sólo palabras humanas, consejos de cualquier amigo, y, por lo menos, consejos que puedo pedir pero no hacer (como generalmente hacemos cuando le pedimos consejo a alguien... si no nos gusta no lo seguimos)
Pero si además de relacionarme con Jesús amigo y hermano, se que es Dios y Señor de la Vida, y, sobre todo, Dios y Señor de mi vida, entonces tendré que darle más valor y peso a las Palabras que Él me dirije, porque sabe y conoce mi interior, y, me está pidiendo que siga un camino seguro para la salvación de mi alma y la plenitud de mi vida. Así, no sólo serán consejos de amigo, sino que serán Consejos de mi Dios y Señor, a quien le debo fidelidad en el Amor, y obediencia a Su Palabra.
¿Os dais cuenta cuál es la diferencia de sólo ver a Jesús desde l humano y no desde lo divino? Y, también, nos puede ocurrir lo contrario, como, a veces, nos pasa con algunas personas: lo vemos como un Dios lejano y nos cuesta acercarnos a Él, porque creemos que nunca llegaremos a vivir lo que Él vivió, ni poder hacer lo que Él nos pide.
Y aquí me viene a la cabeza una relfexión que hizo Edith Stein, Santa Teresa Benedicta de la Cruz, sobre este Dios de Amor infinito que nos ha pedido: amaos como YO os he amado. Ella pensando en este mandamiento de Jesús se decía (y nos dice) nunca podremos llegar a Amar como Dios, pues su Amor es Infinito, pero sí podremos llegar a amar como Él nos amó, porque Él se entrego por entero a nosotros, nos entregó toda Su Vida. Así, nosotros, para amar como Él nos amó, tendremos que entregar toda nuestra vida a su Plan de Salvación, a Su Voluntad, y así sí podremos Amar como Él nos amó, sin dejar nada para nosotros mismos, sino ser todo de Él.
Así, podremos entender que nuestra relación, aunque comience desde lo humano tendremos que elevarnos a una relación sobrenatural, para que nuestra naturaleza se vaya divinizando con la Gracia que el Señor nos va entregando, y, de ese modo, no sólo tendremos el nombre de hijos de Dios, sino que lo seremos en realidad, porque daremos testimonio de Su divinidad en nuestra humanidad, siendo radicalmente fieles a Su Palabra, que es Palabra de Dios.

 

jueves, 17 de septiembre de 2020

Purificar nuestro ser cristiano

"Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os anuncié y que vosotros aceptasteis, en el que además estáis fundados, y que os está salvando, si os mantenéis en la palabra que os anunciamos; de lo contrario, creísteis en vano".
"Creisteis en vano", le dice san Pablo a los Corintios, haciéndoles tomar en cuenta que cuando no vivimos lo que decimos creer, entonces vivimos en vano, o decimos en vano que somos algo que no somos o que no vivimos. ¿Por qué? Porque nadie nos obliga a decir que creemos en Cristo o que somos cristianos, si en realidad lo que queremos es vivir otra cosa u otra religión.
En estos "nuevos" tiempos, y no los tiempos nuevos del COVID, sino en estos tiempos en donde se mezclan todas las ideología, y donde no hay límites en nuestras formas de vida, y en donde todo vale para que yo sea feliz, creemos que podemos decir que somos cristianos viviendo otro evangelio que no sea el que nos han predicado los apóstoles, y que, como Iglesia, se ha aceptado como Palabra de Dios.
Pero, mirad, no es algo nuevo, pues ya Pablo al comienzo de la vida de la comunidad de los Corintios, se lo planteaba a ellos. Es decir no somos muy originales por querer mezclar preceptos religiosos en nuestras vidas, pero claro que, al querer vivir otros "mandamientos" y no los nuestros, entonces no esperes recibir lo que buscas sino lo que encuentres. Si digo que soy cristiano pero no vivo el evangelio de Cristo no esperes encontrarte con Cristo en el último día, porque en definitiva habrás dicho que eres cristiano pero no has vivido como cristiano.
"Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto yo como ellos predicamos así y así lo creísteis vosotros".
Y esta afirmación de Pablo es la que más me gusta: "por la gracia de Dios soy lo que soy", no es que Pablo se gloríe de sí mismo, sino de lo que Dios ha hecho con él, porque siendo que era judío y perseguidor de los cristiano, Jesús lo eligió y él se convirtió y con mucho esfuerzo, y con mucha guerra interna, consiguió alcanzar la meta que Dios le propuso y que él acepto. Por eso mismo se nos muestra como ejemplo de conversión, haciéndonos ver que, aunque, nos hubiésemos desviado del Camino que Jesús nos ha mostrado para vivir, siempre tenemos la oportunidad de volver a recomenzar y permanecer Fiel a esa Vida que Él vivió por y para nosotros; porque es esa vida la que decimos que vivimos, y, por lo tanto, tenemos que volver a analizarnos y descubrir qué cosas o ideas no evangélicas hay en mi vida para poder quitarlas y purificar así nuestro ser cristiano.

 

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Una fe generosa y firme

 De las cartas de san Cipriano, obispo y mártir

    Cipriano a su hermano Cornelio.
    Hemos tenido noticia, hermano muy amado, del testimonio glorioso que habéis dado de vuestra fe y fortaleza; y hemos recibido con tanta alegría el honor de vuestra confesión que nos consideramos partícipes y socios de vuestros méritos y alabanzas. En efecto, si formamos todos una misma Iglesia, si tenemos todos una sola alma y un solo corazón, ¿qué sacerdote no se congratulará de las alabanzas tributadas a un colega suyo, como si se tratara de las suyas propias? ¿O qué hermano no se alegrará siempre de las alegrías de sus otros hermanos?
    No hay manera de expresar cuán grande ha sido aquí la alegría y el regocijo, al enterarnos de vuestra victoria y vuestra fortaleza: de cómo tú has ido a la cabeza de tus hermanos en la confesión del nombre de Cristo, y de cómo esta confesión tuya, como cabeza de tu Iglesia, se ha visto a su vez robustecida por la confesión de los hermanos; de este modo, precediéndolos en el camino hacia la gloria, has hecho que fueran muchos los que te siguieran, y ha sido un estímulo para que el pueblo confesara su fe el hecho de que te mostraras tú, el primero, dispuesto a confesarla en nombre de todos; y, así, no sabemos qué es lo más digno de alabanza en vosotros, si tu fe generosa y firme o la inseparable caridad de los hermanos. Ha quedado públicamente comprobada la fortaleza del obispo que está al frente de su pueblo y ha quedado de manifiesto la unión entre los hermanos que han seguido sus huellas. Por el hecho de tener todos vosotros un solo espíritu y una sola voz, toda la Iglesia de Roma ha tenido parte en vuestra confesión.
    Ha brillado en todo su fulgor, hermano muy amado, aquella fe vuestra, de la que habló el Apóstol. Él preveía ya en espíritu esta vuestra fortaleza y valentía, tan digna de alabanza, y pregonaba lo que más tarde había de suceder, atestiguando vuestros merecimientos, ya que, alabando a vuestros antecesores, os incitaba a vosotros a imitarlos. Con vuestra unanimidad y fortaleza, habéis dado a los demás hermanos un magnífico ejemplo de estas virtudes. Y, teniendo en cuenta que la providencia del Señor nos advierte y pone en guardia y que los saludables avisos de la misericordia divina nos previenen que se acerca ya el día de nuestra lucha y combate, os exhortamos de corazón, en cuanto podemos, hermano muy amado, por fa mutua caridad que nos une, a que no dejemos de insistir junto con todo el pueblo, en los ayunos, vigilias y oraciones. Porque éstas son nuestras armas celestiales, que nos harán mantener firmes y perseverar con fortaleza; éstas son las defensas espirituales y los dardos divinos que nos protegen.
    Acordémonos siempre unos de otros, con grande concordia y unidad de espíritu, encomendémonos siempre mutuamente en la oración y prestémonos ayuda con mutua caridad cuando llegue el momento de la tribulación y de la angustia.

martes, 15 de septiembre de 2020

La Madre estaba junto a la Cruz

De los Sermones de san Bernardo, abad

    El martirio de la Virgen queda atestiguado por la profecía de Simeón y por la misma historia de la pasión del Señor. Éste -dice el santo anciano, refiriéndose al niño Jesús- está predestinado por Dios para ser signo de contradicción; tu misma alma -añade, dirigiéndose a María- quedará atravesada por una espada.
    En verdad, Madre santa, atravesó tu alma una espada. Por lo demás, esta espada no hubiera penetrado en la carne de tu Hijo sin atravesar tu alma. En efecto, después que aquel Jesús -que es de todos, pero que es tuyo de un modo especialísimo- hubo expirado, la cruel espada que abrió su costado, sin perdonarlo aun después de muerto, cuando ya no podía hacerle mal alguno, no llegó a tocar su alma, pero sí atravesó la tuya. Porque el alma de Jesús ya no estaba allí, en cambio la tuya no podía ser arrancada de aquel lugar: Por tanto, la punzada del dolor atravesó tu alma, y por esto, con toda razón, te llamamos más que mártir, ya que tus sentimientos de compasión superaron las sensaciones del dolor corporal.
    ¿Por ventura no fueron peores que una espada aquellas palabras que atravesaron verdaderamente tu alma y penetraron hasta la separación del alma y del espíritu: Mujer, ahí tienes a tu hijo? ¡Vaya cambio! Se te entrega a Juan en sustitución de Jesús, al siervo en sustitución del Señor, al discípulo en lugar del Maestro, al hijo de Zebedeo en lugar del Hijo de Dios, a un simple hombre en sustitución del Dios verdadero. ¿Cómo no habían de atravesar tu alma, tan sensible, estas palabras, cuando aun nuestro pecho, duro como la piedra o el hierro, se parte con sólo recordarlas?
    No os admiréis, hermanos, de que María sea llamada mártir en el alma. Que se admire el que no recuerde haber oído cómo Pablo pone entre las peores culpas de los gentiles el carecer de piedad. Nada más lejos de las entrañas de María, y nada más lejos debe estar de sus humildes servidores.
    Pero quizá alguien dirá: «¿Es que María no sabía que su Hijo había de morir?» Sí, y con toda certeza. «¿Es que no sabía que había de resucitar al cabo de muy poco tiempo?» Sí, y con toda seguridad. «¿Y, a pesar de ello, sufría por el Crucificado?» Sí, y con toda vehemencia. Y si no, ¿qué clase de hombre eres tú, hermano, o de dónde te viene esta sabiduría, que te extrañas más de la compasión de María que de la pasión del Hijo de María? Éste murió en su cuerpo, ¿y ella no pudo morir en su corazón? Aquélla fue una muerte motivada por un amor superioral que pueda sentir cualquier otro hombre; esta otra tuvo por motivo un amor que, después de aquél, no tiene semejante.
 

lunes, 14 de septiembre de 2020

Exaltar la Cruz

Hablar de exaltar la Cruz en un tiempo donde se vive el pansexualismo, y la libertad más libertina, es algo muy difíicl y de mucha dificultad para que algunos acepten el mensaje. Pero, en realidad, para los que creemos es el único mensaje que podemos recibir como mensaje de amor y salvación.
Para los que no creen la Cruz es un modelo de tortura, un antimodelo para el mundo moderno, un algo que hay que quitr de salones, escuelas, instituciones... y, si es posible de la vida del mundo. Y es el mismo motivo por el que eligieron la Cruz para matar al Hijo de Dios. Por eso les diría a los que quieren quitar la Cruz de la vida del mundo: fijaos que los que la construyeron no lograron su objetivo, y vosotros tampoco lo lograréis, por que la Cruz es la única "arma" que tenemos los que creemos en Dios para alcanzar la Salvación.
No podemos negar la crueldad de la muerte de Jesús, ni el dolor que Él paso en su Pasión, pero, también sabemos, que la Cruz no es el fin de nuestra vida, ni es el objetivo fundamental que nuestro Padre Dios quiso. Pero, desde el momento en que Jesús la asumió como camino de salvación, lo es para nosotros, también, un instrumento de salvación, y, sobre todo, para darle sentido a nuestro dolores y sufrimientos.
Como dice san Pablo: ¡Dios me libre de gloriarme si no es en al Cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo es para mí un crucificado, y yo un crucificado para el mundo! Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo lo que falta a las tribulaciones de Cristo en mi carne, en favor de su cuerpo, que es la Iglesia...
Así el nos ayuda a descubrir el sentido de nuestra Cruz de cada día, ofrecida por la salvación de los hombres, por quien mas necesite de la Gracia y de la fuerza de Dios. Por eso, no despreciamos al Cruz, al contrario, hemos de aceptarla en nuestra vida y tener un amor apasionado para que sea un instrumento de salvación y no de condena, un instrumento de fortaleza y no de debilidad.
Claro que no es propio de la naturaleza humana tener un amor por la Cruz, pero sí es propio de los cristianos amar la Cruz de cada día, pues así nos asociamos el Plan Redentor de Dios por la salvación de todos los hombres.

 

domingo, 13 de septiembre de 2020

Un camino difícil: perdonar

Creo que todas las lecturas de hoy y las recomendaciones del Señor, se pueden centrar o pueden encontrar sentido en el final del párrafo del Eclesiástico:
"Si él, simple mortal, guarda rencor, ¿quién perdonará sus pecados?
Piensa en tu final, y deja de odiar, acuérdate de la corrupción y de la muerte y corrupción, y sé fiel a los mandamientos.
Acuérdate de los mandamientos, y no guardes rencor a tu prójimo; acuérdate de la alianza del Altísimo y pasa por alto la ofensa".
Porque lo que Dios quiere es que todos podamos alcanzar, und ía, la Bienaventuranza en el Cielo, y por eso nos va dando las pistas y nos marca el Camino para poder llegar. Pero, en realidad, no es algo que pensemos en nuestra vida; no nos interesa mucho pensar en el Cielo, mientras estamos con los pies en la tierra. En la tierra se disfruta el momento, se vive en el mundo y hay mucho para hacer en el mundo, pero no pensamos en que un día nos llegará la hora (que no sabemos si será pronto o tarde) en que tendremos que volver a la Casa Paterna y ahí habrá un juicio acerca de lo que hemos hecho y vivido.
"En el atardacer de la vida seremos juzgados en el amor", dijo san Juan de la Cruz, y será esa la pregunta que nos hagan, porque, en realidad, perdonar o no perdonar, tiene como base amar a no amar, no sólo a mí mismo, sino a los demás.
No solo amarme a mi, sí, porque si me amara como Dios me ama, vería que dar el perdón a quién me ha ofendido me libera de esa realidad, porque cuando no perdono voy acumulando recuerdos, ira, rencor hasta que se llega a ocnvertir en odio, y el odio es peor que el COVID porque va matando mi alma, me consume desde adentro y se contagia a otros, porque ya no tendré alegría, paz, esperanza.
Y también amor a los demás, porque, Jesús cuando nos perdonó desde la Cruz, lo pudo hacer por amor, porque su misión: su vida, muerte y resurrección, la vivió por amor al Padre y a nosotros, y por eso viendo nuestra debilidad, "nos amó hasta el extremo", y así también lo hizo el Padre Dios.
Por supuesto que no es nada fácil perdonar, pero es el camino que nos trae la paz verdadera a nuestra alma y corazón, y el camino que nos lleva a la Vida verdadera. Por eso necesitamos, primero, disposición de corazón, disposición a perdonar, para que la Gracia de la Palabra, de los Sacramentos y, sobre todo, el Pan de la Vida, nos fortalezca y nos estimule a amar como Él nos amó, y a perdonar como Él nos perdonó.

 

sábado, 12 de septiembre de 2020

Renueva nuestros días

De las Disertaciones de san Atanasio, obispo

    El Verbo eterno del Padre no abandonó la naturaleza humana que corría hacia su ruina, sino que con la oblación de su propio cuerpo destruyó la- muerte bajo cuyo dominio el hombre había sucumbido, con sus enseñanzas corrigió los errores humanos y con su poder restauró los bienes que el género humano había perdido.
    Quienquiera que lea los escritos de los discípulos del Señor verá confirmado, con la autoridad de estos teólogos, lo que hemos afirmado. Leemos, en efecto, en estos escritos: El amor de Cristo nos apremia, al pensar que, si uno murió por todos, consiguientemente todos murieron en él; y murió por todos, para que los que viven no vivan ya para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos, nuestro Señor Jesucristo. Y en otro lugar dice: Vemos a Jesús, a quien Dios puso momentáneamente bajo los ángeles, coronado de gloria y de honor por haber padecido la muerte; así por amorosa dignación de Dios gustó la muerte en beneficio de todos.
    La Escritura nos da la razón por la que fue precisamente el Verbo de Dios y no otro el que tenía que hacerse hombre: Era conveniente para Dios -dice-, para quien y por quien son todas las cosas, que, queriendo llevar una multitud de hijos a la gloria, consumase en la gloria, haciéndolo pasar por los sufrimientos, al jefe de la salud de todos ellos. Con estas palabras se nos significa que librar a los hombres de la corrupción corresponde únicamente al Verbo de Dios, por quien fueron creados en el principio.
    La razón por la cual el Verbo quiso tomar carne y hacerse hombre no fue otra sino la de salvar a los hombres con quienes se había hecho semejante al asumir un cuerpo; así lo dice, en efecto, la Escritura: Como los hijos comparten carne y sangre, también él entró a participar de las mismas; así por su muerte reducía a la impotencia al que retenía el imperio de la muerte, es decir, al demonio; y libraba a los que por temor a la muerte vivían toda su vida sometidos a esclavitud. Así, al inmolar su propio cuerpo, destruyó la ley que había sido dada contra nosotros, y renovó nuestra vida, dándonos la esperanza de la resurrección.
    Pues si la muerte penetró en la humanidad fue por culpa de los hombres, en cambio, fue gracias a la encarnación del Verbo de Dios que la muerte fue destruida y se recuperó la vida, como lo afirma aquel apóstol, cuyo vivir era Cristo: Porque, como por un hombre vino la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos; y, así como todos mueren, asociados a Adán, así todos revivirán, asociados a Cristo, y lo demás que sigue. Ya no morimos, pues, como unos condenados, sino que morimos con la esperanza de resucitar de entre los muertos en el día de la resurrección universal que Dios realizará. cuando llegue el tiempo.

viernes, 11 de septiembre de 2020

Qué carrera corremos?

"¿No sabéis que en el estadio todos los corredores cubren la carrera, aunque uno solo se lleva el premio? Pues corred así: para ganar.
Pero un atleta se impone toda clase de privaciones; ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita.
Por eso corro yo, pero no al azar; lucho, pero no contra el aire; sino que golpeo mi cuerpo y lo someto, no sea que, habiendo predicado a otros, quede yo descalificado".
Hoy, generalmente, corrermos una carrera para alcanzar una meta, pero no la meta de la que habla san Pablo, sino una meta humana, una meta del tener, del aparentar, del conseguir una posición social o política o económica, sin importar lo que, por el camino, voy perdiendo. Sí, porque en el correr esta carrera, a veces sin sentido, se van perdiendo vivencias, relaciones, amistades e, incluso, en algunos casos, la familia queda de lado ante esta carrera.
Si esos mismos esfuerzos que ponemos para llegar a una meta que es pasajera, lo pusiéramos en alcanzar la meta espiritual de nuestro crecimiento, de nuestra santidad, veríamos cómo podemos llegar a poseer más de lo que nunca nos habíamos imaginado. Porque cuando nos dejamos conducir por la Mano del Señor hacia la Verdadera Meta, alcanzamos paz, seguridad, tranquilidad y, sobre todo, vamos, día a día, plenificando nuestro ser, llevando a plenitud aquellos deseos que el Señor había sembrado en nuestro corazón "antes de la creación del mundo".
Y, no sólo que no perdemos nada de lo que amamos, sino que ganamos más amor del que podemos repartir y dar, porque, se nos dará una medida colmada y robosada.
Por eso no nos dejemos convencer con el cuento de que la cerrera del mundo es la mejor competición de nuestra vida, porque esa carrera se convierte, muchas veces, en un vicio que nunca acaba, o mejor dicho, con un vicio que acaba con lo que más amamos, y, sobre todo, sin darnos cuenta que en el camino hemos ido perdiendo lo mejor de nosotros mismos, y aquello que nunca recuperaremos, que es el tiempo de compartir con nuestros amores.
Desgastemos nuestra vida viviendo de acuerdo con la Voluntad de Dios, sometamos, como dice san Pablo, nuestra carne a esclavitud y dejémonos convencer por nuestro Dios y Señor, que Él sí nos llevará a la mejor de las metas para nuestra vida y nos permitirá compartir y disfrutar de lo mejor de nuestras vidas.

 

jueves, 10 de septiembre de 2020

Un Camino difícil

"Hermanos:
El conocimiento engríe, mientras que el amor edifica".
San Pablo nos lo deja bien clarito, y eso no tiene más explicación que el aprender y saber que no podemos ser más que Dios, ni tampoco por mucho saber somos más sabios, sino por amar somos más santos, pues Dios no nos va a preguntar cuánto hemos aprendido o cuántos títulos hemos adquirido a lo largo de nuestra vida, sino que nos preguntará cuánto hemos amado: "En el atardecer de la vida seré juzgado en el amor", decía san Juan de la Cruz. Y así es, no podré llevar al día del juicio todos los títulos que he conseguido a lo largo de mi vida, ni todos los rosarios rezados, sino si he amado y perdonado como Él lo hio conmigo. Por eso, en el evangelio nos ofrece un buen examen de conciencia el Señor, y así lo voy a repetir ahora:
«A vosotros los que me escucháis os digo:
* amad a vuestros enemigos,
* haced el bien a los que os odian,
* bendecid a los que os maldicen,
* orad por los que os calumnian.
* Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra;
* al que te quite la capa, no le impidas que tome también la túnica.
* A quien te pide, dale;
* al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.
* Tratad a los demás como queréis que ellos os traten.
* Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman.
* Y si hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo.
* Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.

Por el contrario,
* amad a vuestros enemigos,
* haced el bien
* y prestad sin esperar nada;
será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los malvados y desagradecidos.

* Sed compasivos como vuestro Padre es misericordioso;
* no juzguéis, y no seréis juzgados;
* no condenéis, y no seréis condenados;
* perdonad, y seréis perdonados;
* dad, y se os dará:
os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante,
* pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».
No es un camino fácil pero es el único Camino que nos lleva a la plenitud de nuestra santidad. "Para Dios no hay nada imposible".

 

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Vivo sin vivir en mí

"Digo esto, hermanos, que el momento es apremiante. Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina".
Se podría pensar que san Pablo estaba en uno de esos días donde todo es negro, y donde el fin es inminente. Pero no, san Pablo no era un pesimista, sino que miraba la vida con los ojos de Dios, es decir, sabía que lo que Él había encontrado: a Jesús, era una vida nueva, aquí en la tierra, pero que la verdadera vida no estaba aquí, sino que íbamos camino hacia allá. Pero, a la vez, era consciente de que la vida que nos esperaba es la vida que vamos construyendo, día a día, con nuestra fidelidad a la Voluntad de Dios.
Por eso, él se limita a hacernos descubrir que esta vida terrenal es pasajera, que llegará un día en que terminará, y ¿qué hemos hecho para recibir la vida eterna? ¿Hemos trabajado para alcanzar la Vida Eterna que Jesús nos prometió?
Muchas veces vemos gente que está empecinada en acumular bienes como si fuera a vivir eternamente en la tierra, bienes que nunca podrá llevarse a la eternidad, y ¿qué es lo que se llevará? ¿Qué es lo que ha cultivado en su corazón?
Claro está que los bienes que nos permite el Señor tener son eso, siempre y cuando los usemos para el Bien, sino pasan a ser males que no nos dejan vivir en la Bondad, el Amor, al Esperanza, la Alegría, sino que siempre se estará pendiente del valor de los bienes y no del amor por las personas. Y, menos aún, del cuidado de nuestra alma para no caer en la obsesión del mundo: tener para ser, siendo que la verdad se demuestra en el ser y no en el tener.
Así que no nos preocupemos de los bienes, siempre y cuando vivamos en Fidelidad a la Voluntad de Dios, los bienes serán un anexo en nuestra vida que nos darán más paz o menos paz, de acuerdo en cómo llenemos nuestro corazón, porque donde esté tu tesoro ahí estará tu corazón. Por eso, tengamos lo que tengamos aprendamos a disfrutarlo, pero, sobre todo, aprendamos a disfrutar de las personas que tenemos a nuestro lado y, buscando, en cada momento, cuál es la Voluntad de Dios para mi vida, pues ahí el Señor nos dará la Gracia para vivir en Fidelidad a la Vida que nos verdaderamente nos plenitica y nos lleva a la Eternidad.

 

martes, 8 de septiembre de 2020

Y tú la más pequeña

Esto dice el Señor:

«Y tú, Belén de Efratá, pequeña entre los clanes de Judá, de ti voy a sacar al que ha de gobernar Israel; sus orígenes son de antaño, de tiempos inmemoriales.

No sólo tomó la pequeñez de Belén, el Señor, para mostrar su grandeza, sino que “miró con Bondad, la pequeñez” de María, para hacer maravillas. Y, por supuesto, no sólo hizo maravillas porque de Ella nació el Salvador, nuestro Dios y Señor, sino porque Ella fue quien escuchó y practicó la Palabra de Dios.

En la pequeñez de la Esclava del Señor podemos descubrir cuánto puede hacer el Señor con un corazón disponible hasta el infinito, cuánto puede hacer Dios si lo dejamos entrar en nuestras vidas y no le ponemos excusas para que Él pueda obrar con nosotros, para que Él nos pueda usar como instrumentos.

Y, está visto, que no necesita grandes mentes, ni grandes hombres (varones o mujeres) sino que necesita corazones abiertos a renunciar a sí mismos y dejarse llenar por la Gracia, para poder hacer la Voluntad del Padre. Sí, porque María no hizo otra cosa más que creer, y, por eso, confiando en el Amor de Dios se hizo su Esclava, y así la más grande entre los Hombres, a la que veneramos por generaciones y a quien, confiados, como hijos, le rogamos para que nos alcance del Padre la Gracia para imitarla y, como Ella, llevar la Vida de Dios al mundo.

Por todo esto, mirando hoy a María, no dejemos que las excusas del mundo nos impidan abrir el corazón, de par en par, a la Gracia de Dios, para que, como Ella también nosotros podamos ser verdaderos instrumentos en las manos de Dios, y dejándolo hacer en nuestras vidas, como un alfarero con su barro, podemos llegar a ser Hombres Nuevos que, con el testimonio de sus vidas, puedan renovar el mundo y construir así, unidos como hermanos, el Reino de Dios aquí en la tierra.


lunes, 7 de septiembre de 2020

Mucha paz tienen los que aman tus leyes

Del Sermón de san León Magno, papa, Sobre las bienaventuranzas

    Con toda razón se promete a los limpios de corazón la bienaventuranza de la visión divina. Nunca una vida manchada podrá contemplar el esplendor de la luz verdadera, pues aquello mismo que constituirá el gozo de las almas limpias será el castigo de las que estén manchadas. Que huyan, pues, las tinieblas de la vanidad terrena y que los ojos del alma se purifiquen de las inmundicias del pecado, para que así puedan saciarse gozando en paz de la magnífica visión de Dios.
    Pero para merecer este don es necesario lo que a continuación sigue: Dichosos los que obran la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Esta bienaventuranza, amadísimos, no puede referirse a cualquier clase de concordia o armonía humana, sino que debe entenderse precisamente de aquella a la que alude el Apóstol cuando dice: Estad en paz con Dios, o. a la que se refiere el profeta al afirmar: Mucha paz tienen los que aman tus leyes, y nada los hace tropezar.
    Esta paz no se logra ni con los lazos de la más íntima amistad ni con una profunda semejanza de carácter, si todo ello no está fundamentado en una total comunión de nuestra voluntad con la voluntad de Dios. Una amistad fundada en deseos pecaminosos, en pactos que arrancan de la injusticia y en el acuerdo que parte de los vicios nada tiene que ver con el logro de esta paz. El amor del mundo y el amor de Dios no concuerdan entre sí, ni puede uno tener su parte entre los hijos de Dios si no se ha separado antes del consorcio de los que viven según la carne. Mas los que sin cesar se esfuerzan por mantener la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz, jamás se apartan de la ley divina, diciendo, por ello, fielmente en la oración: Hágase tu voluntad en la tierra corno en el cielo.
    Éstos son los que obran la paz, éstos los que viven santamente unánimes y concordes, y por ello merecen ser llamados con el nombre eterno de hijos de Dios y coherederos, de Cristo; todo ello lo realiza el amor de Dios y el amor del prójimo, y de tal manera lo realiza que ya no sienten ninguna adversidad ni temen ningún tropiezo, sino, que, superado el combate de todas las tentaciones, descansan tranquilamente en la paz de Dios, por nuestro Señor Jesucristo, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

domingo, 6 de septiembre de 2020

Lo complicado del Amor

"A nadie le debáis nada, más que el amor mutuo; porque el que ama ha cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás», y cualquiera de los otros mandamientos, se resumen es esto: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».
El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor".
Lo más hermoso y lo que todos esperamos alcanzar, es lo más difícil de vivir: la plentiud del amor. Sí, porque el amor del que estamos hablando no es el simple amor humano, sino el amor divino, aquél que nos enseñó Jesús a vivir cuando por Amor se anonadó a sí mismo y se entregó en la Cruz para nuestra Salvación; y, antes de entregar su vida por nosotros nos dijo: "amáos unos a otros como YO os he amado".
Por eso san Pablo nos dice que la plenitud de la Ley es el Amor, no hay mayor ley que esa, y es la que simplifica y complica toda nuestra vida de cristianos. Sí, la complica, porque sería mucho más fácil que nos hubiera dicho: si vais todos los domingos a misa seréis mis discípulos; si rezais todos los días el rosarios se darán cuenta que sois mis discípulos... pero no, no dijo ninguna de esas cosas, sino que dijo: "en la medida en que se amen unos a otros el mundo sabrá que sois mis discípulos".
Y sí, ahí vamos caminando, dando tumbos, porque no siempre amamos como deberíamos, pero tampoco hacemos el esfuerzo de perdonarnos como tenemos que hacerlo, por eso la civilización del amor, como la llamó San Pablo VI, no llega a su plenitud.
¿Por qué no podemos amarnos como Él nos amó? Porque no lo hemos entendido al Nuevo Mandamiento, porque, tampoco, creo, que se nos ha enseñado a vivirlo. Sí se nos ha enseñado a memorizar los otros 10 que, en definitiva, son más fáciles, porque, se podría decir que son los 10 primeros escalones para ser, básicamente, buenos. Pero... "un mandamiento nuevo os doy"... y ahí nos complicó nuestro "cumplir" con la Ley, porque el mandamiento nuevo nos exige vivir y no sólo cumplir.
Así Jesús no destruyó ni destituó la Ley de Moisés, sino que le dio cumplimiento, con la exigencia de una vida nueva: Vida en el Amor, y no sólo el cumplir con una serie de normas, sino el vivir una Vida Nueva.

 

sábado, 5 de septiembre de 2020

Los juicios fariseos

"Un sábado, iba Jesús caminando por medio de un sembrado y sus discípulos arrancaban y comían espigas, frotándolas con las manos.
Unos fariseos dijeron:
«¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?».
Siempre hay gente que no va mirando lo que hace, sino que se la pasa mirando lo que hacen los demás, pero no para aprender sino para juzgar y quejarse, porque ellos no lo hacen como yo. Eso es lo que le pasaba a los fariseos ¿por qué ellos no hacen las cosas como las hago yo? Como siempre digo: las comparaciones son malas, y sobre todo cuando comparo para condenar al otro porque no hace las cosas como a mi me gustaría que las hiciera.
Muchas veces queremos o pretendemos disponer de la vida de los demás, sin mirar cómo es la nuestra, o qué es lo que estamos haciendo nosotros, o, mejor dicho ¿por qué hacemos lo que hacemos? o ¿con qué fin hacemos lo que hacemos? Porque todo lo que hacemos tiene que tener un sentido, un para qué. Y ahí está la respuesta a mi pregunta: cuando alguien no encuentra un sentido para la vida, entonces se pone a juzgar y criticar la vida de los demás. Y, entonces, ahí vendría la pregunta ¿para qué juzgais y criticais mi vida? ¿queréis que mi vida sea como la tuya? ¿Qué tiene tu vida para que yo quiera imitarla?
Los fariseos se la pasaban mirando y juzgando lo que hacía Jesús y sus apóstoles, pero sólo en base a la letra de la ley, y por eso buscaban, constantemente, una excusa o un argumento para poder condenarlo y quitárselos de en medio, porque, en realidad, las palabras y las actitudes de Jesús cuestionaban sus vidas y su forma de actuar.
Y, muchas veces, a nosotros nos ha de pasar lo mismo. O, mejor dicho, nos tendríamos que preguntar si nos pasa lo mismo: cuestionamos a los demás porque sus vidas me cuestiona a mí? o realmente queremos que ellos puedan alcanzar una vida tan feliz y digna como la mía?
San Pablo al final de la carta de hoy les decía:
"No os escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros. Porque os quiero como a hijos; ahora que estáis en Cristo tendréis mil tutores, pero padres no tenéis muchos; por medio del Evangelio soy yo quien os ha engendrado para Cristo Jesús".
Y esa tiene que ser nuestra actitud y el sentido de nuestro querer ayudar a nuestros hermanos a que encuentren el verdadero camino hacia la santidad.