sábado, 25 de enero de 2020

Padecer por Su Nombre

"Ananías respondió: «Señor, oí decir a muchos que este hombre hizo un gran daño a tus santos en Jerusalén. Y ahora está aquí con plenos poderes de los jefes de los sacerdotes para llevar presos a todos los que invocan tu Nombre».
El Señor le respondió: «Ve a buscarlo, porque es un instrumento elegido por mí para llevar mi Nombre a todas las naciones, a los reyes y al pueblo de Israel. Yo le haré ver cuánto tendrá que padecer por mi Nombre».
La fiesta de la Conversión de san Pablo, un día hermoso para pensar, también, en lo que nosotros tenemos que convertir en nuestras vidas. Quizás no creamos que hay cosas para convertir, porque "¿a esta altura de mi vida qué tengo que cambiar?". Pero sí, siempre hay cosas para cambiar y convertir. Que, en realidad, muchas veces, no vemos cosas malas en nosotros, porque, si nos pensamos bien, somos bastante buenos. Y ¡ahí está el problema! No hemos tomado consciencia que el ideal de nuestra vida no es "ser demasiado buenos", sino ser santos.
San Pablo se creía un gran y buen judío, muy observante de la Ley, y por eso llegado el momento se lanzó detrás de los cristianos para darles caza y quitarlos del mapa. Pero en el camino se le apareció el Señor y le mostró el Camino. Ananías, quien aparece en esta lectura, también se creía muy bueno y con pensamientos nobles y lógicos, por eso no quería ir a ver a san Pablo, y aunque se lo decía Jesús, le parecía que se estaba equivocando.
No, no tenemos que ser demasiado bueno, tenemos que aprender a buscar la Voluntad de Dios en nuestras vidas, y encontrar el Camino que nos conduzca a la verdadera santidad, porque buenos hay mucha gente, y, quizás, hasta más buena que nosotros, pero que no profesa nuestra fe, incluso que no cree en Dios. Pero Dios nos quiere santos, porque de esos no hay muchos en el mundo.
Y ¿cómo encontramos la Voluntad de Dios? Primero y principal, no tenemos que conformarnos con "cumplir" las obligaciones cristianas, sino vivir el cristianismo de una forma radical, y total. Porque cuando cumplo, es eso solo cumplir y nada más, una vez que he cumplido, ya puedo hacer otra cosa: que la misa sea temprano así me queda todo el día para hacer mis cosas...
Cuando hago de mi fe, mi vida, entonces descubriré que aún hay cosas que, según la Palabra de Dios, no estoy viviendo del todo bien. Son aquellas cosas que digo que: no importa, no son tan graves, como las mentiras piadosas; o los pecados de omisión que tengo más de una vez y de dos.
Ahí, en cada ocasión que me detenga a pensar si lo que he hecho lo podría haber hecho mejor, o, antes bien, preguntarme si eso sería Voluntad de Dios, o, si no estoy pecando de omisión o de acción en lo que hago o no hago. Todo esa reflexión diaria que tengo que hacer, será, como le dijo Jesús a Ananías: "yo le haré ver cuánto tendrá que padecer por mi Nombre". Nuestro padecer será la renuncia a nuestro yo para hacer la Voluntad de Dios.

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