viernes, 10 de enero de 2020

Amar sin mentiras

"Queridos hermanos:
Nosotros amemos a Dios, porque él nos amó primero. Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve.
Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano".
Esta frase de la carta de san Juan es lo más difícil que tenemos los cristianos para vivir. Porque no siempre podemos amar a todos con la misma intensidad, pero, también es cierto, que no siempre hacemos el esfuerzo para amar a todos como Jesús nos amó a nosotros.
Seguramente en cada uno de nosotros hay alguna persona que se nos ha quedado cruzada en el corazón, por que nos hizo algo, porque dijo algo, porque esto o por lo otro, y a esa persona ya no le hablo o ya no me habla, o juré no hablarle nunca más. Hay heridas que son difíciles de cerrar y hay heridas que no quiero cerrar. Hay ofensas que son difíciles de olvidar y hay ofensas que no quiero olvidar. A veces no puedo y otras veces no quiero. Nos pasa a todos. ¿Cuál es mi situación?
Y a esto se refiere san Juan: no es que tengamos que amar a todos con la misma intensidad, pues habrá diferentes formas de amar; pero lo importante es no cerrar nuestro corazón al amor a los hermanos, especialmente, como dice el Señor: si amáis a quienes os aman qué mérito tenéis, eso también lo hacen los paganos... en cambio yo os digo: amad a vuestros enemigos, rezad por quienes os persiguen...
No cerrar nuestro corazón a tener que perdonar, a pedir perdón, a amar a mi hermano porque en Él está el Señor y "todo lo que hiciste con mis hermano a mí me lo hacéis" (o algo parecido dice el Señor) Ver a Jesús en el corazón de nuestros hermanos, y especialmente en los que menos amo, es un acto de fe y por eso necesito fortalecer mi fe, mi amor.
¿Acaso el amor de Jesús por nosotros, siendo aún pecadores, no le implicó el mayor de los dolores y el mayor de los sacrificios? "Padre, perdónales porque no saben lo que hacen". Y, seguramente, sabían lo que hacían. Los que lo condenaron a muerte sabían lo que hacían, porque se habían cerrado a reconocerlo como Hijo de Dios.
Muchas veces, también, pensamos: pero quien me hizo eso sabía lo que me hacía ¿cómo voy a perdonarlo? De la misma manera que Jesús te perdona a tí cuando vas al confesionario y te absuelve de tus pecados. Y ¿no sabes tú cuando pecas y cuando no? Sin embargo el Señor nos perdona porque nos ama infinitamente.
Y, por último, está claro que no podremos amar como Él nos amó, sino no mantenemos una relación constante con Jesús, sobre todo, con la Eucaristía. ¿Cómo amar si el Amor no está en mi?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.