"¡Vanidad de vanidades! - dice Qohelet -.
¡Vanidad de vanidades; todo es vanidad!
¿Qué saca el hombre de todos los afanes con que se afana bajo el sol?"
Dice un refrán: dime de qué presumes y te diré de qué careces. Y habla de la vanidad, de presumir de cosas que nos quieren hacer parecer algo que en realidad no somos, porque no somos lo que tenemos o aparentamos, sino lo que realmente somos es lo que, muchas veces, no aparece o no nos damos cuenta qué es lo que tenemos que madurar o ayudar a crecer.
Este mundo del siglo XXI ha crecido mucho en vanidad, en querer tener muchas cosas, pero se ha olvidado de ser lo que en realidad tiene que ser. Nos hemos "metido" en la carrera de tener y querer aparentar ser y no nos hemos preocupado de nuestro interior: de ser realmente personas, no sólo de aprentar ser personas.
Es cierto que, como dice el Eclesiastés, todo pasa, pero también es cierto, como dice el poeta: todo pasa y todo queda; queda nuestra huella, nuestro rastro, nuestra experiencia para las generaciones que van siguiendo nuestros pasos, y eso es lo importante: que descubramos que el Señor nos ha hecho Luz para iluminar el mundo, Sal para conservar lo mejor de Dios en la Tierra, Fermento para que las pequeñas cosas que hablan de Dios llenen todo el mundo.
Pero no podemos ser Fiel a nuestra misión si nos hacemos igual que el mundo, si nos llenamos de cosas pasajeras y sólo ponemos nuestro horizonte en la vanidad del mundo, en la apariencia y no en el ser. No nos podemos contentar con solamente "cumplir" con las obligaciones cristianas, sino con ser cristianos desde el mismo momento que abrimos nuestro ojos a la luz del día, hasta que los cerramos en la oscuridad de la noche.
"Lo que pasó volverá a pasar; lo que ocurrió volverá a ocurrir: nada hay nuevo bajo el sol.
De algunas cosas se dice:«Mira, esto es nuevo». Sin embargo, ya sucedió en otros tiempos mucho antes de nosotros".
Por eso mismo nosotros tenemos que ser originales, pero no en el sentido que lo piensa el mundo, pues no es original el que se pinta de azúl o el que se pone clavos en la nariz, sino aquél que es Fiel a lo que le dio origen. Si somos Fieles a la Palabra de Dios, si somos Fieles al llamado de Jesús a vivir en santidad, si somos Fieles a la Voluntad del Padre, entonces sí seremos originales porque seremos Fieles a la Vida que nos llamó a vivir Jesús, marcando así la diferencia entre lo que aparentamos ser y lo que, en verdad, somos. Porque, como dice San Juan en su carta: "no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos en verdad".
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