martes, 21 de febrero de 2017

Niños fieles y confiados

En el libro del Eclesiástico encontramos una serie de pautas para nuestra vida espiritual:
"Hijo, si te acerques a servir al Señor, permanece firme en la justicia y en el temor y prepárate para la prueba.
Endereza tu corazón, mantente firme y no te angusties en tiempo de adversidad.
Pégate a él y no te separes para que al final seas enaltecido.
Todo lo que te sobrevenga, acéptalo y sé paciente en la adversidad y en la humillación.
Porque en el fuego se prueba el oro, y los que agradan a Dios en el horno de la humillación.
Confía en Dios y él te ayudará, endereza tus caminos y espera en él".
Fijaos que comienza con una hermosa palabra: Hijo; me sorprendió porque Jesús también nos enseña y nos recuerda esa misma realidad: somos hijos, niños pequeños que han de seguir confiando en su Padre, que han de seguir mirando hacia Él que es Quien nos guiará de la mejor manera en el Camino de la Vida. Ni el Eclesiástico ni Jesús nos ocultan que en ese caminar habrá momentos de dolor, de humillación, de cansancios, pero que al final prevalecerá el Amor del Padre y alcanzaremos los Dones prometidos.
Ya el Eclesiástico nos advierte y nos enseña que seremos probados, pero no como quien quiere hacerte caer, sino para que tu belleza sea más profunda, para que tu espíritu sea más fuerte, para que tu fe esté más enraizada en lo alto y tu esperanza siempre esté puesta en el Amor del Padre. Que seguramente tus caminos se torcerán y hasta podrás caerte de las Manos del Padre, pero si confías en Él podrás enderezar el Camino, podrás volver a dejarte llevar en Sus Manos y volver a ser el Niño que sólo sabe que al fuerza está en el Amor del Padre, que la sabiduría viene de su Espíritu y sin Él el Camino es más oscuro y difícil para recorrerlo.
Por eso al caminar con Jesús Él nos va mostrando lo hermoso que es sabernos Niños, y lo difícil que será si no aprendemos a escuchar su Palabra, pues Él nos irá diciendo cómo caminar y qué obstáculos se nos presentarán; pero que, si nos distraemos, como los apóstoles, en las cosas del mundo perderemos de vista lo importante de Su Palabra y no sabremos cómo seguir o qué nos espera en el próximo paso que demos.
Pero si nos hacemos como niños y aprendemos a caminar tomados de Su Mano y a dejarnos iluminar por Su Palabra, siempre sabremos cómo seguir adelante aunque lo que esté más cerca nuestra sea la Cruz del Calvario, pero sabré que no he de temer pues Él también pasó por el mismo lugar y pudo alcanzar la Vida.

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