domingo, 5 de enero de 2020

Volvamos la mirada hacia el Pesebre

"Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió".
Volvamos la mirada al pesebre de Belén y admiremos lo que hay en el: un Niño, un pequeño niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. ¿Cómo podemos llegar a saber que ese pequeño es Dios mismo que ha nacido para nosotros? Es un misterio admirable y nos admiramos de ese misterio, pues no vemos en Él a un simple niño, sino que, por el regalo de la fe, simplemente vemos a Dios hecho Hombre, hecho Niño que viene a nuestras vidas.
Pero eso lo vemos con los ojos de la fe. Humanamente, para algunos, es un simple cuento infantil que no sirve para nada. Y, para otros, no es el Dios que se esperaba ni cómo se esperaba, por eso tampoco creyeron en él. Y, en otros casos, como Herodes, hay que quitarlo del medio porque viene a quitarnos el poder que tenemos.
Pero los humildes de corazón como los pastores; o los que buscan la verdad como los Magos de Oriente, se dejan guiar por las manifestaciones de Dios y pueden llegar a adorar a un simple niño que ha nacido, pero que Dios le ha dicho que es el Salvador del mundo.
Son esos corazones los que se abren al misterio y se dejan conducir hacia la Verdad, los que reciben la Luz y no rechazan su esplendor. Pero los demás, rechazan a la misma Luz porque gozan de vivir en las tinieblas del error, en las tinieblas de sus propios errores.
"El verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre viniendo al mundo.
En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no la conoció.
Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.
Pero a cuantos la recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre".
Quien tiene el corazón humilde porque busca la Verdad se deja iluminar por la Luz de aquél que ha nacido para marcar el Camino de la Verdad que nos conduce a la Vida, pues Él mismo, ese Niño que ha nacido, es el Camino, la Verdad y la Vida. Y ese Niño viene a nosotros a llenarnos de Luz, a iluminar nuestro camino hacia la Vida de hijos de Dios, porque hemos creído en su nombre, porque hemos conocido su vida, y lo hemos recibido en nuestro corazón.
Son pocos los días que nos quedan del Tiempo de Navidad, no dejemos de volver la mirada hacia el Niño que ha nacido en el Portal, para que su Luz, como a los Magos, nos guíe siempre hacia ese pesebre en el que no solamente nace Él, sino que nosotros tenemos que nacer con Él a la vida de hijos de Dios. Así, cada día, al volver al pesebre volveremos a vivir la Gracia y gustaremos de la Luz de la Navidad.

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