Una hermosa frase que en labios de David se tiene que hacer vida en nuestros labios:
"Después de esto, David se levantó, salió de la cueva y gritó detrás de Saúl: «¡Mi señor, el rey!» Saúl miró hacia atrás, y David, inclinándose con el rostro en tierra, se postró y le dijo: «¿Por qué haces caso a los rumores de la gente, cuando dicen que David busca tu ruina? Hoy has visto con tus propios ojos que el Señor te puso en mis manos dentro de la cueva. Aquí se habló de matarte, pero yo tuve compasión de ti y dije: "No extenderé mi mano contra mi señor, porque es el ungido del Señor".
¿Por qué hermosa frase para nuestros labios? Por que todos los que están a nuestro lado, sean amigos o enemigos, son ungidos del Señor, son nuestros hermanos y, más de una vez, nos dejamos llevar por los dimes y diretes de la gente y apuntamos el dardo mortal de nuestras lenguas sobre aquellos que son nuestros hermanos.
Y no podemos decir: porque me lo dijeron, sino que en cada comentario y en cada acción que hago, es mi elección hablar bien o mal de los demás. Por eso mismo Jesús nos dice: "lo que hiciste con el más pequeño de mis hermanos conmigo lo hicisteis", es decir, todos los hombres son Jesús, por eso el hablar mal de los demás, es hacer daño con nuestras palabras a la fama de nuestros hermanos, es un daño que le hacemos a Jesús que está en nuestros corazones.
No es fácil poder ver el rostro de Jesús en el rostro de nuestros hermanos, sobre todo cuando creemos o sabemos que nos han hecho daño, pero por eso necesitamos la Gracia del Espíritu del Amor para poder "amar a nuestros enemigos y a los que nos persiguen", porque "si aman a quienes os aman ¿qué mérito tienen? Eso también lo hacen los paganos" por eso "Yo os digo: amad a vuestros enemigos..." Para poder alcanzar el valor heroico del amor tenemos que comenzar por lo pequeño de cada día, el amor que se demuestra en seguir los malos comentarios de los demás, en no hablar mal de los demás, en no "matar" a los demás con nuestras lenguas.
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