lunes, 20 de febrero de 2017

Ayúdame a encontrar la sabiduría de la fe

Dice el libro del Eclesiástico:
"El Señor mismo creó la sabiduría, la vio, la midió y la derramó sobre todas sus obras.
Se la concedió a todos los vivientes y se la regaló a quienes lo aman".
La sabiduría que es diferente a la capacidad intelectual (que igualmente todos tenemos) es un don que ha sido dado a quienes lo aman, dice la Palabra. Y ¿por qué a quienes lo aman? Porque hay sabiduría humana que se va madurando con los años, a medida que uno va aceptando lo que vive y sigue su camino como uno más de tantos. Pero hay otra sabiduría, la sobrenatural, que nos ayuda a aceptar y madurar los tiempos de Dios en nuestras vidas, a aceptar y madurar la Voluntad de Dios en nuestro día a día, a aceptar y conservar en el silencio del corazón lo que Dios nos permite vivir día a día, y eso sólo se puede vivir desde el Amor a Dios. Sólo cuando el corazón del hombre se abre al Amor de Dios y deja penetrar en él su Espíritu es cuando recibe los dones necesarios para que su sabiduría sea sobrenatural, pues busca los bienes del Cielo en las cosas de la tierra.
Será su Sabiduría la que nos ayude día a aceptar y comprender, a asumir y vivir lo que, quizás, no entendamos, pero que creemos que viene de Dios aunque mucho de lo que nos pida vivir o nos permita vivir no sea de nuestro agrado, pero sabemos y aceptamos que el Padre nunca nos va a exigir más de lo que podamos llevar sobre nuestros hombros, aunque en algunos momentos, como a Jesús, el peso de la Cruz nos derribe, pero su Gracia y su Amor nos levantará y nos llevará hasta el final del camino.
"Jesús replicó:
«¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe».
Entonces el padre del muchacho gritó:
«Creo, pero ayuda a mi falta de fe».
Y ahí está la hermosa frase que tenemos que tener en nuestros labios en muchos momentos: ayuda a mi falta de fe. Ayúdame a madurar en la fe. Ayúdame a dejarme envolver por tu Amor y por tu Espíritu para que pueda en la oración de cada día presentarme ante Tí con toda mi vida, para que mi vida pueda quedar totalmente en Tus manos y así la conduzcas por los senderos que el Padre quiere llevarla para alcanzar la Bienaventuranza prometida.

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