«¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?».
El contestó:
«Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”.
El testimonio de Juan Bautista sobre sí mismo, nos ayuda, al comienzo del año, a preguntarnos, también nosotros, cuál es nuestra misión, cuál es nuestra vocación, porque sabiendo respondernos podemos encontrar el Camino para alcanzar la meta.
Para el cristiano es necesario saber qué es lo que el Padre ha soñado para cada uno. Saber cuál es nuestra vocación: matrimonio o vida consagrada, nos ayuda a darle sentido a todo lo que vamos viviendo y cómo lo vamos viviendo. Y, sobre todo, a darle un sentido a lo que Dios nos permite vivir cada día.
Encontrar la respuesta al "quien soy", nos ayuda a aceptar las renuncias que el Padre nos pide vivir cada día, porque esas renuncias, son las que van a ir fortaleciendo nuestra entrega, van a ir consolidando nuestro ser ante Dios y ante el mundo, para que sepa qué cosas aceptar, qué hacer, cómo hacerlo y cuándo.
Nuestro Padre Dios nos ha dado a cada uno los talentos necesarios para ponerlos al servicio de la salvación del mundo, pero esos talentos, se realizan o se ponen en práctica dentro de nuestra vocación, de nuestro llamado. Por eso, al comenzar un nuevo, es el momento de volver a encontrar el sentido de nuestra santidad, saber o renovar nuestra promesa de fidelidad a la Voluntad de Dios para que el Plan de Salvación se vaya realizando, en nosotros y, con la Gracia de Dios, por nosotros.
Juan Bautista, por las respuesta que le daba a los fariseos, sabemos que tenía muy en clara cuál era su vocación y quién era él, para qué el Señor lo había llamado a la vida y lo había llamado en ese momento de la historia. Pero, también, sabía muy quien no era, por eso no imitó a nadie ni quiso ser como nadie, sino supo ser lo que Dios quería que él fuese: "una voz que clama en el desierto".
Es así que, en la oración, la reflexión de la Palabra, encontraremos nuestra propia vocación, nuestra propia identidad para poder ser Fieles al Plan de Salvación de Dios, del cual somos parte y protagonistas: vosotros sois la luz del mundo... sois la sal de la tierra... sois el fermento en la masa...
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