viernes, 17 de enero de 2020

Vivir nuestro propio camino

Hoy, en muchos lugares, se celebra el día de san Antonio, abad. Hay dos cosas que, de su vida, me han llamado la atención. Por un lado su disponibilidad al Señor para dejar todo e irse al desierto para vivir una vida de soledad y oración, pero no en ningún desierto, sino que prefirió cerca del cementerio. ¿Por qué? Porque el Señor le pidió una vida que mostrara el verdadero valor del Evangelio: morimos para resucitar en Él.
Nuestra vida, cuando decidimos vivirla en "cristiano", es vivir de acuerdo al Evangelio, y por eso, como nos pidió el Señor: "quien pierda su vida por mí y el evangelio la salvará".
San Antón, perdió su vida por Cristo: renunció a todo y se fue a la soledad para llevar una vida de oración junto al Señor, para vivir la alegría del encuentro verdadero con Jesús.
Pero esa soledad se tornó en ejemplo para muchos que quisieron imitarlo, y, por eso, lo acompañaron a vivir el mismo camino de soledad, silencio y oración.
Por otro lado, en esa vida de silencio y oración, estuvo siempre tentado para dejar de vivir así. Satanás se le aparecía de mil y una formas, para sacarlo de su silencio y hacerle ver todo lo que se perdía del mundo. Pero siempre, con la Fuerza y la Gracia del Señor, se mantuvo firme ante las tentaciones y logró vencer a Satanás.
Hoy, la peor tentación que nos hace el Diablo es creer que necesitamos estar siempre en lo más alto de la vida, que tenemos que ser siempre los mejores y que somos indispensables e insustituibles en la vida de nuestra comunidad. Y, sin embargo, cuando más se nos "infla" el orgullo y se nos transforma en vanidad, más daño hacemos a nuestra comunidad, porque no le permitimos a Dios mostrar el verdadero camino de santidad.
San Antón, descubrió en el Evangelio el único camino que Dios quería para Él, pues para cada uno quiere un camino diferente, pero que está siempre centrado en un único ideal: vivir la Voluntad de Dios. Esa Voluntad de Dios puede hacernos ir al desierto o la ciudad, en el silencio contemplativo o en el silencio activo, entre los pobres o los ricos, en la consagración especial de la vida o en la vida matrimonial.
Cada uno puede discernir cuál es el estilo de vida que quiere el Señor que vivamos, pero necesitamos siempre la fuerza de la Gracia para perseverar en el Camino, y, la fuerza del Espíritu para morir cada día a las tentaciones de Satanás, para no dejarnos seducir por su voz.

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