"Hermanos:
Considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará".
¿De qué sufrimiento habla San Pablo a los romanos? Si uno va siguiendo su cara a los romanos creo que habla del sufrimiento interior, de esa lucha continua que tenemos (y que él tiene y describe hermosamente) entre la carne y el espíritu. Es muy dura esa lucha interior y, sobre todo, cuando vamos viendo que nos cuesta ganarle a la carne, a los instintos, a las tentaciones, al orgullo, a la vanidad... a tantas cosas que vamos descubriendo en nuestra vida a medida que avanzamos en el camino de la santidad.
Es cierto, también, que el sufrimiento del cuerpo, en cuanto a la enfermedad o al desgaste de los años, también es algo que no podemos evitar y que debemos ofrecer, y, en más de un caso son sufrimientos que nos parecen demasiado grandes para las personas, pues las enfermedades que van surgiendo con el paso del tiempo son cada vez más raras y dolorosas.
Sí, en ninguno de los dos casos es posible quitar el dolor, ya sea espiritual o corporal. Y por eso mismo tenemos que encontrarle un sentido al sufrimiento, encontrar un "paliativo" que no se da con los medicamentos que tomamos, sino que viene por medio del Espíritu que nos fortalace para aceptar, no sin dolor, el Camino de la Cruz.
Por eso Pablo pone siempre su mirada en el Final del Camino, que no es la Cruz, sino la Tumba vacía, la resurrección final, la glorificación de nuestro cuerpo mortal y la restitución de la hermosura primera del hijo de Dios. Con la mirada puesta en la gloria eterna san Pablo nos invita a la esperanza, de que un día todo esto pasará y nos enocntraremos gloriosos en la Casa Paterna.
Ese también era su sentimiento: llegar cuanto antes a la Casa del Padre: "pues para mí la vida es Cristo, y el morir, una ganancia. Pero si el vivir en el cuerpo significa para mí trabajo fecundo, no sé qué escoger... Me siento apremiado por ambos extremos. Por un lado, mi deseo es partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor; mas, por otro, quedarme en el cuerpo es más necesario para vosotros. Y, persuadido de esto, sé que me quedaré y permaneceré cont odos vosotros para progreso y gozo de vuestra fe".
Así Pablo nos muestra cómo se puede encontrar un sentido a lo que vamos sintiendo y viviendo, que el Sentido que nos da el Espíritu es el que mejor "le cae" a nuestra vida, pues es el que Dios pensó desde antes de la creación del mundo para nosotros, para que alcanzásemos la santidad, pues nuestra santidad es la que transforma al mundo:
"Porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios; en efecto, la creación fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por aquel que la sometió, con la esperanza de que la creación misma sería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
Y no sólo eso, sino que también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo".
La esperanza es lo que no debemos perder, pues es el motor que nos impulsa a buscar la Fortaleza y el Sentido en la Gracia que nos trae el Espíritu. No permitamos que los desos y los fracazos de nuestra carne nos quiten la luz de la esperanza que nace de la Luz Pascual que es Cristo Vivo y Resucitado para nuestra salvación.