Creo que ante la explicación que nos da el Señor, acerca de la parábola del Sembrador no hay mucho que decir, pero sí que pensar. Y por eso quería separar los fragmentos donde el Señor nos va a dirigir la parábola a cada uno, para que hagamos un análisis de nuestra relación con la Palabra de Dios, no sólo para saber si leemos o escuchamos la Palabra, sino para saber qué cosas no permiten que la Palabra de Dios, hecho sus raíces en nuestro corazón, y así podamos ser Fieles a la Palabra, y Fieles a la Voluntad de Dios.
"Él les dijo:
«A vosotros se os ha dado el misterio del reino de Dios; en cambio a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que “por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonados”».
Y añadió:
«¿No entendéis esta parábola? ¿Pues, cómo vais a entender las demás? El sembrador siembra la palabra.
* Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos.
¿Quiénes están al borde del camino? Los que están jugando con muchos "dioses". Se dicen cristianos pero adoran y/o aceptan otras filosofías no-cristianas para ver si consiguen lo que quieren, sin descubrir todo el tesoro que es nuestra fe en Cristo. Leen más libros de otras culturas y filosofías, antes que la Palabra de Dios.
* Hay otros que reciben la semilla como terreno pedregoso; son los que al escuchar la palabra enseguida la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes y cuando viene una dificultad o persecución por la palabra, en seguida sucumben.
Estos somos los que vamos a misa con alegría, pero solamente estamos con el Señor esos pocos minutos en la iglesia. Después en nuestras casas, o en el día a día, no leemos ni rezamos con la Palabra de Dios, sólo nos quedamos con oraciones hechas de memoria, y sin diálogo verdadero con el Señor desde Su Palabra.
* Hay otros que reciben la semilla entre abrojos; estos son los que escuchan la palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la palabra, y se queda estéril.
Son los que nunca tenemos tiempo para ponernos a rezar, a reflexionar, a pensar si lo que estamos por hacer o lo que hacemos es Voluntad de Dios. Ya nos hemos trazado un proyecto de vida y vamos hacia él sin mirar, o pensar, tan siquiera, si eso es lo que Dios quiere para nuestra vida. Las cosas de todos los días nos exigen y apuran para no tener tiempo para Dios.
* Los otros son los que reciben la semilla en tierra buena; escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno».
Son los que en el día a día dedican su tiempo a Dios, saben que sólo Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y consagrando su día al Señor, desde la Palabra intentan vivir la Fidelidad a la Vida que el Señor les ha dado y les ha pedido vivir.
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