miércoles, 8 de enero de 2020

Siempre se manifiesta

El día de Navidad Dios se manifestó a los pastores por medio de los ángeles. En la epifanía lo hizo con los Magos de Oriente por medio de las estrellas del Cielo. En el Jordán por su voz y el espíritu santo que descendió en forma de paloma. Hoy vemos que la divinidad de Jesús se manifiesta por medio de la multiplicación de los panes y los peces, por los milagros que hace y, sobre todo, por el mensaje que da a los pobres de corazón.
Dios no tiene una fórmula exacta o igual para todos o para cada momento, sino que Él siempre nos está enviando mensajes y su Palabra nos está indicando hacia dónde tenemos que ir, hacia dónde caminar. Pero solamente lo descubren aquellos que tienen el corazón necesitado y libre de rigideces humanas.
Cuando el corazón del hombre está necesitado de Dios, Dios se compadece de él y le manifiesta su amor de cualquier modo, pues para Él no hay nada imposible.
Por eso, en este tiempo antes de finalizar el Tiempo de Navidad, la liturgia nos va mostrando, por un lado que Dios nos ama tanto que siempre encuentra el modo de acercase a nosotros y mostrarnos su inmenso amor, su compasión por nuestro dolor, por nuestra debilidad. Y, por otro lado, nos hace ver cómo quienes quieren encontrarlo lo encuentran y al encontrarlo lo adoran, como a Dios verdadero, como Luz que ha venido al mundo para iluminar y dar sentido a nuestras vidas.
Dios no tiene fórmulas para darse a conocer, o mejor, dicho las tiene a todas y en todo momento se está manifestando ante nuestros ojos, pero no siempre nuestros ojos y, sobre todo nuestro corazón, están dispuestos a creer, a ver, a encontrar. Pero cuando el corazón se abre al misterio, cuando el corazón deja de pensar a Dios con criterios humanos y adultos, Él se manifiesta e ilumina toda la vida de sus hijos, y los llena del Amor de su Corazón, para que, a pesar de las dificultades y oscuridades de la vida, pueda seguir caminando hacia la plenitud, hacia la Verdadera Vida.
"En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su unigénito, para que vivamos por medio de él.
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados".
Quienes llegaron a ver a Dios en el pequeño Niño de Belén volvieron llenos de alegría a sus casas y contaron lo sucedido.

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