martes, 31 de octubre de 2017

El sentido de nuestra esperanza

"Hermanos:
Considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará".
¿De qué sufrimiento habla San Pablo a los romanos? Si uno va siguiendo su cara a los romanos creo que habla del sufrimiento interior, de esa lucha continua que tenemos (y que él tiene y describe hermosamente) entre la carne y el espíritu. Es muy dura esa lucha interior y, sobre todo, cuando vamos viendo que nos cuesta ganarle a la carne, a los instintos, a las tentaciones, al orgullo, a la vanidad... a tantas cosas que vamos descubriendo en nuestra vida a medida que avanzamos en el camino de la santidad.
Es cierto, también, que el sufrimiento del cuerpo, en cuanto a la enfermedad o al desgaste de los años, también es algo que no podemos evitar y que debemos ofrecer, y, en más de un caso son sufrimientos que nos parecen demasiado grandes para las personas, pues las enfermedades que van surgiendo con el paso del tiempo son cada vez más raras y dolorosas.
Sí, en ninguno de los dos casos es posible quitar el dolor, ya sea espiritual o corporal. Y por eso mismo tenemos que encontrarle un sentido al sufrimiento, encontrar un "paliativo" que no se da con los medicamentos que tomamos, sino que viene por medio del Espíritu que nos fortalace para aceptar, no sin dolor, el Camino de la Cruz.
Por eso Pablo pone siempre su mirada en el Final del Camino, que no es la Cruz, sino la Tumba vacía, la resurrección final, la glorificación de nuestro cuerpo mortal y la restitución de la hermosura primera del hijo de Dios. Con la mirada puesta en la gloria eterna san Pablo nos invita a la esperanza, de que un día todo esto pasará y nos enocntraremos gloriosos en la Casa Paterna.
Ese también era su sentimiento: llegar cuanto antes a la Casa del Padre: "pues para mí la vida es Cristo, y el morir, una ganancia. Pero si el vivir en el cuerpo significa para mí trabajo fecundo, no sé qué escoger... Me siento apremiado por ambos extremos. Por un lado, mi deseo es partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor; mas, por otro, quedarme en el cuerpo es más necesario para vosotros. Y, persuadido de esto, sé que me quedaré y permaneceré cont odos vosotros para progreso y gozo de vuestra fe".
Así Pablo nos muestra cómo se puede encontrar un sentido a lo que vamos sintiendo y viviendo, que el Sentido que nos da el Espíritu es el que mejor "le cae" a nuestra vida, pues es el que Dios pensó desde antes de la creación del mundo para nosotros, para que alcanzásemos la santidad, pues nuestra santidad es la que transforma al mundo:
"Porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios; en efecto, la creación fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por aquel que la sometió, con la esperanza de que la creación misma sería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
Y no sólo eso, sino que también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo".
La esperanza es lo que no debemos perder, pues es el motor que nos impulsa a buscar la Fortaleza y el Sentido en la Gracia que nos trae el Espíritu. No permitamos que los desos y los fracazos de nuestra carne nos quiten la luz de la esperanza que nace de la Luz Pascual que es Cristo Vivo y Resucitado para nuestra salvación.

lunes, 30 de octubre de 2017

No perdais los beneficios de Dios

Carta de Clemente I a los corintios


    Vigilad, amadísimos, no sea que los innumerables beneficios de Dios se conviertan para nosotros en motivo de condenación por no tener una conducta digna de Dios y por no realizar siempre en mutua concordia lo que le agrada. En efecto, dice la Escritura: El Espíritu del Señor es como una lámpara que sondea lo más íntimo de las entrañas.
    Consideremos cuán cerca está de nosotros y cómo no se le oculta ninguno de nuestros pensamientos ni de nuestras palabras. Justo es, por tanto, que no nos apartemos nunca de su voluntad. Vale más que ofendamos a hombres necios e insensatos, soberbios y engreídos en su hablar, que no a Dios.
    Veneremos al Señor Jesús, cuya sangre fue derramada por nosotros; respetemos a los que dirigen nuestras comunidades, honremos a nuestros presbíteros, eduquemos a nuestros hijos en el temor de Dios, encaminemos a nuestras esposas por el camino del bien. Que ellas sean dignas de todo elogio por el encanto de su castidad, que brillen por la sinceridad y por su inclinación a la dulzura, que la discreción de sus palabras manifieste a todos su recato, que su caridad hacia todos sea patente a cuantos temen a Dios, y que no hagan acepción alguna de personas.
    Que vuestros hijos sean educados según Cristo, que aprendan el gran valor que tiene ante Dios la humildad y lo mucho que aprecia Dios el amor casto, que comprendan cuán grande sea y, cuán hermoso el temor de Dios y cómo es capaz de salvar a los que se dejan guiar por él, con toda pureza de conciencia. Porque el Señor es escudriñador de nuestros pensamientos y de nuestros deseos, y su Espíritu está en nosotros, pero cuando él quiere nos lo puede retirar. Todo esto nos lo confirma nuestra fe cristiana, pues el mismo Cristo es quien nos invita, por medio del Espíritu Santo, con estas palabras: Venid, hijos, escuchadme: os instruiré en el temor del Señor; ¿hay alguien que ame la vida y desee días de prosperidad? Guarda tu lengua del mal, tus labios de la falsedad; apártate del mal, obra el bien, busca la paz y corre tras ella.
    El Padre de todo consuelo y de todo amor tiene entrañas de misericordia para con todos los que lo temen y en su entrañable condescendencia reparte sus dones a cuantos a él se acercan con un corazón sin doblez. Por eso, huyamos de la duplicidad de ánimo y que nuestra alma no se enorgullezca nunca al verse honrada con la abundancia y riqueza de los dones del Señor

domingo, 29 de octubre de 2017

Amor verdadero

Cuando a Jesús lo acusaban de querer abolir la Ley y los Profetas, Él respondió:
"no he venido a abolir la Ley y los Profetas, sino a darles plenitud", y la plenitud no estaba en saberse de memoria lo mandamientos de la Ley, pues eso hasta Satanás lo sabe, sino en vivir en plenitud el espíritu de la Ley de Moisés.
Y ¿cómo le dio plenitud? Viviendo, siendo "obediente hasta la muerte y muerte de Cruz", pero antes de entregarnos el testimonio más claro y concreto del Amor a Dios y al prójimo, nos dejó su testimonio final:
"un mandamiento nuevo os doy: amaos unos a otros como Yo os he amado".
Es cierto que el Amor a Dios por sobre todas las cosas y el amor al prójimo como a uno mismo es la base de toda la Ley, pero amar como Él nos amó, implica mucho más amor que el que nosotros expresamos diariamente a Dios.
Porque Amor como el de Jesús ha sido no sólo un amor afectivo al Padre, sino un amor efectivo que se hizo realidad en su obediencia en todo momento a Su Voluntad, porque "no he venido a hacer mi voluntad sino la del que me envió", y, a pesar de que la Voluntad del Padre lo llevó hasta sentir una angustia de muerte y clamar con lágrimas de sangre, pero aceptó Su Voluntad: "Padre, si es posible que pase de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la Tuya".
Y por eso mismo el escritor de la Carta a los Hebreos nos dice: "a pesar de ser hijo aprendió, por el sufrimiento, a obedecer".
Nuestro Amor a Dios debe ser real cuando nuestra obediencia a Su Voluntad (expresada en los Mandamientos y exigencias del Evangelio) la llevamos a nuestra vida diaria. Porque "no todo el que dice 'Señor, Señor' entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la Voluntad de mi Padre que está en el Cielo", nos dice Jesús.
Hoy en día somos muy de "lengua suelta" y podemos decir muchas cosas, pero son pocas las que llevamos a la práctica, dejamos las exigencias del evangelio para otro momento porque creemos que no son para este siglo, y vamos poniendo paños de agua fría a lo que el Señor nos va pidiendo y exigiendo porque no nos gusta renunciar a los gustos del mundo, a lo que el mundo nos ofrece. Y así, sin darnos cuenta o haciéndonos los inconscientes vamos teniendo dos señores en nuestra vida: a Dios para cuando las papas queman y al mundo para vivir la buena vida.
Así, en este tiempo, el Señor nos llama a hacernos una pregunta radical: "Pedro, ¿me amas más que éstos?"

sábado, 28 de octubre de 2017

Piedras vivas o piedras huecas...

"Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros entráis con ellos en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu".
Estar edificados sobre los apóstoles y profetas no significa solamente que ellos son nuestros cimientos, sino que también son nuestro modelo, pues, nosotros, también formamos parte del Edificio: somos piedras vivas en el Templo consagrado al Señor.
Y pensando en esto de ser piedras que forman un templo, venía una imagen de las piedras: hay piedras que son duras y fuertes, y otras que parecen ser duras pero son huecas por dentro, no tienen la masa apretada y fuerte de las otras. En algunos edificios si no hay buenos ladrillos o piedras en una pared puede ser que el edificio se desplome en algún momento pues una de esas piedras no cumplió su función junto al resto.
Y así me fui y fui mirando las piedras que forman el Templo de la Iglesia Viva (que somos todos nosotros) y me preguntaba ¿nos damos cuenta cuando somos piedras huecas? ¿Nos damos cuenta que no hemos fortalecido nuestro interior según nos pide el Espíritu de Dios que vive en nosotros y por el cual hemos decidido formar parte de este Templo Vivo?
San Pablo en la carta a los romanos nos habla de su propia debilidad, de la debilidad de la carne hacia el pecado y nos demuestra que siempre hay una tendencia a querer lo que no debemos. Cuando esa tendencia nos lleva constantemente a vivir fuera de la Ley de Dios y del Amor que Jesús nos pide vivir, es cuando nuestro interior se va debilitando, pues no tiene la Gracia suficiente como para fortalecerse y, sobre todo, porque no ha soportado la lucha entre la carne y el Espíritu, en donde siendo fuerte tendría que ganar el Espíritu para fortalecerme y poder vivir en Dios.
Hoy en día no somos pocos los que nos dejamos tentar y sucumbimos al poder el mundo, a las tentaciones del mundo, al poder de la carne. Y, como le decía ayer a alguien: si hacemos lo que no debemos ¿cómo ser apóstoles de lo que debemos hacer? ¿Cómo ser testigos de una vida en santidad si nos dejamos seducir por todo lo que el mundo nos ofrece y no le hacemos cara mala a nada malo, sino que todo lo aceptamos porque todos lo hacen?
Y así, cada una de las piedras de este Templo Vivo que es la Iglesia se va ahuecando en su interior pues el Espíritu ya no habita en ella, y se va derrumbando todo aquello que fue construido y sostenido por el precio de la sangre de Cristo y de tantos otros que han sabido vencer en la lucha entre el mundo y el Espíritu.
Para ejemplo basta un botón, dice: en estos días son muchos los cristianos se preparan para celebrar la Fiesta del Hallowen ¿realmente es necesario que los cristianos celebremos una fiesta en donde prevalece la muerte, la brujería y los malos espíritus? ¿Es necesario que una cultura extraña a la nuestra gane tanto terreno dentro de nuestra propia cultura llevándonos sin pensarlo a otros niveles y formas de vivir la Fe? Aunque, seguramente, pocos se han preguntado que significado tiene esa fiesta, y no nos lo preguntamos porque si lo supiéramos no lo haríamos, y como todos los hacen...
Los verdaderos apóstoles del Señor se preguntarían primero si ser parte de esa Fiesta es Voluntad de Dios, si es propia de quien se dice y quiere ser verdadero cristiano. Pero son preguntas que no estamos acostumbrados a hacernos, y nos vamos convirtiendo en piedras huecas de un Templo que pronto se caerá encima de nosotros.

viernes, 27 de octubre de 2017

La vanidad: el mejor pecado

"En efecto, según el hombre interior, me complazco en la ley de Dios; pero percibo en mis miembros otra ley que lucha contra la ley de mi razón, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mis miembros.
¡Desgraciado de mi! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¡Gracias a Dios, por Jesucristo nuestro Señor!".
Tener conciencia de nuestra propia debilidad, de nuestro propio pecado no es pecado, sino es saber desde donde partimos para poder vivir en santidad, para poder encontrar el mejor camino para la Fidlidad a Dios. A algunos nos parece que no tenemos nunca pecado, que nunca hacemos nada que esté fuera de lugar, que siempre actuamos bien y ¡ese es nuestro primer error!: nuestra vanidad.
Y aquí me acuerdo de la frase final (lo hablaba anoche con catequistas) de la película del abogado del diablo: "la vanidad, el pecado que más me gusta" (o algo parecido decía el diablo)
Cuando no me doy cuenta de mi vanidad vivo, se podría decir, en pecado constante, pues me siento tan seguro de mí mismo que no necesito de nada ni de nadie para que me ayuden a crecer, para que me ayuden a madurar, para que me ayuden a librar de aquello que, realmente, no me deja alcanzar la meta que Dios ha querido para mí.
Es la vanidad la que me hace creer que puedo andar por ahí dando "clases" de vida a todo el mundo, diciendo "la verdad" siempre pues soy el único que tiene razón, no permitiéndole a nadie que pueda opinar diferente de mí, y ¡tantas otras cosas más! que me van haciendo un casi "despreciable" por los cercanos.
San Pablo en esta parte de la carta a los romanos nos ayuda a descubrir cuál es nuestr primera debilidad: el pecado que habita en mí, pues a pesar de que el baño bautismal no librará del pecado original, nos ha quedado una tendencia natural a "hacer lo que no debo", por eso vivimos (cuando tenemos conciencia de ello) en una lucha constante por sobrevivir a esa tentación. Una lucha constante en la que tengo que dejar entrar la Gracia del Señor para que me fortalezca y pueda alcanzar la meta.
Por eso mismo Jesús le decía a la gente:
"Hipócritas: sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, pues ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que es justo?"
Sí, creemos que lo sabemos todo, nos hacemos los sabios dando clases para todos lados, pero no sabemos discernir lo que es justo, no sabemos interpretar la voluntad de Dios, ni siquiera saber discernir si es prudente lo que quiero hacer o decir.
Este reconocimiento que nos pide el Señor y que San Pablo lo hace en su carta, es el paso inicial para alcanzar la verdadera humildad, una virtud que día a día tenemos que ir conquistando, pues día a día vuelve a nacer, con la luz de la mañana, el pecado que habita en mí.

jueves, 26 de octubre de 2017

¡Fuego he venido a traer!

"Hermanos:
Hablo al modo humano, adaptándome a vuestra debilidad natural: lo mismo que antes ofrecisteis vuestros miembros a la impureza y a la maldad, como esclavos suyos, para que obrasen la maldad, ofreced ahora vuestros miembros a la justicia, como esclavos suyos para vuestra santificación".
Siguiendo con su reflexión San Pablo nos lleva hasta el porqué hacernos "esclavos de la voluntad de Dios", porque el camino de la esclavitud a Él es el camino de nuestra santidad, de una vida en la Gracia, de una via en la que, a pesar de nuestros tropiezos y caídas, Él nos fortalece con su Gracia y nos acompaña para que alcancemos la meta sin perder la fe.
"Ahora, en cambio, liberados del pecado y hechos esclavos de Dios, dais frutos para la santidad que conducen a la vida eterna.
Porque la paga del pecado es la muerte, mientras que el don de Dios e la vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro".
Es el fin que perseguimos cuando aceptamos el desafío de, como María, hacernos "esclavos del Señor", pues buscamos alcanzar lo que el Padre nos ha prometido, buscamos el Camino que nos lleve, nuevamente, a la Casa del Padre desde donde salimos y a dónde esperamos volver.
Es sabido que ese Camino no es otro que Cristo mismo, quien, también como María, nos enseñó que: "no hago otra cosa que lo que he visto hacer a mi Padre", "mi alimento es hacer la Voluntad de mi Padre", sabiendo que ese camino no sería fácil, y ni tan siquiere le traería los mejores amigos o sino que su camino y su ideal sería asÍ:
«He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo, tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!"
¿Cuál es el fuego que ha venido a traer? Es el fuego del Espíritu Santo, el fuego que quema nuestro pecado y enciende el Amor puro y verdadero. Es el fuego que mantiene encendida la llama del Amor Primero para que nuestra entrega al Padre y a nuestros hermanos sea por verdadero amor de entrega y no de concupiscencia. Es el fuego que hace posible que a pesar del frío corazón del hombre sigamos adelante con nuestra fidelidad al Amor de Dios. Es el fuego del Espíritu que no nos deja quietos en nuestra comodidad y nos ayuda a salir para llevar el testimonio de la Vida Nueva a todos los hombres.
Pero es fuego, tiene una consecuencia:
"¿Pensáis que he venido a traer a la tierra? No, sino división. Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».
El fuego del Espíritu nos llevará a la obediencia fiel a Dios, a su Palabra, a Su Voluntad, y eso implicará en muchos casos ir contra la corriente del mundo, lo que generará divisiones con aquellos que no sólo no quieran vivir en Dios, sino que estén totalmente en contra de lo que Dios quiere. Pero ese es el Camino que el Señor recorrió y el que nos invita a nosotros a recorrer. No es que quiera generar divisiones y guerras, sino que la búsqueda de la Verdad y la Vida generá divisiones en aquellos que no acepten la Voluntad de Dios.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Esclavo de mis decisiones

"¿No sabéis que, al ofrecéis a alguien como esclavos para obedecerle, os hacéis esclavos de aquel a quien obedecéis: bien del pecado, para la muerte, bien de la obediencia, para la justicia?"
¿Siempre nos hacemos esclavos de algo o de alguien? En realidad siempre somos esclavos de algo o de alguien, pues el hombre tiende a religarse a algo o alguien por fuerza natural, al ser criaturas, inconscientemente (a veces) o conscientemente, nos "atamos" a algo o alguien, pues necesitamos esa unión para darle consistencia a nuestro ser.
A quién nos religamos, con quien nos esclavizamos es nuestra opción, una opción que tenemos que hacerla consciente y reflexiva para saber a qué atenernos y cuáles serán las consecuencias de lo que optamos.
Por eso San Pablo nos habla de la esclavitud al pecado o a la gracia, las dos opciones en el Camino de la Vida, como dice el Deuteronomio: "pongo ante ti la vida y la muerte, el bien y el mal...", para que, cada uno, libremente pueda elegir hacia dónde quiere llevar su vida.
"Pero gracias sean dadas a Dios, porque erais esclavos del pecado, mas habéis obedecido de corazón al modelo de doctrina al que fuisteis entregados; liberados del pecado, os habéis hecho esclavos de la justicia".
Cuando optamos por el Camino de la Gracia, como María, nos hacemos esclavos de la Voluntad de Dios que nos libera, que nos plenifica y le da a nuestra vida la Bienaventuranza que anhelamos, por eso nos basta mirar a María, Nuestra Madrea, para descubrir que la Esclavitud a la Voluntad de Dios no nos quita libertad, ni vida, sino que nos lleva a vivir aquello que nos otorga la verdadera bienaventuranza: "me llamarán Bienaventurada todas las generaciones, porque el Todopoderoso ha hecho obras grandes por mí".
Claro que todas estas opciones las tenemos que hacer con una conciencia clara y habiendod reflexionado libremente, pues de esa elección va a depender toda nuestra vida, pues no podemos estar cambiando, cada día, de elección: "que tu sí sea sí y que tu no sea no. Se frío o caliente pues a los tibios los vomitaré de mi boca, dice el Señor". La elección fundamental que haga de mi vida, será la que repercuta a lo largo de los días, pues siendo fiel a esa elección será como encamine mi vida.
Por eso, las elecciones particulares que hago cada día dependen mucho de la conciencia que he tenido cuando realicé la opción fundamental, y si la hice con conciencia de saber que será lo que oriente mi vida a partir de ese momento. En definitiva: soy esclavo de las elecciones que hago, por eso tengo que saber qué elijo y qué quiero vivir.

martes, 24 de octubre de 2017

Prepardos para lo que necesite

San Pablo a los romanos:
"En resumen, lo mismo que por un solo delito resultó condena para todos, así también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos.
Pues, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos".
¿Por qué Dios nos unió a todos por el mismo espíritu? ¿Por qué si uno pecó todos pecaron? La unión en el espíritu que Dios nos ha regalado es la que nos une en el pecado y en la Gracia, es lo que nos hace familia y en la que todos recibimos tanto el bien como el mal de cada uno de los hermanos. Claro que nos enfadamos cuando nos dan el mal que otros hacen, pero ¿nos enfadamos porque nos haya unido a todos y nos haya regalado a todos el inmericido Don de la filiación divina que nos consiguió con la muerte y resurrección de Cristo? Por que por Jesús todos hemos sido constituidos hijos de Dios, y se nos ha justificado y redimido.
Es algo que, cada fin de semana repetimos: creo en la comunión de los santos. Por supuesto que esto no significa que los santos del Cielo estén comulgando todos los días, sino en la unidad que existe entre aquellos que han sido redimidos por Cristo, es decir la comunión que existe entre todos los que hemos recibido su Espíritu.
Así todo lo que un miembro de Su Cuerpo hace o vive, repercute en todos los miembros de la misma manera: tanto la Gracia como el Pecado. Así podemos ofrecer nuestra oración por nuestros hermanos que la necesiten para que consigan fortaleza, fe o esperanza; pero también cuando perseveramos en el pecado la Gracia disminuye en el Cuerpo Místico de Cristo debilitándolo en sus miembros.
Por eso siempre tenemos que pensar que y acordarnos que, aunque no conozcamos a nuestros hermanos, siempre nuestra vida repercute en ellos, pero, sobre todo, saber que cuando ofrecemos, rezamos, aceptamos nuestra cruz de cada día, todo es utilizado por el Señor para fortalecer a los miembros de su Cuerpo y para que, aquellos que lo necesiten, encuentren la Gracia, la Luz para la reconciliación, para la conversión, para la entrega de sus vidas. No dejemos nunca de poner en manos del Señor todo lo que vivimos, y más aún aquello que voluntariamente podemos ofrecerle como muestra de amor por el Bien de aquellos que neccesiten de su Gracia.
Y en esto podemos asociar el Evangelio de hoy: "tened ceñida vuestra cintura" ¿para qué? Seguramente para estar atento a lo que el Señor nos pueda pedir porque en cualquier momento necesitamos responderle, en cualquier momento puede necesitarnos para conseguir Gracia para alguien que está al borde del abismo o para alguien que tiene que tomar una gran decisión o para alguien que quiera convertirse y no pueda... Aunque nos parezca que no somos útiles al Señor, siempre Él nos necesita para conseguir, por nuestra entrega generosa, Gracias para nuestros hermanos.
No siempre el Señor nos dice que estemos preparados para el día de nuestra muerte, sino que estemos preparados para lo que Él necesite de nosotros.

lunes, 23 de octubre de 2017

Confiad en las promesas de Dios

San Pablo le contínua diciendo a los romanos:
"Abrahán, ante la promesa divina no cedió a la incredulidad, sino que se fortaleció en la fe, dando gloria a Dios, pues estaba persuadido de que Dios es capaz de hacer lo que promete; por lo cual le fue contado como justicia".
No nos es fácil confiar en las promesas de Dios cuando, muchas veces, nos hemos encontrado con que no se ha cumplido lo que hemos pedido o solicitado, sino que, algunas veces, ha sucedido todo lo contrario. No siempre las promesas incumplidas han fortalecido nuestra fe, sino todo lo contrario, nos han llevado a la duda y a debilitarnos en nuestra fe hacia las Promesas de Dios.
En la vida de Abrahán no hubo pedidos hechos a Dios, sino que fue Dios quien lo eligió a Abrahán y fue Él quien le hizo una promesa, pero antes de prometerle algo le pidió algo: salir de su tierra. Por haber sido fiel al llamado el Señor le concedió lo que no le había pedido, pero sí lo que él estaba buscando: su descendencia.
En nuestras vidas quizás, suceda un poco al revés: no hemos respondido fielmente al llamado de dejar "nuestra tierra", pero hemos querido que Él cumpliera lo que le pedíamos. Porque para pedir somos muy buenos, pero para responder no somos tan rápidos.
Y ahí también San Pablo nos dice que: "no sabeis pedir como os convienes", porque es el Espíritu Santo quien nos enseña a pedir lo que nos conviene y no lo que queremos, aunque si lo dejamos hablar Él seguramente nos ayudará a que lo que nos conviene sea igual a lo que queremos, pero antes nos dará la fuerza para poder responder fielmente a lo que Dios quiere.
Así la parábola que Jesús nos cuenta hoy sobre el hombre que acumuló los granos en sus graneros nos puede ayudar a entender. No es que el Señor nos quiera privar de todos los bienes que nos regala y nos ayuda a tener, sino que no quiere que los bienes pasen a ser males en nuestra vida. Porque los "bienes" son realmente bienes si los usamos con bondad, con gratitud, con un corazón agradecido y no endurecido por la aviricia, sino un corazón que sepa que lo que se nos da es también para que nos ayude a crecer como persona, como hermanos, para hacer el bien.
Pero cuando los bienes que tenemos, ya sean materiales o espirituales o intelectuales, nos vuelven avariciosos, egoístas, vanidosos, orgullosos entonces los bienes se convierten en males, porque han sido dados para entregarlos en bien de los demás, y sin embargo los he acumulado solamente para engradecerme y no para hacer el bien. Por eso, son muchos los bienes que han quedado pudriéndose en los graneros sin poder hacer el bien a nadie ni siquiera a aquél que los poseyó porque nunca tuvo tiempo para poder usarlos como quería.
"No atesoréis tesoros para que se los coma la polilla sino atesorad bienes en el Cielo".

domingo, 22 de octubre de 2017

Blabladores de Dios

“Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, es una frase que la hemos escuchado muchas veces y no sólo en las lecturas bíblicas, sino que ha pasado también a ser parte del refranero popular cuando se pretende exigir lo que corresponde.
Creo que a la par de esta hermosa frase o exigencia que nos presenta Jesús podríamos poner esta otra: “de la abundancia del corazón hablan los labios” y quizás, haciendo un poco más de esfuerzo: “allí donde esté tu tesoro estará tu corazón”.
A lo que cabría, entonces, preguntarnos: ¿Dios forma parte del tesoro de nuestra vida? ¿En nuestro corazón habita, verdaderamente, Dios? ¿Quién es Dios para nosotros? ¿A quién entregamos nuestra vida? ¿A quién le pagamos tributo en el día a día?
Surgen tantas preguntas cuando nos ponemos a pensar en la Palabra de Dios que nos abruman y hasta, en algunos momentos, nos agobian porque no tenemos respuestas o, mejor dicho, no queremos responder a lo que se nos pregunta desde nuestro interior.
Y, si me permitís otra pregunta más, volvería a aquella que Jesús le hizo a los discípulos: “Y vosotros ¿quién decís que soy Yo?” Por que es muy fácil decir que Jesús es nuestro Dios y Señor, que es el Señor de mi vida, que bla, bla, bla. Y sabemos que el mundo está lleno de blabladores (un nuevo vocablo inventado por mí) que dicen muchas cosas y no hacen nada. ¿Somos nosotros blabladores de Dios?
Si no somos blabladores de Dios entonces su Palabra será la que nos interrogue y la que nos conquiste para comenzar a vivir lo que decimos creer, la que nos lleve a una vivencia en plenitud de lo que creemos y leemos, para que así, con la ayuda del Espíritu Santo, podamos, día a día, dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.

sábado, 21 de octubre de 2017

Creer contra toda esperanza...

San Pablo le cuenta a los Romanos acerca de la vida de Abrahám, nuestro padre en la fe, y finaliza con una hermosa frase:
"Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza que llegaría a ser padre de muchos pueblos, de acuerdo con lo que se le había dicho:
«Así será tu descendencia».
"Creyó contra toda esperanza". Es lo que, en algunos momentos, nos falta: creer contra toda esperanza, pues, aunque el refrán dice que "lo último que se pierde es la esperanza", a veces, lo primero que se nos pierde es la esperanza. No sabemos esperar contra toda esperanza porque vivimos en el tiempo en donde todo lo tenemos (o casi todo) en un sólo click, o en un solo pedido o en una llamada por teléfono. Todo se nos vende, hoy en día, para tenerlo para ayer y así vamos corriendo contra el tiempo para poder tener más tiempo para sufrir porque no tenemos más tiempo.
Sí, no me lo digan, me gustan los trabalenguas que no se entienden. Pero tampoco se entiende nuestra vida de hoy pues todos los días nos faltan horas para hacer cosas, todos los días nos falta dinero para comprar más cosas, todos los días nos falta algo para ser más felices, para tener más paz, para tener más alegría.
Sin embargo sabemos que mucho de lo que decimos que nos falta lo tenemos o lo podemos llegar a conseguir si nos tomamos el tiempo de mirar. Pero vamos corriendo contra el tiempo para ganar tiempo que no nos damos cuenta que estamos perdiendo el tiempo.
Abrahán es quien nos invita a tener tiempo, porque la esperanza sabe esperar, sabe tener paciencia, sabe confiar. Y eso es lo que le permitió a Abrahám esperar contra toda esperanza, porque confió en la Palabra del que le hizo la Promesa. Y confió desde el primero momento en que Dios lo llamó y le pidió salir de su tierra, de (como se dice hoy en día) de su "zona de confort": dejó su tierra, su casa, a sus padres, y salió rumbo al "querer de Dios".
No es fácil confiar en la Palabra de Dios, porque hoy no hay un catálogo de lo que Él nos está ofreciendo, sin embargo, a veces, compramos cada cosa con los catálogos.... Pero sí que tenemos un catálogo: La Palabra de Dios, es el catálogo donde el Padre nos ofrece el Camino de la Vida, la vida de Jesús es el catálogo que nos muestra qué Camino elegir para alcanzar la vida que anhelamos; María es el mejor catálogo que tenemos para saber que confiando y viviendo en la Voluntad del Padre llegaremos a ser bienaventurados por siempre.
Creer contra toda esperanza que a pesar de que el día amenzca oscuro en el momento justo que Dios ha marcado desde todos los tiempos saldrá el sol para iluminar el camino a seguir. No dudes, confía poque confiando podrás andar por camino seguro pues Él camina contigo si tú sigues sus pasos.

viernes, 20 de octubre de 2017

La Levadura de los fariseos

Hermosa bienaventuranza que nos regala San Pablo:
«Bienaventurados aquellos a quienes se les perdonaron sus maldades y les sepultaron sus delito; bienaventurado aquel a quien el Señor no le ha contado el pecado»
Que va totalmente unida al Salmo de hoy:
"Habla pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mí culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado".
Todo para que no nos agarre de sorpresa lo que nos dice Jesús:
«Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía, pues nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse".
Quedar libre de pecado, dejar la conciencia liberado de todo aquello que nos aleja de Dios y de los hermanos alivia nuestro corazón, descansa el alma. Pero, sobre todo nos ayuda a mantenernos sobrios en la humildad, pues reconocernos pecadores y pequeños, nos ayuda a no mirar a nuestros hermanos con la soberbia de los que nunca han pecado, o caer en la falsa humildad de la hipocresía que nos ayuda a ponernos de jueces y verdugos de los demás.
Por eso Jesús nos invita o, mejor dicho, nos exhorta a cuidarnos de la "levadura de los fariseos", porque esa levadura en lugar de ayudarnos a crecer nos ayuda a condenarnos, pues enarbolamos el "dedo justiciero" contra los demás en cosas que "no somos capaces de levantar ni con un dedo".
Por que los fariseos sabían muy bien cómo dar "sermones", como sermonear a los demás, pero no sabían o no querían aplicarse lo que decían a ellos mismos. Sólo exigían y no daban. Por eso Jesús nos advierte que los que "escondamos" siempre será descubierto, quizás no por los hombres, pero "nuestro Padre que ve en lo secreto lo conocerá", y nuestra vida será siempre de Dios y será ane él con quien tenga que revisar mi vida en el último día.
Y no es que nos quiera "meter miedo" sino que nos quiere salvar de caer en la propia mentira de querer parecer algo que no somos, porque "el justo peca 7 veces por día", y sabiendo eso nos da la tranquilidad que siempre podemos alcanzar la Gracia de la liberación cuando abrimos el corazón al perdón misericordioso del Padre. Ese perdón que Él ha dejado en las manos del sacerdote, no por la santidad del sacerdote, sino por el Querer de Jesús.
Así el Salmo nos devuelve la esperanza y la alegría:
"Alegraos, justos, y gozad con el Señor;
aclamadlo los de corazón sincero".
La sinceridad del corazón con nosotros mismos y con nuestros hermanos nos ayuda a poder vivir en la verdadera libertad que nos da el saber que nuestro pecado nos fortalece en la humildad, y sabiéndonos perdonados sabremos perdonar, sabiéndonos comprendidos sabremos comprender, sabiéndonos débiles podremos fortalecer a los demás, sabiéndonos consolados sabremos consolar

jueves, 19 de octubre de 2017

No sabemos pedir como nos conviene

De una carta de San Agustín, obispo

Quizá me preguntes aún por qué razón dijo el Apóstol que no sabemos pedir lo que nos conviene, siendo así que podemos pensar que tanto el mismo Pablo como aquellos a quienes él se dirigía conocían la oración dominical.
    Porque el Apóstol experimentó seguramente su incapacidad de orar como conviene, por eso quiso manifestarnos su ignorancia; en efecto, cuando en medio de la sublimidad de sus revelaciones le fue dado el aguijón de su carne, el ángel de Satanás que lo abofeteaba, desconociendo la manera conveniente de orar, Pablo pidió tres veces al Señor que lo librara de esta aflicción. Y oyó la respuesta de Dios y el porqué no se realizaba ni era conveniente que se realizase lo que pedía un hombre tan santo: Te basta mi gracia, que en la debilidad se muestra perfecto mi poder.
    Ciertamente, en aquellas tribulaciones que pueden ocasionarnos provecho o daño no sabemos cómo debemos orar; pues como dichas tribulaciones nos resultan duras y molestas y van contra nuestra débil naturaleza, todos coincidimos naturalmente en pedir que se alejen de nosotros. Pero, por el amor que nuestro Dios y Señor nos tiene, no debemos pensar que si no aparta de nosotros aquellos contratiempos es porque nos olvida; sino más bien por la paciente tolerancia de estos males esperemos obtener bienes mayores, y así en la debilidad se muestra perfecto su poder. Esto, en efecto, fue escrito para que nadie se enorgullezca si, cuando pide con impaciencia, es escuchado en aquello que no le conviene, y para que nadie decaiga ni desespere de la misericordia divina si su oración no es escuchada en aquello que pidió y que, posiblemente, o bien le sería causa de un mal mayor o bien ocasión de que, engreído por la prosperidad, corriera el riesgo de perderse. En tales casos, ciertamente, no sabemos pedir lo que nos conviene.
    Por tanto, si algo acontece en contra de lo que hemos pedido, tolerémoslo con paciencia y demos gracias a Dios por todo, sin dudar en lo más mínimo de que lo más conveniente para nosotros es lo que acaece según la voluntad de Dios y no según la nuestra. De ello nos dio ejemplo aquel divino mediador, el cual dijo en su pasión: Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz, pero, con perfecta abnegación de la voluntad humana que recibió al hacerse hombre, añadió inmediatamente: Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Por lo cual, entendemos perfectamente que por la obediencia de uno solo todos quedarán constituidos justos.

miércoles, 18 de octubre de 2017

El Señor viene detrás de sus predicadores

De las homilías de San Gregorio, papa.


    Nuestro Señor y Salvador, hermanos muy amados, nos enseña unas veces con sus palabras, otras con sus obras. Sus hechos, en efecto, son normas de conducta, ya que con ellos nos da a entender tácitamente lo que debemos hacer. Manda a sus discípulos a predicar de dos en dos, ya que es doble el precepto de la caridad, a saber, el amor de Dios y el del prójimo.
    El Señor envía a los discípulos a predicar de dos en dos, y con ello nos indica sin palabras que el que no tiene caridad para con los demás no puede aceptar, en modo alguno, el ministerio de la predicación.
    Con razón se dice que los envió delante de si por todas las aldeas y lugares que iba a visitar. En efecto, el Señor viene detrás de sus predicadores, ya que, habiendo precedido la predicación, viene entonces el Señor a la morada de nuestro interior, cuando ésta ha sido preparada por las palabras de exhortación, que han abierto nuestro espíritu a la verdad. En este sentido dice Isaías a los predicadores: Preparad el camino del Señor; enderezad las sendas para nuestro Dios. Por esto les dice también el salmista: Alfombrad el camino del que sube sobre el ocaso. Sobre el ocaso, en efecto, sube el Señor, ya que en el declive de su pasión fue precisamente cuando, por su resurrección, puso más plenamente de manifiesto su gloria. Sube sobre el ocaso, porque, con su resurrección, pisoteó la muerte que había sufrido. Por esto nosotros alfombramos el camino del que sube sobre el ocaso cuando os anunciamos su gloria, para que él, viniendo a continuación, os ilumine con su presencia amorosa.
    Escuchemos lo que dice el Señor a los predicadores que envía a sus campos: La mies es mucha, pero los operarios son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que envíe trabajadores a su mies. Por tanto, para una mies abundante son pocos los trabajadores; al escuchar esto, no podemos dejar de sentir una gran tristeza, porque hay que reconocer que, si bien hay personas que desean escuchar cosas buenas, faltan, en cambio, quienes se dediquen a anunciarlas. Mirad cómo el mundo está lleno de sacerdotes, y, sin embargo, es muy difícil encontrar un trabajador para la mies del Señor; porque hemos recibido el ministerio sacerdotal, pero no cumplimos con los deberes de este ministerio.
    Pensad, pues, amados hermanos, pensad bien en lo que dice el Evangelio: Rogad al Señor de la mies que envíe trabajadores a su mies. Rogad también por nosotros, para que nuestro trabajo en bien vuestro sea fructuoso y para que nuestra voz no deje nunca de exhortaras, no sea que, después de haber recibido el ministerio de la predicación, seamos acusados ante el justo Juez por nuestro silencio

martes, 17 de octubre de 2017

No nos avergoncemos del Evangelio

Le dice San Pablo a los romanos:
"Hermanos:
No me avergüenzo del Evangelio, que es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree, primero del judío, y también del griego.
Porque en él se revela la justicia de Dios de fe en fe, como está escrito: «El justo por la fe vivirá».
En los tiempos que vivimos algunas veces tenemos vergüenza de decir que somos cristianos, que vamos a misa, que rezamos, que leemos la Biblia. Hay tanto odio, en algunas partes hacia los cristianos, que da cierto temor decir quiénes somos o qué hacemos o, mejor dicho, qué no hacemos. Y eso tenemos que intentar cambiarlo, no tener vergüenza de lo que intentamos vivir. Y digo intentamos porque cada día estamos en ese camino: intentando la santidad, porque creemos que ese es el Camino que nos lleva a la plenitud y nos da la felicidad que buscamos.
Pero vuelvo a lo de siempre: para ello tenemos que creer en la Fuerza de la Palabra de Dios, porque si no ponemos en el Señor nuestra confianza y nuestra esperanza, todo intento será vano porque dejaremos que en nuestra vida se incorporen otras palabras, otras verdades, otro modo de pensar y de ser que no es el propio de un cristiano.
Sigue diciendo San Pablo:
"Alardeando de sabios, resultaron ser necios y cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes del hombre mortal, de pájaros, cuadrúpedos y reptiles.
Por lo cual Dios los entregó a las apetencias de su corazón, a una impureza tal que degradaron sus propios cuerpos; es decir cambiaron la verdad de Dios por la mentira, adorando y dando culto a la criatura y no al Creador, el cual es bendito por siempre".
Y pareciera que estuviera, San Pablo, viviendo en este siglo, viendo cómo el hombre por dejar de lado a Dios y ponerse él en el lugar Divino, no fue creciendo sino que va degradando su propioi ser, buscando otras realidades que, cada día, le van dando la razón a la Palabra de Dios, pues el hombre va perdiendo su esplendor, su hermosura original.
Y a eso tenemos que tender nosotros: ser originales, es decir, volver a la hermosura original del hombre, esa hermosura que nos trajo Jesús al rescatarnos del pecado y regalarnos el Don Divino de la Filiación Divina, al habernos regalado la posibilidad de ser hijos de Dios, esa hermosura que habíamos perdido con el pecado original.
Y es esa belleza original la que tenemos que seguir cultivando. ¿Cómo? Siendo Fieles a la Palabra de Dios, buscando con constancia la adecuación de la Voluntad de Dios a nuestra vida, de descubrir en La Palabra el Camino para alcanzar la belleza de nuestro ser humano, de nuestro ser hijo de Dios. No creamos en la sabiduría de este mundo que quiere apartarnos de la Voluntad de Dios, que quiere poner un manto de duda y oscuridad acerca de la Verdad de Nuestro Padre Celestial, sino que fortalecidos con los Dones del Espíritu confiemos en su Divina Providencia y no nos avergoncemos de intentar, cada día, "hacer su Voluntad aquí en la tierra como en el cielo".

lunes, 16 de octubre de 2017

Ser apóstol: una misión en la obediencia

Al comenzar la carta a los Romanos, San Pablo define su llamado a ser apóstol y su misión como apóstol, y, por supuesto, de todos los que han sido llamados a ser apóstoles:
"Por él hemos recibido la gracia del apostolado, para suscitar la obediencia de la fe entre todos los gentiles, para gloria de su nombre. Entre ellos os encontráis también vosotros, llamados de Jesucristo".
"Por él hemos recibido la gracia del apostolado". Es Jesús quien nos ha dado la gracia del apostolado, no es algo que nosotros nos hemos dado a nosotros mismos, por lo cual no podemos adueñarnos de lo que hemos recibido, porque lo hemos recibido para darlo, para hacer algo que nos ha pedido quien nos ha dado la misión: en este caso es Jesús quién nos ha llamado y nos ha dado una misión, una misión que lleva consigo una Gracia particular.
"Para suscitar la obediencia entre todos los gentiles", y aquí marca concretamente el centro de la misión del apóstol: sucitar la obedencia, por supuesto, que a Jesús, a la Palabra de Diios. No es la obediencia al apóstol sino a lo que el apóstol comunique de parte de Dios. El apóstol tiene y debe ser, también, obediente al Señor para poder transmitir fielmente Su Palabra, Su Mensaje, para que podamos alcanzar la salvación.
Y fijáos que finaliza haciendo una aclaración sobre los receptores de este mensaje, que no son sólo los que no creen, los gentiles, sino: "entre ellos (gentiles) os encontráis también vosotros, llamados de Jesucristo". La misión no es sólo hacer que los gentiles puedan llegar a obedecer a Jesucristo sino también los que han sido llamados por Jesús, tienen que seguir obedeciendo a Jesucristo.
Es que, a veces, nos sucede que nos cristianos no obedecemos a Jesucristo, no obedecemos a la Palabra de Dios, nos dedicamos a "cumplir" ciertos ritos litúrgicos y ciertas enseñanzas (a veces las que más nos gustan) pero no obedecemos radicalmente lo que Dios nos va pidiendo día a día.
Y ¿cómo hacemos para suscitar la obedeciendia entre los llamados por Jesucristo? Tenemos, primero, que volver a leer el Evangelio, no sólo lo que nos gusta y nos hace sentir bien, sino todo el Evangelio, para poder contextualizar todos los relatos y todas las exigencias que Jesús nos presenta en el Evangelio, por que todo lo que Él predica y sus exhortaciones son no sólo para los gentiles sino tamibén para nosotros, para que cada día podemos cotejar nuestra vida con Su Palabra y cuestionar nuestro obrar, y así encontrar el Camino constante de nuestra conversión.
Claro que para ello necesitamos creer que lo que leemos es Palabra de Dios, y que la Palabra de Dios es Palabra de Vida y es eterna y no es modificable por los hombres. Sabiendo que si ralmente creemos que es Palabra de Dios el Señor nos dará la Gracia Suficiente para poder llevar esa Palabra a nuestra vida, para vivirla, no sólo para anunciarla, sino que viviéndola ya la estamos anunciando.
Por eso San Pablo nos dice que "hemos recibido la gracia del apostolado", pues no sólo es una misión y una carga, sino que lleva implícita la Gracia Necesaria para poder vivirla y llevarla a cabo.

domingo, 15 de octubre de 2017

Felices los invitados al Banquete Celestial

"Felices los invitados al banquete celestial", es lo que el sacerdote dice al finalizar la consagración del Pan y del Vino, antes de acercarnos al altar a comulgar.
La imagen del banquete como lugar de encuentro, de alegría de gozo, de plenitud la ha usado Dios, por medio de los escritores sagrados y profetas, para anunciar el Cielo Prometido. Jesús utiliza la Cena de Pascua y la transforma en el Banquete Celestial que vivimos cada día, cada semana. Un Banquete al que se nos ha invitado a todos, no sólo a los llamados, sino a todos, pues, como dice Jesús en la parábola del Evangelio, no todos han querido venir y se ha tenido que salir a buscar gente a los caminos.
Pero, también nos dice al finalizar la parábola:
"Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:
“Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”.
El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores:
“Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.
Porque muchos son los llamados, pero pocos los escogidos».
Suena raro a nuestros oídos escuchar que Jesús se fije en "como se viene vestido" al banquete, y que por no tener el vestido de fiesta se lo expulsa del lugar. Pero sí, es así, ya en aquella época Jesús estaba viendo cómo íbamos a "apreciar" el Banquete que Él nos da cada día. Pero no habla del vestido exterior, de la ropa que nos ponemos, sino del vestido interior, de la disposición del corazón y del espíritu para aceptar la invitación al Banquete Celestial.
Cuando en la vida normal decidimos ir a una boda, a un teatro, a partido de futbol, a una carrera de coches, a un recital de un cantante famoso, o a cualquier otro evente que me guste, me prepararo con mucha antelación y si es posible llego mucho tiempo antes de que abran las entradas para poder sentarme en la primera fila. No importa si hace frío, calor, llueve o caigan piedras, lo que importa es que quiero estar temprano para lograr los mejores lugares.
Cuando nos disponemos para ir al Banquete Celestial ¿hacemos lo mismo? ¿Nos preparamos con mucho tiempo? ¿Llegamos mucho antes de que comience la Misa para sentarnos en los primeros bancos para estar más cerca del Señor? ¿Preparamos nuestro corazón en el silencio para estar más disponibles para escuhar la Palabra? ¿Limpiamos nuestra alma con la confesión para recibir al Señor del Cielo con un corazón purificado?
Generalmente no le damos el tiempo necesario al Banquete Celestial. No nos preparamos adecuadamente para ir al Encuentro del Señor que viene a mí para alimentarme, para fortalecerme, para ayudarme a vivir día a día lo que digo creer.
Como he dicho muchas veces: no apreciamos el valor de la Misa como deberíamos, teniendo en cuenta que Jesús para que nosotros tuviéramos el Banquete Celestial nos entregó hasta la última gota de su sangre colgado de la Cruz. Porque en el Banquete Celestial Él vuelve a subirse al leño del Cruz y nos vuelve a entregar su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad en el Pan de la Eucaristía. Y también vuelve a Resucitar por nosotros para que ese Pan de Vida nos de Vida Nueva, Vida de Hombres Nuevos Resucitados por el Amor del Padre, Hombres Nuevos capaces de vivir en Fidelidad y de saber darle el valor que tiene a la invitación que Él mismo nos hace:
"Quien coma de este Pan vivirá para siempre, porque mi sangre es verdadera bebida y mi carne verdadera comida".
"Felices los invitados al Banquete Celestial".

sábado, 14 de octubre de 2017

Si crees, cree

"En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo:
«Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».
Pero él dijo:
«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
Te encuentras, muchas veces, con muchos cristianos que no conocen en plenitud el evangelio, y por eso no saben qué es lo que quiere el Señor de ellos. Otros, conociéndolo lo ignoran porque saben qué es lo que el Señor quiere de ellos.
Creemos que el Evangelio es palabra pasada de moda, que no es para estos tiempos, que las exigencias que nos plantea Cristo en Su Palabra, no son para nosotros y por eso vamos haciendo un evangelio de acuerdo a los tiempos que nos gusta vivir; no tenemos en cuenta que los Consejos Evangélicos que hace más de dos mil años predicó Cristo y que están expuestos en el Nuevo Testamento son para todos los tiempos.
No existe en el mundo una persona que pueda llegar a modificar la Palabra de Dios, a cambiarla según los tiempos del mundo, pues ni el Hijo vino a modificarla: "no he venido a abolir la Ley y los Profetas, sino a darle plenitud". Por eso cuando decimos, en la liturgia: Es Palabra de Dios - Te alabamos Señor; no es sólo una frase bonita para terminar un momento sin importancia. Sino que es lo que creemos: estamos escuchando la Palabra de Dios y necesitamos oirla para saber qué es lo que Dios quiere de nosotros en estos tiempos.
Es cierto que su interpretación puede ser diferente o aggiornada en cada momento de la historia, pero sus mandamientos serán siempre los mismos para todos los tiempos hasta que venga nuevamente el Señor a la tierra. Y al decir esto me acuerdo de aquella frase de Jesús: "cuando vuelva el Hijo del hombre ¿encontrará fe sobre la tierra?". ¿Qué es lo que quería decir Jesús con esto? Lo hacía en función de lo que cada día pedimos: que se haga mi voluntad en la tierra, y no la de Dios en mi vida. Si Dios me diera todo lo que yo quiero y me dejara vivir como se me antoja ¿eso ayudaría a mi fe? ¿crecería mi fe en Dios o crecería mi fe en mí?
No porque los padres le den todo lo que quieren sus hijos crece el respeto y el cariño de los hijos por los padres, sino que les da poder cada vez más a los hijos para saber "por donde apretar a los padres", y no ganan así autoridad como padres y respeto. Y así nos pasaría con el Señor.
Y por eso Jesús nos presenta a María, su Madre, no como Bienaventurada por haber concebido a Jesús, el Hijo de Dios, sino Bienaventurada por haber escuchado y vivido la Palabra de Dios. O como le dijo Isabel llena del Espíritu Santo: "Feliz de tí por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".
Si decimos que creemos en la Palabra de Dios pero la queremos cambiar porque no nos combiene, entonces, en realidad, no creemos que sea palabra de Dios. Pero si la aceptamos e intentamos, con la Gracia del Espíritu y la dispisición de nuestro corazón, vivirla cada día entonces nuestra Fe crecerá, se fortalecerá nuestra Esperanza en sus Promesas y nuestro Amor será capaz de encender nuestro corazones en una entrega cotidiana en Fidelidad a la Vida que Él nos dio.

viernes, 13 de octubre de 2017

La división comienza en los cimientos

"Él (Jesús), conociendo sus pensamientos, les dijo:
«Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra si mismo, ¿cómo se mantendrá su reino?..."
¿Cómo se divide un reino? o, mejor ¿por qué se divide un reino? ¿Por qué hay divisiones entre los pueblos, las comunidades, las familias, incluso dentro de uno mismo?
En el caso de evangelio vemos que Jesús hace referencia a lo que dicen sobre él: que expulsa los demonios con el poder de Belzebú. Por eso le dice que si expulsa a los demonios con el poder del demonio es que hay división dentro del reino del demonio, y eso no es posible, porque así iría a la ruina. Claro que el pensar de Jesús es muy claro y con una sabiduría infinita que no se tiene hoy en día en los que tienen el poder de un país, de una comunidad o de una ciudad, porque vemos, muchas veces, cómo se van pelenado unos con otros y así van dividiendo lo que ellos mismos creen que están construyendo.
Pero, también sabemos que las divisiones no comienzan en las cabezas, sino que comienzan en las bases, así como también pueden comenzar las grandes construcciones desde los cimientos, que son lo más importante. Por eso tenemos que pensar cómo están los cimientos de nuestras vidas, de nuestras familias, de nuestras comunidades para saber hacia dónde vamos y cómo vamos.
Tomando esa frase de Jesús de la lucha dentro del mismo reino, podemos hacer una comparación con la famosa frase de San Pablo: "hay una lucha en mi interior, mi espíritu contra mi carne y mi carne contra mi espíritu", porque no siempre nuestra carne quiere lo que la Voluntad de Dios me dice, y por eso hay una constante lucha interna, un desafío que día a día tengo que vivir y al que tengo que enfrentarme si realmente quiero ser Fiel a Dios.
Y esto es fundamental: la fidelidad a Dios, porque si sólo quiero ser un cristiano de nombre y no de vida, entonces no habrá ninguna lucha interna, ni habrá nada que se le parezca, pues viviré según lo que me dicten mis instintos y ¡sanseacabó! Que es como vivimos la mayoría de los días: no haciendo caso a la Voluntad de Dios.
Así, cuando pensemos y veamos que hay divisiones en una familia, en una comunidad, o en una nación no pensemmos solamente que las cabezas están divididas sino que miremos cómo están los cimientos, pues los cimientos son importanes, pues cuando ponemos la culpa fuera de nosotros entonces vamos por mal camino, somos nosotros mismos quienes tenemos que aceptar el desafío de comenzar a cimentar nuestra vida en lo esencial de lo que somos, en buscar una verdadera coherencia entre lo que decimos ser y lo que estamos siendo, lo que estamos viviendo.

jueves, 12 de octubre de 2017

En el Pilar encontró a la Madre

Cuenta la tradición que la Virgen Maria, sobre el Pilar de Zaragoza, estuvo hablanco con el apóstol Santiago para fortalecerlo en su misión en esta tierras españolas. Y, desde aquél tiempo la fuerza que le dio María a Santiago hizo que la Palabra del Señor comenzara a sembarse en los corazones de los hijos de Dios.
¿Cuántas veces necesitaríamos que María venga a nosotros como lo hizo con Santiago y nos fortaleciera en el espíritu para poder seguir nuestro caminar hacia Cristo? ¿Cuántas veces necesitamos descubrir a Maria cerca nuestro para fortalecer nuestra Fidelidad a Dios?
Por eso es hermosa la imagen del Pilar: un lugar donde poder llegar para ser sostenido por la Madre, un lugar donde volver a buscar el centro de nuestra vida cristiana, un lugar donde volver a descansar de nuestras fatigas diarias, un lugar donde volver a recostarnos sobre el regazo de la Madre para que Ella nos consuele, nos fortalezca y nos re-conduzca por le Camino que el Señor quiere que vivamos.
Y, si nos ponemos a penar, siempre podemos encontrar ese lugar, siempre podemos iri a ese PIlar a estar con la Madre, sólo basta que nos decidamos a ir, a encontrar un tiempo para estar con Ella, pues Ella siempre está junto a nosotros, pues es Fiel a la misión que su Hijo le encomendó:
"Mujer, ahí tienes a tu hijo".
Hoy es un día en donde María nos espera para renovar nuestro deseo de Fidelidad, como Santiago abramos nuestro conrazón con sinceridad a la Madre para que Ella nos ayude a fortalecernos con el Espíritu del Hijo, con la Palabra del Hijo y con el Cuerpo del Hijo, pues Ella sabe que nuestra vida tiene que estar siempre orientada a "hacer lo que Él nos diga", y para ello necesitamos el alimento vivo y verdadero que nos enseña, nos orienta, nos anima y nos fortalece, y sólo lo encontramos en Jesús, el hijo de sus entrañas.
María sabe que Ella no es quien nos da la Vida, sino que Ella sólo engendró al Señor de la Vida, por eso nos lleva siempre a Su Hijo, porque como el Hijo dijo:
«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
Y esa será la alegría de María, que como Ella, nosotros también sepamos escuchar y vivir la Palabra de Dios, para que encontremos nuestra verdadera alegría y alcancemos la Bienaventuranza que nos otorga la Salvación.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Hay más vida detrás del árbol

"Dios dijo entonces a Jonás:
«¿Por qué tienes ese disgusto tan grande por lo del ricino?».
Él contestó:
«Lo tengo con toda razón. Y es un disgusto de muerte».
Dios repuso:
«Tú te compadeces del ricino, que ni cuidaste ni ayudaste a crecer, que una noche surgió y en otra desapareció, ¿y no me he de compadecer yo de Nínive, la gran ciudad, donde hay más de ciento veinte mil personas, que no distinguen la derecha de la izquierda, y muchísimos animales?».
Dios le hace ver a Jonás que su disgusto no tiene comparación con la actitud de compasión de Dios frente a Nínive. No tiene comparación el disgustarse por que se secó un ricino y no alegrarse por haber salvado a todo un pueblo, pero el ricino le daba sombra a Jonás y el pueblo era algo extraño para él.
Nuestro egoísmo no nos permite, muchas veces, valorar claramente las cosas que suceden, por eso nuestras preocupaciones nos oscurecen la mirada y nos quitan la paz, porque nos quedamos llorando algo que, seguramente, era importante para nosotros, pero que frente a otra realidad o a otras realidades de nuestras vida no tiene tanta importancia. La famosa frase de que "el árbol no te tape el bosque" se hace verdad en este diálogo de Jonás con Dios, un diálogo que muchos de nosotros hemos tenido y seguiremos teniendo con Dios y con nosotros mismos.
Pero siempre estará el Señor para hacernos recordar la importancia que tienen otras cosas en nuestras vidas, y que frente a pequeños problemos que son un mundo para nosotros, hay un mundo que está viviendo un gran problema, pero que, también, en nuestra vida hubo y hay otras muchas cosas que son más valiosas que ese problema.
Por eso ante este dolor de muerte que sufre Jonás, ante ese deseo de morir y librarme de semejante dolor, la liturgia nos presenta a Jesús enseñándonos el Padre Nuestro. Pero fijáos cómo surge esta enseñanza en el evangelio:
"Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:
«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».
Seguramente cuando Jesús se ponía a orar había un cambio en su actitud, en su rostro, en su manera de estar. Pero, además, toda su vida era una muestra de los frutos de la oración: su paz, su seguridad, su estar entre los demás y tantas otras cosas que verían sus discípulos, que por eso le pidieron que les enseñara a orar. Y vemos que esa simple y hermosa oración del Padre nuestro es un diálogo con el Padre, un encuentro entre dos personas que se aman y que se cuentan lo que sienten uno por otro y lo que necesitan para vivir ese día.
No es una oración mágica. La oración no es tan instantánea que de un día para otro consigo lo que quiero, pero sí me va acercando la Gracia Suficiente para ir encontrando el camino que me lleva a valorar las cosas con el peso que cada una tiene, para ver más el conjunto de mi vida con los ojos de Dios, y no pegarme tanto al árbol para que me siga tapando el bosque, sino poder ver todo lo que hay en mi vida aparte de ese problema que hoy me quita vida