«¿Se trae el candil para meterla debajo del celemín o debajo de la cama?, ¿no es para ponerla en el candelero?"
Es claro que el Señor está hablando de nuestras buenas obras que son las que guían a los que buscan la luz, y que, por eso mismo, nos ha dicho: "vosotros sois la luz del mundo".
Pero también tenemos que mirar la frase desde el otro lado: nuestras malas obras, en lugar de ser luz, son oscuridad, porque no guiarán a los hombres hacia la Luz verdadera, sino que saldrán corriendo en dirección contraria.
A veces creemos que no actuamos tan mal, pero en realidad, lo que no somos es luz, porque nuestras obras no hablan de la Verdad, de la Vida, sino que al no ser nuestras obras voluntad de Dios, son obras humanas, y guían hacia los hombres, y los hombres no dan la vida eterna, no tienen el poder de sanación y salvación que tiene sólo Jesús, pues Él es el Señor y Salvador.
Por eso el Señor nos advierte:
"No hay nada escondido, sino para que sea descubierto; no hay nada oculto, sino para que salga la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga».
No creamos que, porque las cosas malas las hacemos en secreto no serán descubiertas, sí que lo son. Y no creamos que porque hablamos a espaldas de nuestros amigos no lo escucharán, sí lo harán. Pero, aunque no se vea o aunque no se escuche, es el Señor quien juzga las intenciones y las acciones de cada uno de nosotros, y Él todo lo sabe y todo lo ve. Y cuando no somos luz, sino tinieblas y oscuridad, entonces nuestras acciones contaminan la vida de la Gracias del Cuerpo de Cristo.
Les dijo también:
«Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene».
¿Cuál es la medida que uso con los demás? Está dada en los juicios que hago hacia los demás, en modo no sólo de juzgarlos, sino, también, de condenarlos, porque cuando juzgo o prejuzgo a alguien, seguramente divulgo lo que pienso, y el hablar de los demás, es lo que nos da la medida de lo que soy y de lo que pueden hacer los demás con uno. Pero, sobre todo, será la medida con la que Dios juzgue mis obras y mi vida, porque, en realidad, la medida es el Amor.
Y ¿qué se nos quitará o qué se nos dará? La disposición del corazón para vivir en la Voluntad de Dios, la disposición para ser Fiel a la Voluntad de Dios. En mis obras y palabras se descubre cuán dispuesto estoy a vivir en la Voluntad de Dios y en su Gracia, si, a pesar de mis tentaciones y tropiezo y caídas, sigo adelante y lo busco a Él, sólo a Él, Él me dará siempre más para poder seguir en pie y buscando el Camino de la santidad. En caso contrario nada recibiré porque lo que busco no es Su Voluntad, sino la mía.
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