"Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.
A él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros sabiduría, de parte de Dios, justicia, santificación y redención.
Y así - como esta escrito - «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».
Si hoy tomáramos estas palabras de San Pablo como lo piensa el mundo, podríamos decir que "realmente Dios nos quiere inútiles para que hagamos lo que Él quiere", o, en otras palabras, muchos podrán decir: ven, la Iglesia nos quiere tontos para que hagamos lo que la Iglesia quiere, porque nos quiere sumisos. Y estaríamos muy equivocados, pues Dios no nos quiere ni inúitles, ni holgazanes, ni tontos, sino que nos quiere hijos que comprendan que el Padre es quien conoce nuestras vidas mejor que ninguno de nosotros, y por eso nos envía la Sabiduría del Espíritu para poder comprender lo que no entendemos.
Cuando dejamos de lado nuestras capacidades intelectuales y abrimos los ojos del corazón a otra realidad superior a la nuestra, a otra realidad que nos lleva por encima de nosotros mismos pero más adentro de nosotros, podremos encontrar una sabiduría que no es la humana sino que es la divina. Por eso san Pablo vuelve a repetir que "el que se gloríe que se gloríe en el Señor", porque la verdadera Sabiduría viene de Dios y no de los hombres. Sino miremos a nuestro alrededor: ¿no es acaso la sabiduría de los hombres la que nos ha llevado al caos que vivimos? ¿No es acaso la independencia de Dios, de los valores sobrenaturales, los que hacen que el hombre se crea dios y haga de los demás hombres sus propias víctimas y esclavos?
Si Dios nos quisiera inútiles no nos pondría como ejemplo la parábola de los talentos, donde nos invita a poner en uso todo lo que Él nos ha dado, que no nos quedemos mirando cómo pasa la historia y temiendo poner en funcionamiento nuestros talentos, pero hacerlos según el Proyecto del Padre pues es Él quien mejor sabe cómo debemos usarlos.
"Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabias que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez..."
Dios no nos quiere holgazanes, escondidos detrás de una falsa máscara de humildad para no poner en juego lo que Él nos da, pero sí poner nuestra lengua en funcionamiento para poder criticar lo que otros hacen. No. Dios te ha dado talentos para que los multipliques y seas un administrador fiel que no sólo da sus talentos para el Servicio de la Salvación de los hombres, sino que entrega su vida por el mismo fin.
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