viernes, 3 de febrero de 2017

Las palabras que salen de nuestros labios

Cuando no se conoce a alguien siempre se empiezan a inventar historias, así le pasaba a Jesús, al ver la gente los milagros y prodigios que hacía comenzaban a inventar quién podía ser, pues no había hombre sobre la tierra que tuviera sus poderes. Claro que en aquella época no conocían ni a Superman, ni Spiderman, ni los X-Men, pero bueno tampoco creo que hoy lo podamos confundir con alguno de ellos ¿o sí?
Y así nos sigue pasando en nuestros días, aunque no tengamos certeza de lo que vamos a opinar igual lo decimos, pues lo importante es opinar, no sea cosa que si nos quedamos callados piensen que no nos comprometemos. Y, depende el tema es mejor no quedarse callado. Sin embargo, es mejor hacer silencio que confundir con medias verdades o con falsas verdades, pues siempre nuestras palabras hablaran de nosotros y no de las opiniones que dimos.
Sabemos, por otro lado, que las palabras que salen de nuestras bocas no siempre acaban donde quisiéramos, sino que al salir de nuestros labios cobran vida por sí solas y comienzan un recorrido que no sabemos dónde puede terminar, ni cómo van a terminar.
Pensando en eso también es bueno saber o pensar a quién queremos escuchar, pues no todas las palabras han salido con buenas intenciones de las bocas de nuestros interlocutores. Es decir, mirad en el evangelio y veremos cuántas cosas se han dicho y el efecto que han tenido.
Para Herodes sus palabras lo comprometieron y no pudo dar marcha atrás por el orgullo y terminó matando a quien deseaba seguir escuchando.
La hija de Herodías fue a pedirle consejo a su madre quién estaba hundida en su soberbia y sed de venganza y por eso escuchó un consejo que no fue el mejor que le podían haber dado.
Herodías se dejó llevar por su sed de venganza y consiguió la muerte de aquél que le hacía ver la verdad, pero que esa verdad ella no quería escucharla, y por eso sus palabras mataron al portador de la Verdad, al Mensajero de la Verdad.
Juan Bautista, quien era la Voz que clamaba en el desierto encontró la muerte porque sus palabras transmitían la Verdad de Dios, y quería que sus palabras llevaran deseos de conversión y por eso un camino a la vida. Pero, a pesar de encontrar la muerte él se encontró con la Vida, pues en su muerte el Señor lo coronó con la gloria que le confiere a aquellos que son Fieles a su Palabra.
Y todo esto es para tener en cuenta aquello que nos decía Jesús: "de la abundancia del corazón hablan los labios", por eso tenemos que dejar en manos de Dios todo aquello que perturba nuestro corazón, buscar de Dios su perdón y su Gracia para que sane nuestro corazón herido y agobiado, y así lleno de su Espíritu de Amor, podamos siempre dar vida, esperanza, confianza, verdad por medio de nuestras palabras, y saber que cuando no sepamos algo, la mejor respuesta es nuestro silencio y oración.

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