miércoles, 29 de enero de 2020

Qué clase de tierra soy?

Creo que ante la explicación que nos da el Señor, acerca de la parábola del Sembrador no hay mucho que decir, pero sí que pensar. Y por eso quería separar los fragmentos donde el Señor nos va a dirigir la parábola a cada uno, para que hagamos un análisis de nuestra relación con la Palabra de Dios, no sólo para saber si leemos o escuchamos la Palabra, sino para saber qué cosas no permiten que la Palabra de Dios, hecho sus raíces en nuestro corazón, y así podamos ser Fieles a la Palabra, y Fieles a la Voluntad de Dios.
"Él les dijo:
«A vosotros se os ha dado el misterio del reino de Dios; en cambio a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que “por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonados”».
Y añadió:
«¿No entendéis esta parábola? ¿Pues, cómo vais a entender las demás? El sembrador siembra la palabra. 
* Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos.
¿Quiénes están al borde del camino? Los que están jugando con muchos "dioses". Se dicen cristianos pero adoran y/o aceptan otras filosofías no-cristianas para ver si consiguen lo que quieren, sin descubrir todo el tesoro que es nuestra fe en Cristo. Leen más libros de otras culturas y filosofías, antes que la Palabra de Dios.
* Hay otros que reciben la semilla como terreno pedregoso; son los que al escuchar la palabra enseguida la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes y cuando viene una dificultad o persecución por la palabra, en seguida sucumben.
Estos somos los que vamos a misa con alegría, pero solamente estamos con el Señor esos pocos minutos en la iglesia. Después en nuestras casas, o en el día a día, no leemos ni rezamos con la Palabra de Dios, sólo nos quedamos con oraciones hechas de memoria, y sin diálogo verdadero con el Señor desde Su Palabra.
* Hay otros que reciben la semilla entre abrojos; estos son los que escuchan la palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la palabra, y se queda estéril. 
Son los que nunca tenemos tiempo para ponernos a rezar, a reflexionar, a pensar si lo que estamos por hacer o lo que hacemos es Voluntad de Dios. Ya nos hemos trazado un proyecto de vida y vamos hacia él sin mirar, o pensar, tan siquiera, si eso es lo que Dios quiere para nuestra vida. Las cosas de todos los días nos exigen y apuran para no tener tiempo para Dios.
* Los otros son los que reciben la semilla en tierra buena; escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno».
Son los que en el día a día dedican su tiempo a Dios, saben que sólo Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y consagrando su día al Señor, desde la Palabra intentan vivir la Fidelidad a la Vida que el Señor les ha dado y les ha pedido vivir.

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