"Las mujeres cantaban y repetían al bailar:
«Saúl mató a mil, David a diez mil»
A Saúl le enojó mucho aquella copla, y le pareció mal, pues pensaba:
«Han asignado diez mil a David y mil a mí. No le falta más que la realeza»
Desde aquel día Saúl vio con malos ojos a David.
Saúl manifestó a su hijo Jonatán y a sus servidores la intención de matar a David".
Después de la gran hazaña de matar a Goliat, David recibió el elogio de todo el pueblo. Pero ese elogio no le gustó al Rey Saúl, que se puso celoso de lo que la gente decía sobre David. Y los celos pueden llegar a ser muy malos...
Cuando nos dejamos llevar por los instintos humanos-animales, como pueden ser los celos, el instinto de conservación, y a eso le sumamos la envidia y el orgullo herido, suceden muchas cosas que, a veces, no podemos contenerlas y nos llevan por el mal camino.
Saúl dejó que los celos le hicieran creer que David quería usurpar su lugar como Rey, y por eso decide matarlo, para quitárselo de encima.
Es ahí donde vemos cómo, cuando nos dejamos convencer por lo que daña nuestro orgullo, o nuestra vanidad, los pensamientos se vuelven tan oscuros que nos llevan a tomar decisiones que, al parecer, pueden ser lo mejor para nosotros, pero que son un gran pecado contra los demás. Porque ¿qué culpa tiene el otro de recibir mejores halagos que yo?
"Jonatán habló bien de David a su padre Saúl. Le dijo:
«No hagas daño el rey a su siervo David, pues él no te ha hecho mal alguno y su conducta ha sido muy favorable hacía ti. Expuso su vida, mató al filisteo y el Señor concedió una gran victoria a todo Israel. Entonces te alegraste al verlo. una gran victoria; bien que te alegraste al verlo. ¿Por qué hacerte culpable de sangre inocente, matando a David sin motivo?».
Saúl escuchó lo que le decía Jonatán, y juró:
«Por vida del Señor, no morirá».
Y, frente a la mala actitud del Rey, tenemos la buena actitud de su hijo, Jonatan, quien tuvo el valor de ayudarle a su padre a ver la verdad de la situación.
No siempre encontramos a alguien que nos ayude a ver con claridad. A veces hay gente que viene a hincar el dedo en la herida y a hacer que el dolor y el rencor y el mal deseo se profundicen y no me ayuden a descubrir la verdad de todo.
Por eso, aunque, los malos pensamientos y los malos deseos entren en el corazón, busquemos el remedio para no dejarnos convencer por el mal, sino que sea el Espíritu quien nos ayude a sanar el dolor o seamos instrumentos de paz y no de guerra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.