lunes, 20 de enero de 2020

El precio de la obediencia

"Samuel exclamó:
«¿Le complacen al Señor los sacrificios y holocaustos tanto como obedecer su voz? La obediencia vales más que el sacrificio, y la docilidad más que la grasa de carneros. Pues pecado de adivinación es la rebeldía y la obstinación, mentira de los terafim. Por haber rechazado la palabra del Señor, te ha rechazado como rey».
Saúl, a quien le está hablando Samuel, de parte de Dios, había sido elegido Rey de Israel por el Señor, y él había aceptado esa elección. Quizás, como cada uno de nosotros que ha aceptado la llamada del Señor a seguirlo. Pero no basta sólo con decir que sí al llamado y lanzarnos al ruedo, sino que después de un sí dado a Dios, hay que seguir siendo Fiel a su voluntad. Y, tampoco basta, como dice Saúl, que ya haya cumplido pero a medias, una parte he cumplido y después hice lo que quise.
"La obediencia vale más que el sacrificio", porque en realidad ser obediente implica un sacrificio mayor, pues tengo que renunciar a mis criterios y aceptar los que el Señor me pide vivir.
Por eso Jesús, en el evangelio nos dice:
"Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos".
Si has aceptado o elegido un camino nuevo a recorrer, una vida nueva a vivir, no dejes que te invadan los pensamientos antiguos de un hombre viejo, sino acepta el desafío de Jesús de vivir como Verdadero Hombre Nuevo, siendo, como Él Fiel a la Voluntad de Dios, pero en todo momento.
Una vez alguien decía: "ya acepté el camino del señor, ahora hago lo que quiero". Y no, porque no es sólo aceptarlo sino vivirlo intensamente ¡ese es el mayor sacrificio y desafío! para estos tiempos que vivimos.
Es cierto que no rechazamos la palabra de Dios, pero tampoco la aceptamos, por eso mismo, el Señor le decía a Saúl: "por haber rechazo la palabra del Señor, te ha rechazado como rey". A veces sentimos que el Señor nos ha dejado solos, y es por eso, porque somos nosotros quienes nos hemos distanciado haciendo lo que es nuestro gusto y no lo que es Su Voluntad. Él tiene la Gracia para aquellos que quieran hacer Su Voluntad, pero si no quieres hacer Su Voluntad ¿para qué quieres Su Gracia? Si no quieres vivir con tus padres, ¡búscate otra casa donde vivir! y no uses de su dinero.

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