jueves, 9 de enero de 2020

Ánimo, soy yo

"Ellos, viéndolo andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque todos lo vieron y se asustaron.
Pero él habló enseguida con ellos y les dice:
«Ánimo, soy yo, no tengáis miedo».
Entró en la barca con ellos, y amainó el viento.
Ellos estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de los panes, porque tenían la mente embotada".
Las manifestaciones de Dios a los Hombres no han sido las mismas que ha tenido Jesús con los apóstoles, pues con ellos Jesús se fue revelando más directamente, aunque nunca lo expreso claramente, pero sí todas sus manifestaciones, como esta de caminar sobre las aguas, la transfiguración en el monte, fueron momentos puntuales donde, como dice el evangelista, se les embotaba la mente.
Nuestra mente no está, muchas veces, preparada para las grandes y maravillosas manifestaciones de Dios. Nos supera su Amor por nosotros y no llegamos a comprender en su totalidad. Es más, hay un milagro constante en la Eucaristía, que no podemos llegar a explicarlo con las palabras humanas, pero cuando se llega a experimentar con el alma no se puede dejar de llegar a Él.
Y ahí, creo, que está nuestro problema: en que siempre queremos explicar todo con palabras humanas... y no podremos. No podemos explicar el misterio del Amor de Dios por el Hombre con palabras humanas. Por eso el Dios se tuvo que hacer hombre para ayudarnos a entender cuánto nos amaba: hasta dar la vida por nosotros, siendo aún pecadores.
Por eso, ante el misterio nos queda hacer silencio. Un profundo silencio para adorar, para dejarnos penetrar por la maravilla del Amor y por lo extraordinario que es que Dios ponga a nuestro alcance tantos bienes para que alcancemos la santidad, para que lleguemos a la Vida.
Nos puede llegar a pasar, como a los discípulos, que al descubrir lo que Dios nos da y cómo nos ama, nos sobresaltemos, sobre todo, porque ese Amor implica de nosotros una respuesta de amor. Pero el Señor, nos dirá: "ánimo, no tengáis miedo". Y eso nos lo dirá en todo momento, cuando tengamos que entregar nuestra vida en fidelidad a su Amor: "no tengas miedo". No tengas miedo porque aquí estoy Yo para ayudarte, para acompañarte, para fortalecer tu espíritu, para darte mi Gracia y todo lo que necesites para poder, como Yo, caminar sobre las aguas. Pero eso sí, no te sueltes nunca de mi Mano.

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