"¿Tú quién eres?" le preguntaba la gente a Juan el Bautista. Y es, también, una hermosa pregunta para nosotros, para comenzar el año porque muchas veces al comenzar el año nos hacemos interesantes propósitos, pero la mayoría de ellos no los cumplimos o no llegamos ni siquiera a pensarlos al segundo día del año.
Y ¿qué tiene que ver la pregunta con los propósitos? Mucho, porque muchas veces los propósitos están lejos de mí porque no están en el mismo camino que Dios quiere que recorra, o, mejor dicho, los propósitos de mi vida tienen que estar en consonancia con la Voluntad de Dios para mi vida.
Al responder a la pregunta voy a saber si lo que quiero es ser Fiel a la Vida que Dios me pide vivir o, simplemente, hacer lo que me venga en gana cuando quiera. Por que si he descubierto que mi vida cristiana no sólo es llamarme cristiano sino serlo en realidad, entonces mi vida ya no es mía, sino que he descubierto que mi vida es de Dios, para Dios y por Dios, por eso acepto la llamada de Dios a vivir en santidad: "sed santos porque Vuestro Padre Celestial es Santo", nos dice el Señor.
Pero si sólo vivo el cristianismo como parte de ritos tradicionales para cumplir con algo que siempre he hecho, entonces lo que vaya a vivir cada día simplemente será lo que yo tenga ganas de hacer, y, aunque haga cosas buenas no serán Voluntad de Dios, porque no me intereso por saber si es lo que Él quiere para mí o no.
Cuando acepto el llamado de Jesús a seguirlo, como los apóstoles, dejo todo para poder seguirlo, pero en serio, no sólo en momentos puntuales, como puede ser una hora por semana en la Misa, sino que dejo todo para seguirlo todos los días de mi vida.
Entonces, ahí podré responder a la pregunta "¿tú quién eres?" soy un apóstol de Jesucristo, soy su seguidor porque Él me ha llamado y dije: "Aquí estoy, Señor, para hacer Tu Voluntad". A partir de ahí no seré yo quien haga los propósitos para el año, sino que mi único propósito será ser Fiel a la Voluntad de Dios, buscar en cada momento su Voluntad para alcanzar la meta que Él mismo quiere para mí: la santidad.
Sí, la santidad. Porque la santidad no es para algunas personas que ya han muerto, sino que los santos fueron personas vivas como nosotros, como cada uno, que vivió en su lugar, tuvo su trabajo, su profesión, su vocación particular, pero que descubrió que el sentido de su vida estaba en poder responder con sinceridad al llamado del Señor. A partir de ahí comienza ese hermoso camino de búsqueda de la voluntad de Dios y de conversión constante de nuestra vida.
Por que a pesar de nuestros errores y caídas podemos alcanzar, para nosotros, ese hermoso ideal de la santidad, porque vamos, día a día, olvidándonos de nosotros mismos para aceptar la Voluntad de Dios para nuestras vidas. Y al disponernos a vivirla, al buscar ese Camino ya Dios nos concede su Gracia para que podamos ver, para que podamos aceptar y para que, a pesar de nuestras debilidades y defectos, podamos realizarla, dándonos el gozo y la paz al alma.
Así, al comenzar el año nuestra respuesta a esta pregunta nos dará la pauta de cuáles serán nuestro propósitos para continuar transitando cada día de este y de todos los años.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.