"A continuación, David se levantó, salió de la cueva y gritó detrás de Saúl:
«¡Oh, rey, mi señor!».
Saúl miro hacía atrás. David se inclinó rostro a tierra y se postró.
Y dijo a Saúl:
«¿Por qué haces caso a las palabras que dice la gente: David busca tu desgracia”? Tus ojos han visto hoy mismo en la cueva que el Señor te ha entregado en mi mano. Han hablado de matarte, pero te he perdonado, diciéndome: “No alargaré mi mano contra mi amo, pues es el ungido del Señor”.
A pesar de que Jonatan había disuadido a Saúl, hubo otras vocees que volvieron a herir el corazón de Saúl con la envidia y el odio hacia David. Tanto es así que David se dejó convencer por sus soldados de salir a matar a Saúl, antes que él le de muerte. Pero el corazón de David encontró la luz de la paz y la bondad volvió a él. Y, sobre todo, su actitud le permitió reconocer a Saúl, a pesar de su mala conducta, a un ungido del Señor. Por eso, este diálogo que copié es el que nos tiene que ayudar constantemente: no somos quienes para matar (ni de acción ni de palabras) a un ungido del Señor, y todos los bautizados somos ungidos del Señor, es más, en todos los hombres está el Señor, por eso, Jesús nos dijo: "lo que hagáis a uno de estos mis pequeños hermanos a mí me lo hacéis".
"Como dice el antiguo proverbio: “De los malos sale maldad”. Pero en mí no hay maldad".
A veces nos surgen esos malos pensamientos, sobre los demás o sobre uno mismo, pero siempre tendremos que buscar la Luz del Bien, de la Verdad, para volver a encontrar el camino de dejar atrás los pensamientos que nos hacen mal, para que el mal no se haga parte de nosotros, ni tan siquiera en los famosos "pecados piadosos".
"Saúl levantó la voz llorando. Y siguió diciendo:
«Eres mejor que yo, pues tú me tratas bien, mientras que yo te trato mal. Hoy has puesto de manifiesto tu bondad para conmigo, pues el Señor me había puesto en tus manos y tú no me has matado".
Es el bien el que siempre gana la batalla, si hacemos lo que es correcto, lo que es Voluntad de Dios, y no lo que nuestros instintos nos dicen que hagamos, porque no somos sólo hombres, sino que somos hijos de Dios, ungidos del Señor, y eso tiene que marcar la diferencia en nuestra sociedad: no nos dejemos convencer por las bocas de destilan envidias, odios, rencores... sino que busquemos siempre el Espíritu del Señor para que fructifique en nosotros: paz, serenidad, verdad, esperanza, alegría, verdad, fidelidad...
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.