lunes, 4 de enero de 2016

Somos apóstoles y misioneros de la Vida

"Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:
«Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)».
Nosotros, como Andrés, hemos conocido el Amor de Dios, nos hemos arrodillado frente a Él, hemos adorado al Niño y hemos renovado nuestra Fe. Ahora nos toca ir a anunciar al Mesías, anunciar que hemos encontrado al Cristo.
El Don de la Fe que hemos recibido y que, día a día, intentamos vivir no es un Don para nosotros solos, sino que es un Don y una Misión, por eso al celebrar la Navidad, la liturgia nos va llevando por un proceso de conocimiento de nuestra propia identidad para que podamos reconocernos llamados a dar testimonio de lo que creemos.
Claro es que para poder dar testimonio de lo que creemos tenemos, primero, que conocer qué creemos. Es un proceso de conocimiento, de aceptación de un misterio que llena de sentido la vida. Este proceso lo vemos en este relato evangélico pues después que Juan Bautista señala a Jesús como el Cordero de Dios, sigue así:
"Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús.
Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:
«¿Qué buscáis?»
Ellos le contestaron:
«Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?».
Él les dijo:
«Venid y veréis».
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron en él aquel día; era como la hora décima".
Así, en el encuentro personal con Jesús nace un vínculo, el vínculo del Amor, con el Don de la FE, que no sólo llena nuestra vida de sentido sino que nos alienta para salir a anunciar, a no quedarnos viviendo en silencio lo que hemos hallado, sino a que otros puedan encontrar lo que nosotros estamos viviendo.
Somos, así, apóstoles, misioneros del Amor que ha venido a nosotros y haciéndose Hombre como nosotros, menos en el pecado, nos ha dado una Vida Nueva, que queremos compartir con el todos nuestros hermanos.
Hacemos así realidad aquello que nos decía Jesús: "vosotros sois la luz del mundo... y una luz no es para ponerla debajo de la mesa, sino sobre ella para que ilumine a todos", la Luz que nace en nuestro corazón por haber conocido y creído en Jesús, es la luz que damos con nuestras palabras y vida a todos los que están junto a nosotros.
Que la Luz de la Navidad siga brillando, cada día, en nuestros corazones para llevar a todos la Buena Noticia de la Vida Nueva que nace, cada día, que nos abrimos al Espíritu del Señor y, como María, buscamos Su Voluntad para hacerla vida.

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