«¿Quién dice la gente que soy yo?».
Ellos le contestaron:
«Unos, Juan el Bautista; otros, Ellas; y otros, uno de los profetas».
Depende el momento que estemos viviendo podemos dar una respuesta diferente a esta pregunta de Jesús, porque depende del momento sabremos quién es para nosotros o quién no es para nosotros. Somos seres tan sensibles que nuestro estado de ánimo ayuda o modifica nuestras respuestas o nuestras manera de responder ante una pregunta o una situación. Además cuando nuestro conocimiento del otro no es muy profundo, sino más bien superficial, tampoco sabemos cómo contestar o qué contestar, pues no lo hemos conocido al otro tan a fondo, ni hemos ahondado en su persona, por eso, muchas veces, nos dejamos llevar por lo que dicen, por lo que he escuchado, pero no por lo que se, pues no lo conozco.
Cuando nuestra relación con el Señor ha sido una relación superficial porque esto ha estado siempre bien en mi vida, quizás lo reconozca como mi Dios y Señor. Pero esta relación, generalmente, se corta cuando llegan momentos de oscuridad o de Cruz, pues Aquél que para mí era la razón de mi vida de repente se vuelve el que no hizo nada para cuidarme, pues me ha permitido vivir una situación de dolor; y, como resultado, digo que ya no creo más en Él.
Cuando nuestra relación la hemos tejido con el tiempo y con el diálogo sincero con Su Palabra, hemos crecido en una verdadera relación de Amor, pues aunque confiamos en el Señor y Dios que todo lo puede, sabemos, como le decía a los apóstoles, que también en nuestra vida habrá oscuridades y Cruces. Que a pesar del Amor que Él me tenga no faltarán en mi vida muchos días para ofrecer y entregar mi dolor y mi Cruz.
Cuando el Amor ha crecido en la relación siempre es posible salir airoso de una temporal, de una tormenta sin perder la fe, sin perder la relación; sino todo lo contrario nos afianzamos más en la relación pues sentimos su presencia, su cercanía, sabemos que, a pesar del "Padre ¿por qué me has abandonado?", podemos confiar en Él pues también existió el "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu".
Por eso, en el diálogo silencioso y amoroso con Jesús podemos encontrar la instrucción y la palabra que nos sostenga en todo momento, podemos llegar al verdadero conocimiento y crecimiento del Amor, para que nuestras respuestas a la Voluntad del Padre, en todo momento, no sea una respuesta humana y superficial, sino que sea una respuesta propia del Espíritu que nos dio el Señor.
"Y (Jesús) empezó a instruirlos:
«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días».
Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro:
-« Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».
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